Hemos discutido mucho últimamente la cosa de los niños: había quien decía «críos». Otros, «niños». «Discutíamos» porque estamos ya todos (los tres, los cuatro) irremediablemente europeizados, conjurados por las entrañables fechas a la común patria mostoleña («Uno es de donde hace el bachillerato») desde los cuatro puntos cardinales de nuestros respectivos transterramientos.

A mí me venía bien la discusión: felizmente rodeado de niñas subrogadas como me he encontrado de golpe y porrazo (ya lo saben, ya lo saben, ya, y algún frijol de culo inquieto que está en camino), el tema me interesaba y el hastío niñero de algún contertulio no es que me sorprendiera (lo entendía, no sino que, expuesto en los términos en que se exponía, me parecía discutible (aunque para eso estábamos: para discutir). ¿No convendría enfocar el problema de otra forma?

Però al costat de les coses que es perden i poden substituir-se hi ha coses que es perden i que no es poden recuperar mai per anys que passin. La primera d’aquestes coses, per ordre cronològic, sol ésser el candor.

Pero junto a las cosas que se pierden y pueden substituirse, hay cosas que se pierden y que no se pueden recuperar nunca por muchos años que pasen. La primera de estas cosas, por orden cronológico, suele ser el candor.

Josep Pla, Per passar l’estona («Por pasar el rato»), Obres completes, vol. xxxvi, Barcelona, Destino, 1979.

¿Quizá convendría empezar por ahí la discusión? O por algún sitio que le quedara cerca.

Feliz año nuevo. El otro.

«Adoración del nombre de Dios», fresco de Francisco de Goya en el techo del Coreto de la Virgen, Basílica del Pilar de Zaragoza; «Ciaccona» de Tarquinio Merula por Il Giardino Armonico.

Actualización: Apañados un par de enlaces que faltaban y un error de borrador que ha quedado en evidencia, como tenía que ser.