Siquidem singuli [in] singulis cellulis separati ita omnia per Spiritum sanctum interpretati sunt, ut nihil in alicuius eorum codice inventum esset quod in ceteris vel in verborum ordine discreparet.

Pese a estar separado cada uno en una celda individual, resultó que todo lo tradujeron por obra del Espíritu Santo, de forma que nada en ninguno de sus manuscritos se ha hallado que no concordara, ni siquiera en el orden de las palabras, de los demás.

Isidoro de Sevilla, Etimologías, libro iv («De los libros y oficios eclesiásticos»), cap. iv («De los traductores»), § 2.

Da noticia Luciano Canfora en su La biblioteca scomparsa («La biblioteca desaparecida», Palermo, Sellerio, 1986, págs. 141 a 144 de la reedición de 2009) de la plática o coloquio que mantuvieron ‘Amr bin Al’ás (عمرو بن العاص), conquistador musulmán de Egipto, y el patriarca jacobita Juan I, el sábado, 9 de mayo del 639, al respecto de varios puntos de los Evangelios. En el coloquio estaba presente, según se cuenta en el relato, un sabio judío. De todo da noticia, al parecer, el proprio Juan I en el manuscrito olim British Museum (ahora British Library de Londres), additional 17.193, que presentó, editó y tradujo François Nau en su artículo «Un colloque du patriarche Jean avec l’émir des agaréens et faits divers des années 712 à 716 d’après le ms. du British Museum add. 17193» en el tomo 5, serie xi, del Journal asiatique de 1915 (la traducción francesa del pasaje se puede encontrar aquí, así como el texto del original en siriaco).

En un momento del coloquio o plática o discusión, el emir Bin Al’ás pide que le expliquen de donde sale la redundancia aparente de Génesis, cáp. xix, versículo 24, que en el original hebreo reza:

ויהיה המטיר על סדם ועל עמרה גפרית ואש מאת יהוה מן השמים

lo que el griego de los Setenta dejó dicho como:

καὶ κύριος ἔβρεξεν ἐπὶ Σοδομα καὶ Γομορρα ϑεῖον καὶ πῦρ παρὰ κυρίου ἐκ τοῦ οὐρανοῦ

que Eusebio Sofronio Jerónimo de Estridón, luego San Jerónimo, latinizó como sigue:

igitur Dominus pluit super Sodomam et Gomorram sulphur et ignem a Domino de caelo

que nuestro buen amigo Cipriano de Valera arromanzó de la siguiente manera:

entonces llovió Jehová sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos

Lo que le preguntó el emir al sabio judío fue si este pasaje servía para demostrar la existencia de dos personas en Dios, y, ya puestos, de un padre y de un hijo (la cosa no daba aún para un Espíritu Santo). La respuesta del judío tiene cierto mérito: «No lo sé exactamente».

Hay quien ha visto en esta respuesta una victoria de la hipótesis cristológica. Tal vez. Pero no es contradictoria tal victoria, quizá pírrica, con que el judío no fuera derrotado: el judío, quizá, solo quería asegurarse de la posibilidad de la ignorancia y del derecho al error. Ya hace algún tiempo que sospecho que esa es la más cierta de las victorias.

Por uno de esos pasadizos espectrales del tiempo que de tanto en tanto me acechan, no puedo dejar de pensar en una posible aunque improbable coincidencia temporal: François Nau publicaba su artículo en el Journal asiatique de París mientras tal vez Franz Rosenzweig le mandaba a su mujer en postales desde las trincheras de la Primera Guerra Mundial los pecios que constituirían más tarde su Estrella de redención.