Un bon ouvrage ne perd pas ses grâces pour plaider contre ma cause.

Un buen libro no pierde su donaire por ir contra mi causa.

Montaigne, Los ensayos, libro III, cap. 10, pág. 1012

Nunca hubiera pensado que la Providencia, en sus inescrutables designios, me tuviera reservada la amargura de dirigirme sola al lector. Varios fueron los años en que mi marido y yo trabajamos juntos, tanto en el Archivo Secreto Vaticano, como en el del Palacio de España; a pesar de la angina de pecho que venía sufriendo desde noviembre de 1937, no interrumpimos nuestra tarea, salvo raros períodos en los que algún ataque más intenso le obligara a guardar cama. Puso su voluntad al servicio de su trabajo y con ella suplió las deficiencias de su quebrantada salud; y así en el último invierno de su vida, aun en los días más crudos, no abandonó su labor.

Le llegó la muerte cuando estábamos ultimando de ordenar nuestra biblioteca particular: en la madrugada del 7 de octubre, el Señor le acogió en sus brazos.

Mucho he sufrido estos meses al revisar, sola, las páginas de estos volúmenes para la elaboración del índice de nombres y materias; pero mayor amargura me causa el pensar que, después del intenso y eficaz esfuerzo, mi marido no haya visto publicado este Catálogo, en el que tanto entusiasmo puso.

La idea de esta publicación, [sic] surgió cuando concluíamos la obra Miscelánea de noticias romanas acerca de don Martín de Azpilcueta, Doctor Navarro: [sic] al constatar que otros investigadores españoles buscaban datos para sus trabajos en los mismos volúmenes que utilizábamos para el nuestro, lamentábamos que se perdieran tanto tiempo y tantas energías, las necesarias para las ulteriores investigaciones.

Al investigador que hojee estos volúmenes suplico una oración por aquel que deseó aportarle una ayuda en su trabajo.

Roma, Nuestra Señora de la Merced, 1948.

María Luisa de Larramendi, viuda de Olarra.

— José Olarra y Garmendia y María Luisa Larramendi, viuda de Olarra («secretarios de la Academia de España en Roma»), Índices de la correspondencia entre la Nunciatura en España y la Santa Sede, durante el reinado de Felipe II, Madrid, Real Academia de la Historia, 1948, tomo i, [prólogo] «Al lector».

Un suffisant lecteur descouvre souvant ès escrits d’autruy des perfections autres que celles que l’autheur y a mises et apperceües, et y preste des sens et des visages plus riches.

Un lector competente a menudo descubre en los escritos de otros perfecciones distintas a las que el autor dejó puestas y descritas, y halla sentidos y rostros de mayor riqueza.

Montaigne, libro I, cap. 24, pág. 127.