Num tu fluentem divitiis Tagum,
num prata gyris uvida roscidis
mutare me insanum putabas,
dulcibus immemoremque amicis?

¿Acaso pensabas tú que yo, demente y olvidadizo,
iba a preferir el Tajo, que arrastra riquezas,
y los prados regados por ruedas empapadas,
a mis dulces amigos?

Garcilaso de la Vega, Ad Thylesium, traducción de Juan Bastardas Parera

A raíz de una pregunta de Dani:

Ya que hay gente docta en la materia, viendo escrito Scó por Ascó, ¿en catalán medieval se encuentran palabras que empiezan por sc- o sp-? Porque una de les correcciones que siempre se me hace en mi francés hablado es el vicio de poner una /e-/ delante de palabras como sport o spectacle, lo que en valenciano ni nos planteamos, pero tal vez un día no era asín.

en el blog de Vicent, a la que el propio Vicent dio una primera respuesta:

Dani, efectivamente, en la lengua medieval puedes encontrar «spasa», «sperar» o «sperança», aunque también «espasa», «esperar» o «esperança». La cuestión es que no había ‘norma’ como tal y de ahí las variedades en función de quien escribía. En todo caso, en esos casos concretos, el origen etimológico latino está claro (spatha, sperare, sperantia) y, efectivamente, era sin >s<.

y, a continuación, un ocioso juntaletras se marcó una contestación a la pregunta de Dani, sabiendo como se sabe que cuando el diablo no tiene qué hacer, mata moscas con el rabo y escribe de lingüística con las manos (sobre todo en Valencia):

Que yo sepa, parece que el catalán no ha conocido nunca una ese líquida (/s-/ + consonante) como segmento fónico constitutivo. Es decir, «spasa», «sperança» o «sperar» serían formas etimologizantes pero sin correlato real en la pronunciación (y por eso precisamente podían coexistir con formas con e de refuerzo (/es-/ + consonante), llamada también «protética» o «epentética». El catalán no hace respecto de todo eso nada que no hagan todas las demás lenguas ibéricas (incluido el árabe andalusí, pese a que en este caso lo fuera por árabe, no por ibérico). Lo que le pasa a Dani en francés es un error típico de hablante ibérico que hacemos más o menos todos y que tiende a quedar fosilizado porque una «ese líquida» es prácticamente imperceptible para un oído ibérico. Es una cosa parecida a lo que nos pasa a los castellanos en catalán con las vocales abiertas y cerradas. En resumen, las es epentéticas y los toros son una cosa que había unido desde siempre a castellanohablantes, catalanohablantes, galaico-lusófonos y euskaldunes. Como habría que ir empezando a preocuparse de los toros, lo mismo tendríamos que ir cuidando las vocales epentéticas. Y Dani siempre puede soltarles a los franceses: «¡Oye, que vosotros seréis líquidos, pero yo soy epentético!»

Burla burlando, lo mismo (pensaba yo) la respuesta del juntaletras daba para un par de renglones por aquí, aprovechando que el bueno de Erasmo de Rotterdam (¿1466-1469?-1536) metió su bátava nariz en casi todo lo divino y lo humano, incluyendo… las vocales epentéticas de los hispanos. Además, por una vez y sin que sirva de precedente, tocaríamos de lleno por aquí algo que tenga que ver con Alfonso de Zamora (recordemos: ¿1474?-¿1545?), o sea, casi contemporáneo del humanista nordista y empleado casi tres décadas en la Universidad de Alcalá de Henares, institución mazo de erasmista (aunque, curiosamente, uno de los colegas más cercanos de Alfonso fuera el darocense Pedro Ciruelo, ¿1470?-1548, feroz baturro antierasmista).

El caso es que Erasmo, en septiembre de 1521, tuvo que cascarse una apología en defensa de todos los sapos y culebras filológicos que, contra su edición griega del Nuevo Testamento de 1516, le había soltado Diego López de Zúñiga (m. ¿1530?) en sus Annotationes Iacobi Lopidis Stunicae contra Erasmum Roterodamum in defensionem tralationis Novi Testamenti, publicadas en Alcalá en 1520 por un impresor (¡oh paradoja!) hipererasmista, Miguel de Eguía (de tan erasmista que era tuvo tratos de esos que uno no querría tener con la Inquisición, cuando ser erasmista ya no molaba tanto como antes porque «erasmista» empezaba a rimar con «luterano» en la imaginación inquisitorial y «luterano», casi de toda la vida, había olido a «churrasco» con leña verde). Como la mejor defensa es un buen ataque, don Erasmo no dejaba lugar a dudas de la intención de su opúsculo desde el mismo título: Apologia respondens ad ea quae Iacobus Lopis Stunica taxauerat in prima duntaxat Novi Testamenti aeditione. O sea, en román paladino: «Defensa que contesta a lo que había reprochado Diego López Zúñiga en la hasta ahora primera edición del Nuevo Testamento».

El Tío Desiderio (de Rotterdam) comenta de pasada en uno de los pasajes de su apología:

Quis autem nescit singulis pene regionibus esse quaedam in pronunciando peculiaria vulgo, veluti Gallis elidere s, Anglis e sonare i, Florentinis chorpus pro corpus, nonnullis laldo pro laudo? Quorum tamen nihil pertineat ad eruditos, et tamen hinc clamitat Stunica me totam gentem Hispanorum inscitiae damnare, quod quidam sonent espero pro spero. Sed Stunicae verba subscribam, vt magis perspicua sit hominis impudentia. «Nam quod obiter», inquit, «Hispanos taxat imperitiae, quum espero pro spero, especto pro specto illos scribere dictat, haud mirum videri debet, si erga Hispanos viros ingeniosissimos, vtpote a Graecis et Romanis originem ducentes, inuidia laboret homo Batauus […]»

vamos, como si dijéramos:

¿Quien no sabe en cambio que casi no hay un solo país en que no se den en la pronunciación [del latín] ciertas peculiaridades de su pueblo llano, así por ejemplo los franceses que eliminan las eses, los ingleses que pronuncian la /e/ como /i/, los florentinos [que dicen] «chorpus» por «corpus», otros [que dicen] «laldo» por «laudo»? De lo que sin embargo nada compete a los eruditos y, con todo, por esto clama Zúñiga que a la entera nación de los españoles considero culpables de ignorancia, porque haya quienes pronuncien ‘espero’ por ‘spero’. Pero podría subscribir las palabras de Zúñiga a condición de que quedara más diáfana la desvergüenza del hombre. «Pues porque de paso», afirma, «reprocha a los españoles su falta de pericia, al prescribir que escriben ‘espero’ por ‘spero’, ‘especto’ por ‘specto’, no ha de asombrar si, respecto de españoles de agudísima inteligencia, pues hallan su origen en griegos y romanos, sea por envidia que el bátavo se afana» […].

A lo que replica Erasmo:

Primum vanus est Stunica, cum ait me taxasse Hispanos, quod «scribant espero pro spero», sed quod sonent. Atque ita sonant fortasse non omnes etiam vulgo, sed aliqui certe, nec Hispani solum, sed Galli etiam Hispanis finitimi. An ideo damno totam Hispaniam «imperitiae»? An omnes Hispani docti sunt? […]

Lo primero es que Zúñiga resulta falaz al afirmar que haya yo censurado a los españoles porque «escribían ‘espero’ en lugar de ‘spero’», pues [decía que] lo pronunciaban. Así es probable que no todos pronuncien aún como el pueblo llano, pero algunos sí, y tampoco son los españoles solamente sino también los franceses vecinos de los españoles. ¿Y por esto hallo culpable a España entera de «falta de pericia»? ¿Acaso son doctos todos los españoles?

Esta incursioncita de Erasmo en la lingüística histórica del latín del Quinientos acaba aquí, pero, como uno es muy universitario, es decir, muy maruja, no me resisto a añadir un par de puyitas más que le dedica el Tío Desiderio a Dieguito Zúñiga «El Bronco»:

Tot habet Gallia summa doctrina praeditos, tot habet Germania, tot hec regio, tot Britannia, quos vel cum priscis illis possis conferre. Nusquam non florent ac regnant bonae literae, et ait «vix» esse duos aut tres, «qui studio litterarum teneantur». Vt en quid dicam de aliis, in vna schola Louaniensi sunt supra mille qui non solum studeant bonis litteris, sed in his feliciter progressi sint, et in his non pauci tales, vt clarum nomen apud posteros sint habituri. Et tamen apud hos nulla principum liberalitas inuitat ad hec studia. Studiorum veterum proceres manibus ac pedibus obnituntur. Quo sane nomine felicior est academia Complutensis, quae nihilo esset infortunatior, si Stunicam hominem tam maledicum non haberet.

Tantos posee Francia dotados de mucha doctrina, tantos Alemania, tantos este país, tantos Inglaterra, con los que si se quiere puedes comparar con aquellos de otrora. En ningún sitio florecen ni reinan las buenas letras, y se dice que «apenas» sean dos o tres «los que mantienen el estudio de las letras». Y mira que por no hablar de otros, en una sola escuela de Lovaina son más de mil que, no solo se afanan en las buenas letras, sino que en ellas felizmente hacen progresos y no serán por ellas pocos los que de estos lograrán justa fama en la posteridad. Mas no es por la generosidad de los príncipes que nada los invita a dedicarse a estos estudios. Los próceres de los estudios antiguos se oponen con uñas y dientes. ¡Cuán más feliz sería sin duda de fama la Universidad de Alcalá, que por nada es tan desdichada, si no tuviera a este Zúñiga maledicente!

Atque interim obiicit mihi, quod «quodam in loco» per occasiones laudem aliquot eruditione celebres, quos per contemptum appellat «Eluetios nescio quos». Sed hoc nomine vinco Stunicae candorem, qui non modo Batauos meos aliquot, sed Germanos, sed Eluetios, sed Gallos, sed Britannos laudibus veham, quocumque orbe nati sunt, modo promereantur. Quin et Hispanos praedicaui scriptis meis, praedicaturus et Iuuernos, si quis illinc extiterit laude dignus. Sed encomio decantato, sic perorat Stunica: «quae cum ita sint, non est quur Hispani tamquam indoctis ac plane barbaris Erasmus insultet». Hanc linguae petulantiam tam effrenem non dubito quin omnes execrentur Hispani, si modo tales sunt, quales eso videri vult Stunica. Ego certe plurimos esse credo.

Y a la vez me echa en cara que «en un cierto lugar» que haya alabado en buena hora algunos famosos por su erudición, a los que con desdén llama «suizos que no conozco». Mas con tal apelativo derroto la brillantez de Zúñiga, que no doy mi alabanza a algunos de mis bátavos tan solo sino que, donde sea que hayan nacido en el mundo, la doy tanto cuanto la merezcan, sean alemanes, suizos, franceses o ingleses. ¿Por qué no ensalzaría a los irlandeses, igual que he ensalzado a los españoles en lo que he escrito, si de por allí surgiera alguien digno de alabanza? Pero, hecho el encomio, así concluye Zúñiga: «porque ni que así fueran, no es razón para que Erasmo insulte a los españoles de tan indoctos y llanamente bárbaros». Con semejante petulancia lenguaraz desenfrenada, no dudo de que se haya imprecado a todos los españoles, siéndolo del modo en que quiere Zúñiga que parezca comido. Yo ciertamente creo ser de los más que lo ha hecho.