A primera vista:

CARTA QUE ENVIÓ EL MAESTRO Çornoça juez y enderezador en la Academia-rabínica de ˀalkalá de ˀenáreš al Padre Santo el cual [está] en el país de Roma. //

[PADRE SANTO (…) Q(…) A(…)] //

Nuestro Señor Faˀulo el Tercero Gran Sacerdote y Excelso de la Santa y General Comunidad [¿Aljama?] de Roma.

A segunda vista:

CARTA QUE ENVIÓ EL PROFESOR Zornoza, juez y rector de la Universidad de Alcalá de Henares al Santo Padre que está en la ciudad de Roma. //

[SANTO PADRE (…) Q(…) A(…)]//

Nuestro Señor Pablo III, Sumo Pontífice de la Santa Iglesia Católica Romana.

(Leiden, Bibliothek der Rijksuniversiteit, manuscrito Or. 645, folio 7 verso.)

De ce second geste il faut souligner qu’il est structurellement lié au premier. L’un et l’autre se complètent pour relancer la question de la possibilité d’un autre passage à la philosophie ou d’un passage à autre chose que la philosophie – c’est-à-dire, simultanément, d’un autre projet et d’un autre concept de traduction, ou encore d’une autre pensée et d’une autre pratique de la tradition. De chacune de ces possibilités autres il faut dire en effet que, si elles supposent le renversement qu’on a vu, celui-ci n’est effectif que dans la mesure où ils se concrétise par l’ « émergence » de « nouveaxu concepts » qui ne relèvent d’aucun des termes de l’opposition – une émergence qui, pour cette raison, ne peut être une production programmée ou ciblée, mais, précise Derrida, une irruption. Or, d’une irruption on ne sait pas, on ne peut jamais prévoir, décider à l’avance ni comment on y accède (comment elle se fait événement) ni ce qui en sortira (ni même s’il en sortira quelque chose). Parler d’irruption, c’est renvoyer à la part d’imprevisibilité, de débordement – et peut-être même d’insécurité et de risque – de cet autre passage. Pris en ce sens, déconstruire signifierait alors reconduire le « passage à la philosophie » à son indécidabilité première, à partir de (et, en même temps, à la marge de, en dehors de, par-delà), a partir donc des oppositions binaires de la métaphysique. Et si ce double geste appelle un autre projet et un autre concept de traduction, c’est en tant qu’avec cette irruption se jouerait, à même la langue, l’impossible possibilité (la promesse peut-être) d’une autre langue, une langue que rien ne devrait pouvoir reconduire à ce que précisément elle déconstruit, qui tenterait du moins de tenir le fil de cette im-possibilité – ce que Derrida appelle un « idiome ».

De este segundo gesto conviene subrayar su vinculación estructural con el primero. Uno y otro se completan para relanzar la cuestión de la posibilidad de otra forma de llegar hacia la filosofía o de una forma de llegar a otra cosa distinta a la filosofía. Esto es, de forma simultánea, a un proyecto distinto y a otro concepto de traducción, o incluso a otra forma de pensar y a otra práctica de la tradición. De cada una de estas otras posibilidades cumple efectivamente señalar que, pese a que representen la inversión que hemos visto, esta no resulta efectiva sino en la medida en que se vuelve concreta merced al «surgimiento» de «nuevos conceptos» que entrañan ninguno de los términos de la oposición; un surgimiento que, por este motivo, no puede ser una producción programada o buscada sino, como apunta Derrida, una irrupción. Ahora bien, respecto de una irrupción no es posible saber, no se puede prever, decidir por adelantado ni la forma en que se accede (cómo se convierte aquella en acontecimiento) ni lo que resultará (ni siquiera si resultará algo). Hablar de irrupción significa remitirnos a la parte de imprevisibilidad, de desbordamiento (y tal vez incluso de inseguridad y de riesgo) de esa otra forma de pasar. Así entendido deconstruir querría por tanto decir reconducir la «forma de pasar a la filosofía» a su indecibilidad primera, a partir de (y, a la vez, al margen de, fuera de, más allá de) pues de las oposiciones binarias de la metafísica. Y si ese doble gesto apela a otro proyecto y otro concepto de traducción, lo hace en tanto que consecuencia de que, con tal irrupción, estaría en juego la lengua directamente, la imposible posibilidad (tal vez la promesa) de otra lengua, una lengua que nada debería poder reconducir de lo que precisamente ella deconstruye, que trataría al menos de mantener el hilo de esta im-posibilidad, lo que Derrida llama un «idioma».

— Marc Crépon, « Déconstruction et traduction : le passage à la philosophie », en M. Crépon y Frédéric Worms (eds.), Derrida, la tradition de la philosophie, París, Éditions Galilée, 2008, págs. 27-44 [34-35].

Montaje de Ben Heine vía Fubiz.