Matthew Locke (c. 1621/1622-1677), «Suite II in D minor – Ayre» (The Consort of Fower Parts), interpretado por Hespèrion XX dirigido por Jordi Savall, L’Esprit de la viole – The spirit of Gambo English consort and solo viol music (1570-1680), Fontalis (Auvidis), n.º de catálogo ES 9913 (1997).

 

Hace ya unos días que ronda por aquí una declaración de intenciones bajo el título Ad animum lectoris. Como anda recluida en la esquina superior derecha, se la copio aquí con la esperanza de que así se disipen algunas dudas.

 

Es nuestra intençión pintar aquí una scolástica universidad, o académica república, o escuela de letras, en imitaçión de la república çevil [=civil] que debujó Platón. Con quánta mayor me ternán a mí por loco atrevido por poner la mano en tan alta pintura, presumiendo el retrato natural de la mesma naturaleza en sí. Por çierto, obra es que me da ocasión a tener de mí mesmo vergüença, pues conozco en mí que intento cosa que sólo el atreverme me infamara. Y prinçipalmente entre tanto varón señalado cuyas letras y juizio mereçen eternal fama en esta presente edad, los quales callan en este propósito, estimando tanto la materia que tienen por mejor nunca tomar el pinçel en la mano que, tomado, faltar en la pintura quando deben mostrar mayor perfeçión.

[…]

Tuve en tanta reverençia tratar esta disputa y sacarla a la luz, que después de tener gran dificultad en el prinçipio, por muchas vezes en el medio determiné a lo dexar, quando en el discurso de mi estudio se me ofreçían cosas convenientes a la materia tan altas en sí que hallaba sobrepujar a mi juizio sin alguna comparaçión. Y así, juzgándome indigno y sin doctrina para las tratar, estuve muchas vezes por dexarlo así, a la discreçión y juizio de los buenos varones, para que de aquellas indigestas y mal començadas palabras sacasen la grandeza de lo que la materia mostraba en sí ser, y que con la imaginaçión supliesen la falta o le diesen el fin. Y forzóme a proseguir esta empresa (quanto quiere que fuese a costa de mi propio interese) ver que en las insignes universidades de Castilla creçen cada día las rentas y premios, y bajan sin comparaçión las letras de los maestros, por lo qual se corrompen los juizios y injenios de los disçípulos; y ésta es tan grande lástima para mí que tengo temor que por tiempo ha de ser bastante a me matar. Y por satisfazer en algo a mi congoja acordé proponer al pueblo la questión, advertiéndolos las causas de donde pueda provenir este daño, porque, vistas por los príncipes y rectores de las universidades, se me remedie si plaziere a Dios. Ni querría mayor galardón de mis continas vigilias y trabajos que despertar en el remedio desta falta a aquellos a cuyo cargo es dado haberlo de proveer.

[…]

Los sabios antiguos preçiábanse de hallar notables reprensores de sus obras y escripturas, y a mi pareçer tenían mucha razón, porque ninguna cosa manifiesta su perfeçión como la que es conoçida por el estímulo del contrario. Y así, aquellos sabios, con temor de ser justamente reprehendidos, procuraban hazer todas sus cosas en toda equidad, y desta manera todas las escripturas de los antiguos son de grande valor y doctrina, porque trabajando de se defender daban causa a se perfeçionar.

[…]

Y no me será pequeño premio ser yo aviso a los que adelante quisieren escrebir a que conozcan ser obligados a me exçeder en el trabajar. Y, en fin, consolarme he con que el tiempo nos departirá y concluirá nuestra contienda, pues basta [a] corromper cosas muy mayores, las quales de razón mereçían eternalmente vivir.

 

«Prólogo» a El scholástico, atribuido a Cristóbal de Villalón (primera mitad del siglo xvi), edición crítica de José Miguel Martínez Torrejón, Barcelona, Crítica, 1997, págs. 3-6.