Estaba, como suelo, dedicado a los silencios de Alfonso de Zamora cuando ha habido un repentino revoloteo de golondrinas en el patio interior del Farnesio, al que da la ventana junto a la que hago que trabajo:

Ce visage absolument sans défense, sans couverture, sans habillement, sans masque est cependant ce qui s’oppose à mon pouvoir sur lui, à ma violence, ce qui s’y oppose d’une manière absolue, d’une opposition qui est opposition en soi. L’être qui s’exprime, l’être qui est en face de moi me dit non, par son expression même. Ce non n’est pas simplement formel, mais il n’est pas non plus celui qui présente ce visage, il est la possibilité de rencontrer un être à travers une interdiction. Le visage, c’est le fait pour un être de nous affecter, non pas à l’indicatif, mais à l’impératif, et d’être ainsi extérieur à toute catégorie.

Ese rostro sin la más mínima defensa, sin nada que lo tape, sin vestido, sin máscara, es, sin embargo, lo que se opone al poder que sobre él tengo, a mi violencia, oposición de forma absoluta, de una oposición que es en sí oposición. El ser que se expresa, el ser que tengo enfrente me dice no, por su misma expresión. Esa negativa no es tan solo formal, pero tampoco es el que muestra ese rostro, es la posibilidad de encontrar a un ser por medio de una prohibición. El rostro es de lo que se sirve un ser para afectarnos, no en el modo indicativo sino en el imperativo, y de ser así ajeno a toda categoría.

Emmanuel Lévinas, Liberté et commandement («Libertad y mandamiento»), Montpellier, Fata Morgana, 1994.