Mss de París ADZ detalle

Manuscrito de París, Alfonso de Zamora (foto de Álex Casero, 2008).

Por seguir con lo que veníamos hablando:

La ciencia es el arte de encontrar una pregunta que encaje con cada respuesta. Las teorías sirven para suscitar preguntas y las preguntas sirven para socavar teorías. Las preguntas engendran perplejidad, y así es como debe ser. Si mi castillo de naipes teórico se derrumba, lo único que quiere decir es que un mejor entendimiento viene a reemplazar el mío, y debería alegrarme de renunciar a mi opinión a cambio de otra mejor. La ciencia se pierde cuando las preguntas que ponen en peligro una teoría se cortan o se desatienden.

Mi objeción a la ciencia no reside en que los puntos de partida para la diferenciación de la escritura sean insostenibles, porque, al fin y al cabo, lo mismo podría decirse de todas las teorías en cada una de las iniciativas científicas vitales. Lo que me preocupa es la invulnerabilidad de los puntos de partida, invulnerabilidad que transforma la ciencia en superstición. Las supersticiones de los académicos de la escritura se filtran por disciplinas que dependen –imprudentemente– de la misma consideración superficial del negro de la letra. La encuentro en la sicología, en la historia del arte, en las matemáticas, en las ciencias del lenguaje, etcétera.

Gerrit Noordzij, El trazo: teoría de la escritura (De streek: Theorie van het schrift, primera edición de 1985), traducción española de Carlos García Aranda, València, Campgràfic, 2009, pág. 16.

Por curiosidad he ido a ver si Colette Sirat, en su Writing as handwork: A History of handwriting in Mediterranean and Western culture, Turnhout, Brepols, 2006. No cita El trazo: teoría de la escritura, sino The stroke of the pen: Fundamental aspects of Western writing («El trazo de la pluma: Aspectos fundamentales de la escritura occidental»), La Haya, Real Academia de Bellas Artes (Koninklijke Academie van Beeldende Kunsten), 1982.