Todas estas cosas te he escripto, mi Cornelio, no porque va nada en que las sepas, sino que descansa mi espíritu en dezírtelas.

Antonio de Guevara, Relox de Príncipes (1529), versión de Emilio Blanco, Obras Completas de Fray Antonio de Guevara, Fundación José Antonio de Castro, Madrid 1994, tomo ii, pág. 716 (inspirado por Mesa revuelta: el diario de Studiolum).

Seguimos con el impresionismo: no deja de tener su aquel, paradójico mayormente, que el pie de imprenta de los libros de Hakibbutz hameuchad («[Movimiento del] kibbutz unido: Biblioteca de los obreros») se localice en Bne Braq. Me doy cuenta al ver el registro bibliográfico de la antigua JNUL («Biblioteca Universitaria Nacional y Judía»), actual «Biblioteca Nacional de Israel», en Jerusalén, de un libro cuyo título-calambur me llama la atención: האב, הבן ורוח החופש («El padre, el hijo y el espíritu vacacional»), agudica transposición del sintagma רוח הקודש (como si pronunciáramos ‘rúaj akódesh’, «espíritu santo», donde קודש ‘kódesh’ es «santidad») por רוח החופש (prounciando ‘rúaj ajófesh’, donde חופש ‘jófesh’ es «vacaciones» – bueno, y «libertad» –). La historia del libro está contada por aquí, en hebreo, que tampoco se lo voy a dar a ustedes todo hecho.

Esto de seguir los libros nuevos catalogados en la Biblioteca Nacional israelí está muy bien (en fin, para los de este raro oficio de «hebraísta»): se da cuenta uno de la inmensa actividad publicadora jasídica y de que, llegado el caso y si nos diera por ahí (cosas más raras se han visto), se podría leer porque toda esa masa publicada está bien guardadita en la biblioteca nacional jerosolimitana. Como es de bien nacidos el ser agradecidos, debo la idea de subscribirme a los feeds de la ex-JNUL, actual NLI, al chico del Talmud.

Desde lejos, veo por una de las listas que sigo y de la que me he tomado vacaciones, una recaída en la dieta de los diccionarios, hebreos en este caso. El lexicografófago quiere con la mejor intención (le supongo) pero con la poquísima empatía que el hombre gasta (en fin) dar respuesta a una pregunta: cuáles son los dos verbos que en hebreo «clásico» significan, el uno, «matar» (cometiendo homicidio); el otro, «matar» (asesinando) y cual de los dos niega el mandamiento negativo de Éxodo, capítulo 20, versículo 12 (dice él, reduccionista como es: convendría recordarle también Deuteronomio, cap. 5, v. 17). El hombre (lexicografófago) se arma un lío y, busca que te rebusca en el diccionario, dice con autoridad («Queda claro que el texto hebreo usa el verbo que significa ‘no cometer homicidio’) cuando «el texto hebreo» dice lo contrario: רצח es «asesinar» (que es lo que prohibe el Decálogo), es decir, «matar a mala leche», que es como el mostoleño léxico traduce el tecnicismo «alevosía»; no הרג, «matar; cometer homicidio», es decir, «matar sin mala intención» (volviendo a utilizar el mostoleño). Para terminar de rematarlo, aparte de decir que רצח es «cometer homicidio», mete la pata o la gamba (que es lo que mejor convendría a su residencia italiana) y añade a la fiesta el verbo זבח («sacrificar»), como si tal verbo fuera «asesinar» en hebreo. No le niego su paradójica gracia: «el Gran Sacerdote ha asesinado ritualmente dos pichones y tres vacas en el patio del Templo», se podría decir siguiendo esta exégesis lexicomaniaca. Cositas de primer curso de lengua hebrea,* «bíblica» que no «clásica»: de nuevo, supongo que esta apendicitis clásica de la que nuestro lexicografófago hace a menudo gala viene de su residencia italiana y de una sobreexposición a las obras de Palladio (pongo por caso).

Luego nuestro lexicografófago se enreda en un par de chorraditas de antropología religiosa de programa vespertino de radio desinformada, pero son eso: chorraditas. Del mismo género literario que las que escribo yo por aquí, por otra parte, no se me vayan ustedes a equivocar.

Por otra parte, no deja uno de llevarse sustos sin esperárselo: «alcalde [franquista] de Salamanca, gobernador civil [pero puesto por los militarotes] y jefe provincial del Movimiento [cuyo creador ganara el Premio Nobel de Física]», nada menos. ¿Sería por eso que ese viejecito tan presuntamente entrañable me haya producido una cierta urticaria? No le falta nada de razón, sin embargo, a quien nos advierte de la inanidad culpable de dividir el análisis historiográfico en dos fáciles campos de malos y buenos. Salvador Vila (nos cuentan), rector republicano de la Universidad de Granada, casado con judía (Gerda Leimdöfer) y fusilado al inicio de la Guerra Civil, no se quitaba de glosar que la labor del arabismo español había de ser «reconstruir una época de nuestra historia orgánica» (nótese lo de «orgánica»). Que nadie se nos asuste: para historiadores dizque republicanos «orgánicos» baste Don Claudio Sánchez-Albornoz que, aparte de la desagradable práctica de no dar la signatura correcta casi en cada documento que citaba, tenía tendencias algo judeófobas:

Y como el bautismo no había privado a los judíos de sus talentos y habilidades, ni de su devoción por la riqueza, ni de su sutileza para captar la voluntad de los príncipes, enriqueciéndose con sus negocios tradicionales, consiguieron cada día mayores y más firmes posiciones en las corte, en el gobierno central, en el de las ciudades y en el de la misma Iglesia, y llegaron a conseguir señoríos y mandos militares.

España: un enigma histórico, vol. ii, cap. xiv: «Límites de la contribución judaica a la forja de lo español», Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1962 (segunda edición), págs. 163-297 (primera edición de 1957); aunque yo cite por el opúsculo Lo judaico en la forja de lo español, reimpresión sin referencias de este mismo capítulo, Madrid, Movimiento Cultural Cristiano, Librería Dersa, 2003, pág. 66.

Aquellos fueron lodos que todavía nos llenan de chapapote, pese a lo que también parece habitual chapotear en la indigencia profética, desde la ideología contraria (o no tanto) a la de Don Claudio Sánchez-Albornoz:

En general, y resumiendo, la literatura argelina, como muchas de las facetas del propio país que la produce, aparece, cara al inmediato porvenir, como una de las más esperanzadoras y susceptibles de importantes hallazgos y realizaciones, dentro del ámbito general de la expresada en lengua árabe. Desde la pura constitución demográfica hasta las fórmulas específicas de realizaciones político-sociales-culturales que selecciona, Argelia es uno de los países con más proyección hacia el futuro. En tal sentido, pues, y en cuanto como tal literatura nacional acabe definitivamente de asentarse y hallar su línea propia y característica en el contexto general de la dramática y crítica existencia árabe contemporánea, representará sin duda una muy destacada voz a atender y armonizar, participando activa y decisoriamente en el concierto.

Pedro Martínez Montávez, Introducción a la literatura árabe moderna, Granada, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1994, tercera edición (primera edición de 1974), págs. 186-187 (el autor de este blog no se hace responsable de los problemas gástricos que pueda producir la lectura del cacao estilístico de Don Pedro Martínez Montávez).

Me ha vencido la nostalgia y el recuerdo de Risa (z”l) y me ha dado por ponerme a leer Por amor a Judit:

1

En días de calor sube de los muros de mi casa un suave olor a leche. Los muros están enyesados y encalados, las baldosas dominan el terreno, pero el olor me llega de los poros del muro y de los resquicios del piso y se empecina en infiltrarse como un estremecimiento de amor antiguo.

¿Por qué pasarán estas cosas?

Por acabar: ¿«Hebreo moderno arcaico»? se preguntaban el otro día por aquí. Pues Leah Goldberg, por ejemplo, leyendo sus poemas (se podría intentar acastellanarlo en los comentarios por subscripción popular):

En resumen: menudencias. Musarañas. Más.

*Parece que el primer curso de catalogación de manuscritos fue algo más difícil que el primero (y siguientes) de lengua hebrea.