אמר ר’ זירא אמר רבא בר זימונא אם ראשונים בני מלאכים אנו בני אנשים ואם ראשונים בני אנשים אנו כחמורים ולא כחמורו של ר’ חנינא בן דוסא ושל רבי פנחס בן יאיר אלא כשאר חמורים

Dijo rabí Zera que había dicho Rabba bar Zimmuna: – Si los primeros sabios eran criaturas angélicas, nosotros somos [tan solo] hombres. Pero si los primeros sabios eran hombres, nosotros somos [tan solo] burros. Y no iguales al burro de rabí Ḥanina ben Dosa o al de Pinḥas ben Yaˀir, sino vulgares burros

Talmud de Babilonia, tratado Šabbat, folio 112, lado verso.

In the first of the two keynote lectures Ora Schwarzwald (Bar Ilan) spoke of “The linguistic unity of Hebrew: Colloquial trends and academic needs”. […] After discussing in detail some linguistic features of Modern Hebrew, Professor Schwarzwald commented on the prevalence of so-called ‘thin’ or impoverished language (lashon razah) in Israel today, which she explained with reference to a number of factors: a feeling of power after the 1967 war; American influence; television; secularization; and changing educational programmes and methods. She went on to discuss two approaches to language teaching, the ‘textual’ and the ‘communicative-pragmatic’ methods. The prevalence of the latter contributes to the impoverishment of the language and to a poor knowledge of the classical Hebrew sources. […] Professor Schwarzwald concluded her presentation with some instructive and entertaining examples of contemporary spoken and written Hebrew.

En la primera de las ponencias plenarias, Ora Schwarzwald (Universidad de Bar Ilán) habló de «La unidad lingüística del hebreo: rasgos coloquiales y necesidades académicas». […] Habiendo tratado con detalle de algunas características lingüísticas del hebreo moderno, la profesora Schwarzwald comentó la preeminencia de la llamada lengua light o empobrecida (לשון רזה) en el Israel actual, que explicó en relación con diversos factores: un sentimiento de poder tras la guerra de 1967, la influencia americana, la televisión, la secularización, y los cambiantes programas y métodos pedagógicos. Trató a continuación de dos métodos de enseñanza de lenguas, el «textual» y el «pragmático-comunicativo». La preeminencia de este último contribuye al empobrecimiento de la lengua y a un conocimiento mediocre de las fuentes hebreas clásicas. […] La profesora Schwarzwald terminó su exposición con algunos ejemplos, tan instructivos como entretenidos, de hebreo contemporáneo, tanto hablado como escrito.

Nicholas de Lange, reporte del coloquio «The Teaching of Hebrew in European Universities», 2005.

«Louis XIV et figures allégoriques présentant le dictionnaire de l'Académie françoise» (s. xvii)

In [Dr Johnson’s] Dictionary he says, “I have studiously endeavoured to collect examples and authorities from the writers before the restoration, whose works I regard as the wells of English undefiled, as the pure sources of genuine diction.” It is curious to find writers later in the century, such as Priestley, Sheridan, and the American Webster, looking back upon the Restoration and the period of Swift himself as the classical age of the language. It is apparent that much of this talk springs merely from a sentimental regard for the past and is to be taken no more seriously than the perennial belief that our children are not what their parents were. Certainly the corruptions that Swift cites seem to us rather trivial. But the significance of such utterances lies in the fact that they reveal an attitude of mind and lead to many attempts in the course of the century to “purify” the language and rid it of supposed imperfections.

There have always been, and doubtless always will be, people who feel a strong antipathy toward certain words or expressions or particular constructions, especially those with the taint of novelty about them. Usually such people do not make their objections felt beyond the circle of their friends. But occasionally an individual whose name carries weight and who is possessed with a crusading spirit offers his or her views to the public. However much the condemned usages may represent mere personal prejudice, they are often regarded by others as veritable faults in the language and continue to be condemned in words that echo those of the original critic until the objections attain a currency and assume a magnitude out of all proportion to their significance. Such seems to have been the case with the strictures of Dean Swift on the English of his day.

En el Diccionario [del Dr. Johnson] dice: «Me he esforzado con ánimo estudioso en recoger ejemplos y autoridades de los escritores anteriores a la Restauración [de Carlos II], cuyas obras considero que son los pozos del inglés inmaculado, fuentes prístinas de la dicción genuina». Resulta curioso encontrar escritores posteriores aunque del mismo siglo, como Priestley, Sheridan y el Diccionario americano de Webster, que toman retrospectivamente la Restauración y la misma época de Swift como épocas clásicas de la lengua. Es obvio que buena parte de estas pláticas nacen de una mera concepción sentimental del pasado y no debe tomarse con mayor seriedad que la inmarcesible creencia de que nuestros hijos no son lo que fueron sus padres. No cabe duda de que las deturpaciones de que habla Swift nos parecen bastante banales. Pero el significado de tales declaraciones reside en que revelan un cierto estado de opinión y conducen, a lo largo del siglo, a numerosos intentos de «purificar» el idioma y librarlo de esas supuestas imperfecciones.

Siempre ha habido, y sin duda siempre habrá, gente que sientan una fuerte antipatía respecto de algunas palabras o expresiones o construcciones concretas, de forma especial las mancilladas por la tacha de lo novedoso. Tales personas no suelen difundir sus objecciones más allá de su círculo de amistades pero, de tanto en tanto, una persona de cierto renombre, poseída de un espíritu de cruzada, ofrece sus puntos de vista al gran público. Por mucho que tales juicios condenatorios de algunos usos representen un mero prejuicio personal, los demás suelen considerarlos ejemplos de verdaderas faltas del idioma y perpetúan su condena en fórmulas que reflejan lo dicho por el primer crítico, hasta que las objecciones se vuelven de uso corriente y asumen unas magnitudes totalmente desproporcionadas respecto de su significado real. Tal parece haber sido el caso de lo que reprochó el deán Swift a la lengua inglesa de su época.

— Albert C. Baugh, A History of the English language, primera edición de 1951, quinta edición revisada por Thomas Cable, Londres, Routledge, 2002, págs. 258-259.

¡Ay, las habas! Las habas cocidas. Y sus flatulencias. Y el engaño de querer aposentarse en una cátedra para no oler sus flatulencias. Pero nada, no hay manera: se ven. Se huelen. No tienen remedio las habas cocidas.

Hubiera sido tan instructivo como entretenido haber estado en Oxford en 2005 para escuchar a Ora Schwarzwald. Pardiez que lo hubiera sido.