«Que no hablan idiomas, sino dialectos.»
Eduardo Galeano, «Los nadies», Libro de los abrazos (1989).

«language variety on cadbury's choc», foto de Nofrills, 26 de abril de 2005.

«language variety on cadbury's choc», foto de Nofrills, 26 de abril de 2005.

«Parrhesia - Through Language in Vienna» ('Kultur'), foto de Parrhesia civil Language, 4 de diciembre de 2007.

Dos extremos, entrambos reprehensibles, noto en nuestros Españoles en orden a las cosas nacionales. Unos las engrandecen hasta el Cielo: otros las abaten hasta el abismo. Aquellos, que ni con el trato de los extranjeros, ni con la lectura de los libros, espaciaron su espíritu fuera del recinto de su patria, juzgan que cuanto hay de bueno en el mundo está encerrado en ella. De aquí aquel bárbaro desdén con que miran a las demás Naciones, asquean su idioma, abominan sus costumbres, no quieren escuchar, o escuchan con irrisión sus adelantamientos en artes, y ciencias. Bástales ver a otro Español con un libro Italiano, o Francés en la mano, para condenarle por genio extravagante, y ridículo. Dicen que cuanto hay bueno, y digno de ser leído, se halla escrito en los dos idiomas Latino, y Castellano. Que los libros extranjeros, especialmente Franceses, no traen de nuevo sino bagatelas, y futilidades; pero del error que padecen en esto, diremos algo abajo.

Por el contrario los que han peregrinado por varias tierras, o sin salir de la suya comerciado con extranjeros, si son picados tanto cuanto de la vanidad de espíritus amenos, inclinados a lenguas, y noticias, todas las cosas de otras Naciones miran con admiración; las de la nuestra con desdén. Sólo en Francia, pongo por ejemplo, reinan, según su dictamen, la delicadeza, la policía, el buen gusto. Acá todo es rudez, y barbarie. Es cosa graciosa ver a algunos de estos Nacionalistas (que tomo por lo mismo que Antinacionales) hacer violencia a todos sus miembros, para imitar a los extranjeros en gestos, movimientos, y acciones, poniendo especial estudio en andar como ellos andan, sentarse como se sientan, reírse como se ríen, hacer la cortesía como ellos la hacen, y así de todo lo demás. Hacen todo lo posible por desnaturalizarse; y yo me holgaría que lo lograsen enteramente, porque nuestra Nación descartase tales figuras.

Entre éstos, y aun fuera de éstos, sobresalen algunos apasionados amantes de la lengua Francesa, que prefiriéndola con grandes ventajas a la Castellana, ponderan sus hechizos, exaltan sus primores; y no pudiendo sufrir ni una breve ausencia de su adorado idioma, con algunas voces que usurpan de él, salpican la conversación, aun cuando hablan en Castellano. Esto en parte puede decirse que ya se hizo moda; pues los que hablan Castellano puro, casi son mirados como hombres del tiempo de los Godos. […]

Mas no por eso concederemos, ni es razón, alguna ventaja a la lengua Francesa sobre la Castellana. Los excesos de una lengua respecto de otra, pueden reducirse a tres capítulos, Propiedad, Armonía, y Copia. Y en ninguna de estas calidades cede la lengua Castellana a la Francesa.

En la propiedad juzgo, contra el común dictamen, que todas las lenguas son iguales en cuanto a todas aquellas voces, que específicamente significan determinados objetos. La razón es clara, porque la propiedad de una voz no es otra cosa, que su específica determinación a significar tal objeto; y como ésta es arbitraria, o dependiente de la libre voluntad de los hombres, supuesto que en una Región esté tal voz determinada a significar tal objeto, tan propia es como otra cualquiera que le signifique en idioma diferente. Así no se puede decir, pongo por ejemplo, que el verbo Francés tromper sea más, ni menos propio que el Castellano engañar; la voz rien, que la voz nada. Puede haber entre dos lenguas la desigualdad de que una abunde más de voces particulares, o específicas. Mas esto en rigor será ser más copiosa, que es capítulo distinto, quedando iguales en la propiedad en orden a todas las voces específicas que haya en una, y otra.

He dicho que por lo común hay este vicio en nuestra Nación, pero no sin excepciones, pues no faltan Españoles que hablan, y escriben con suma naturalidad, y propiedad el idioma nacional. […] No nacen, pues, del idioma Español la impropiedad, o afectación de algunos de nuestros compatriotas, sí de falta de conocimiento del mismo idioma, o defecto de genio, o corrupción de gusto.

En cuanto a la armonía, o grato sonido del idioma, no sé cuál de dos cosas diga: o que no hay exceso de unos idiomas a otros en esta parte; o que no hay Juez capaz de decidir la ventaja. A todos suena bien el idioma nativo, y mal el forastero, hasta que el largo uso le hace propio. Tenemos hecho concepto de que el Alemán es áspero […]

«First page of Genesis - in Arabic in Hebrew letters», foto de Dlisbona, 27 de enero de 2008.

Dentro de España parece a Castellanos, y Andaluces humilde, y plebeya la articulación de la Jota, y la G de Portugueses, y Gallegos. Pero los Franceses, que pronuncian del mismo modo, no sólo las dos letras dichas, mas también la Ch, escuchan con horror la articulación Castellana, que resultó en estos Reinos del hospedaje de los Africanos. No hay Nación, que pueda sufrir hoy el lenguaje, que en ella misma se hablaba doscientos años ha. Los que vivían en aquel tiempo gustaban de aquel lenguaje, sin tener el órgano del oído diferente en nada de los que viven ahora; y si resucitasen, tendrían por bárbaros a sus propios compatriotas. […]

De modo, que puede asegurarse que los idiomas no son ásperos, o apacibles, sino a proporción que son, o familiares, o extraños. La desigualdad verdadera está en los que los hablan, según su mayor, o menor genio, y habilidad. Así entre los mismos Escritores Españoles (lo mismo digo de las demás Naciones) en unos vemos un estilo dulce, en otros áspero: en unos enérgico, en otros lánguido: en unos majestuoso, en otros abatido. No ignoro que en opinión de muchos Críticos hay unos idiomas más oportunos que otros, para exprimir determinados afectos. Así se dice, que para representaciones trágicas no hay lengua como la Inglesa. Pero yo creo que el mayor estudio que los Ingleses, llevados de su genio feroz, pusieron en las piezas dramáticas de este carácter, por la complacencia que logran de ver imágenes sangrientas en el teatro, los hizo más copiosos en expresiones representativas de un coraje bárbaro, sin tener parte en esto la índole del idioma. Del mismo modo la propiedad que algunos encuentran en las composiciones Portuguesas, ya Oratorias, ya Poéticas, para asuntos amatorios, se debe atribuir, no al genio del lenguaje, sino al de la Nación. Pocas veces se explica mal lo que se siente bien; porque la pasión que manda en el pecho, logra casi igual obediencia en la lengua, y en la pluma.

Una ventaja podrá pretender la lengua Francesa sobre la Castellana, deducida de su más fácil articulación. Es cierto que los Franceses pronuncian más blando, los Españoles más fuerte. La lengua Francesa (digámoslo así) se desliza: la Española golpea. Pero lo primero, esta diferencia no está en la substancia del idioma, sino en el accidente de la pronunciación: siendo cierto que una misma dicción, y una misma letra puede pronunciarse, o fuerte, o blanda, según la varia aplicación del órgano, que por la mayor parte es voluntaria. Y así no faltan Españoles que articulen con mucha suavidad: y aun creo que casi todos los hombres de alguna policía hoy lo hacen así. Lo segundo digo, que aun cuando se admitiese esta diferencia entre los dos idiomas, más razón habría de conceder el exceso al Castellano: siendo prenda más noble del idioma una valentía varonil, que una blandura afeminada.

«Lecturas» ('Tesouro'), foto de Jorge Dragón, 8 de abril de 2009.

Sin embargo, esta razón tiene más apariencia que solidez. Lo primero, porque la corrupción, de que se habla, no es propia, sino metafóricamente tal. Lo segundo, porque aunque pueda llamarse corrupción aquel perezoso tránsito, conque la lengua original va declinando al dialecto; pero después que éste, logrando su entera formación, está fijado, ya no hay corrupción, ni aun metafórica. Esto se ve en las cosas físicas, donde, aunque se llama corrupción, o se asienta que la hay en aquel estado vial conque la materia pasa de una forma a otra; pero cuando la nueva forma se considera en estado permanente, o in facto esse, como se explican los Filósofos de la Escuela, nadie dice que hay entonces corrupción: ni el nuevo compuesto se puede llamar en alguna manera corrompido. Y así, como a veces sucede, que no obstante la corrupción que precedió en la introducción de la nueva forma, el nuevo compuesto es más perfecto que el antecedente, podría también suceder, que mediante la corrupción del primer idioma, se engendrase otro más copioso, y más elegante que aquel de donde trae su origen.

— Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Teatro crítico universal, tomo primero (1726). Texto tomado de la edición de Madrid 1778 (por D. Joaquín Ibarra, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo primero (nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), discurso xv, páginas 309-325.

«Parrhesia – Through Language in Vienna» (‘Kultur’), foto de Parrhesia civil Language, 4 de diciembre de 2007; «Lecturas» (‘Associació de veïns afectats pel riva’), foto de Jorge Dragón, 7 de marzo de 2008; «First page of Genesis – in Arabic in Hebrew letters», foto de Dlisbona, 27 de enero de 2008; «Lecturas» (‘Tesouro’), foto de Jorge Dragón, 8 de abril de 2009.