«A calle regada olía tu pueblo»

« – No Arab cultural center?
– Not culture. Not Israeli culture, not Arab, not culture at all».

La diglosia, pobrecita mía, tiene muy mala fama. Siendo que sea exógena, aún comprendería el resquemor: suele tener que ver con el deseo de unos seres humanos de apropiarse de los recursos y las vidas de otros (antes esto se llamaba «esclavismo»; ahora, «relación laboral» y los ‘otros’ humanos somos «recursos humanos»), o del deseo de esos otros seres humanos de igualarse por la vía más rápida y más imposible (hablar igual) con los seres humanos con ambición de dominar. Ven, pues, que la queja y hasta la mala leche es comprensible. Ahora, siendo endógena, la queja, que sigue siendo comprensible, produce (en algunas ocasiones) resultados muy curiosos. Por ejemplo, la habilidad de los arabistas para el regate en corto: «no, no, es que ese dialecto yo no lo hablo». Curiosamente, siempre hay un dialecto un poquito más allá que el que hace falta para comunicarse en el que refugiar la retórica arabista: parecen «intérpretes» empleados de Seprotec (y pagados por el «Ministerio» regional de Justicia de la Comunidad Autónoma de Madrid). En el ámbito hebraísta que más de cerca conozco, la diglosia (o dislexia grave) es fundamentalmente «talmúdica»: «¡Uy! Quita, quita. ¿No ves que eso es el Talmud? Eso no hay quien lo entienda». Curiosamente (hoy tenemos el día curioso) se da bastante a la hora de enfrentarse con los mil y un acrónimos que pululan por los textos rabínicos. La mejor explicación del porqué de esta olímpica ignorancia acronímica me la dio una querida amiga, que fue profesora mía (entre otras cosas, fue la primera y la única que nos enfrentó con la Paleografía Hebrea, monográficamente diplomática y sefardí, eso sí, pero aún así menos, mucho menos, daba una piedra. No sé si se lo he agradecido lo bastante. Creo que no): «es que no se entendían ni ellos». Los rabinos acronimistas, se entiende. El mundo, ya ven, es un continuo pasmo.

Pero estábamos con la diglosia. Por ejemplo, este fragmento de «La banda nos visita» (ביקור התזמורת), película israelí y arabófila que ya ha salido por aquí (otro día, recuérdenmelo, les tengo que hablar de la curiosa paradoja israelí de que los lugares más cutres del país tengan tendencia a contener un «de la Esperanza» en su topónimo: el imaginario Bet Tikvá («Casa de la Esperanza») de la película o el «Taller de ‘Barrio Esperanza’», el grupo de los primeros tiempos de mi adorada Ofra Haza).

En esta escenita, Jáled, el mocetón egipcio que acaba retozando con la cuarentona israelí, le cuenta a Papi, el tontolpueblo como si dijéramos, en qué consiste el amor (aunque Papi tortura, more israelita, la fonética inglesa de tal manera que uno no acaba de saber si le está preguntando por el «amor» (love) o por la «vida» (life). Y luego dicen que «alemanes e italianos y españoles» somos difíciles de entender hablando inglés, lo que supongo que debe de ser verdad para un oído australiano. Ahora, ¿ze abggá paggádo a oígg a un izggaelí hablando inggggléz? No me lo tomen a mal:  Pinchas (que es quien hizo el comentario sobre alemanes e italianos) es un tipo agudo, preparado, encantador y ortodoxo. No, no me pongan esa cara: es una combinación mucho más frecuente de lo que suponen algunas ingenuidades. Recuerdo perfectamente que le comenté a Álex, con quien fui a ver la película, mi pasmo (yo es que soy muy impresionable) porque Jáled se lo dijera a Papi en árabe fetén. No porque esperase un «dialecto» sino porque, de repente, me pareció que era una forma, aparte de bellísima, muy efectiva de describir la diglosia en árabe. ¿Me entienden lo entrañable que a veces me resulta la diglosia árabe?

Luego me llevé otro pequeño pasmo. Cuando busqué a ver qué decía Jáled

أنا الحب والمحبوب والحب جملة *** أنا العاشق المعشوق سراً وإعلاناً

أقول أنا وهل هنا غير من أنا *** ففي أنا ما زلت ولوهاً وحيراناً

Soy el amor y el amado, y el amor por entero.
Soy el que se aficiona y el aficionado:
a escondidas y en público.
Digo «yo» y ¿hay alguien que no sea yo?
Y en «yo» sigo estando,
con turbación y pasmo.

me llevé una sorpresa. Luego verán por qué. De primeras me vino a las mientes Lope de Vega.

Como casi todo lo que hacía, el vivalavirgen vivales de Lope de Vega lo describió de otra manera, que denota su verbo imperativo casi tanto como su poca traza para la reflexión serena (lógico: la serena reflexión suele conducir a la ironía de uno mismo):

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso:

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso:

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño:

creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño,
¡esto es amor! quien lo probó lo sabe.

Sor Juana Inés de la Cruz, esa clásica olvidada en el Lado de Acá, lo puso con mejor sentimiento y más entregado razonamiento:

Amor empieza por desasosiego,
solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos;
susténtase de llantos y de ruego.

Pero siempre acaba igual: es un desastre. Menudo amor: es una lástima, más que un amor. Yo me quedo con el emir Abdelqáder que es, al parecer, el místico argelino autor del poema en cuestión. Y esa fue la sopresa que me llevé con esta escenita. ¿Conocen ustedes muchos místicos que hayan fundado estados modernos?

Me parece que quedé en mandarle la traducción de lo que decía Jáled a Álex. Él me perdonará que haya sido más «en público» que «a escondidas».

Si alguien del vecindario, que sepa más árabe que yo, tiene a bien corregirme la procedencia y la traducción del poema, quedaría muy agradecido. Quede advertido de que, casi como todas las anónimas traducciones que aparecen por aquí, es una traducción con trampa. Afortunadamente, por aquí hay de sobra gente que sabe más que yo, de árabe y de casi todo. Lo que por otra parte, no se me engañen, tampoco tiene un mérito especial. Se lo digo yo, que me conozco.

Actualización: Sobre la traducción, véase en los comentarios lo que señala Antonio Giménez.