«Almería» de la Suite Iberia de Isaac Albéniz, interpretado por Alicia de Larrocha (grabación de fecha desconocida – para mí –).

nitty-gritty, n. and adj.

A. n. The most important aspects or practical details of a situation, subject, etc.; the harsh realities; the heart of the matter. Freq. in (to get) down to the nitty-gritty.

 

Nitty-gritty, s[ubstantivo] y a[djetivo].

A[mericano] s[ubstantivo]. Los aspectos o detalles prácticos más importantes de una situación, tema, etc.; las realidades más crudas; el fondo del asunto. Frecuente en (llegar) al meollo de las cosas.


Oxford English Dictionary, s. v., edición en borrador de 2008.

I delight in a palpable imaginable visitable past – in the nearer distances and the clearer mysteries, the marks and signs of a world we may reach over to as by making a long arm we grasp an object at the other end of our own table. The table is the one, the common expanse, and where we lean, so stretching, we find it firm and continuous.

 

Me complazco en imaginar un pasado palpable, ‘visitable’: en las distancias más breves y los misterios más claros, marcas y señales de un mundo que pudiéramos alcanzar al modo en que, extendiendo el brazo, llegamos a un objeto que esté al otro lado de la mesa en que estamos. La mesa es la única extensión, compartida, y allá donde nos apoyamos, estirándonos, nos resulta firme y sin interrupciones.

That, to my imagination, is the past fragrant of all, or of almost all, the poetry of the thing outlived and lost and gone, and yet in which the precious element of closeness, telling so of connexions but tasting so of differences, remains appreciable. With more moves back the element of the appreciable shrinks – just as the charm of looking over a garden-wall into another garden breaks down when successions of walls appear. The other gardens, those still beyond, may be there, but even by use of our longest ladder we are baffled and bewildered – the view is mainly a view of barriers.

 

Tal es, según lo percibo, la fragancia del pasado compuesto de toda, o de casi toda, la poesía de las cosas caducas, perdidas y desaparecidas, pese a lo cual, por ese elemento precioso de cercanía, tan sugeridor de conexiones pero de tan distinto gusto a diferencias, puede aún apreciarse. Cuanto más atrás nos movemos, tal elemento susceptible de apreciarse se contrae, como se rompe el encanto de mirar por encima del muro de un jardín hacia otro jardín cuando se da una sucesión de muros. Los otros jardines, que quedan más allá, bien pueden ahí estar, pero, incluso sirviéndonos de nuestra escalera más larga, quedamos desconcertados y frustrados: lo que vemos son, sobre todo, barreras.

The one partition makes the place we have wondered about other, both richly and recogniseably so; but who shall pretend to impute an effect of composition to the twenty? We are divided of course between liking to feel the past strange and liking to feel it familiar; the difficulty is, for intensity, to catch it at the moment when the scales of the balance hang with the right evenness. I say for intensity, for we may profit by them in other aspects enough if we are content to measure or to feel loosely.

 

Una sola división convierte en otro el lugar por el que nos preguntábamos, de forma tan rica como reconocible. Mas, ¿quién podría pretender achacarle un efecto compositivo a una veintena de divisiones? Claro está que nos hallamos escindidos entre la inclinación a aprehender el pasado como algo extraño y aprehenderlo como algo familiar. Necesitados de intensidad, lo difícil es captarla justo cuando los platillos de la balanza cuelgan en perfecta equidistancia. Dicho queda por la intensidad: bien podría resultarnos de provecho en otros aspectos si nos contentáramos de medirlo con exactitud o a tientas.

It would take me too far, however, to tell why the particular afternoon light that I thus call intense rests clearer to my sense on the Byronic age, as I conveniently name it, than on periods more protected by the ‘dignity’ of history. With the times beyond, intrinsically more ‘strange’, the tender grace, for the backward vision, has faded, the afternoon darkened; for any time nearer to us the special effect hasn’t begun. So there, to put the matter crudely, is the appeal I fondly recognise, an appeal residing doubtless more in the ‘special effect’, in some deep associational force, than in a virtue more intrinsic. I am afraid I must add, since I allow myself so much to fantasticate, that the impulse had more than once taken me to project the Byronic age and the afternoon light across the great sea, to see in short whether association would carry so far and what the young century might pass for on that side of the modern world where it was not only itself so irremediably youngest, but was bound up with youth in everything else. There was a refinement of curiosity in this imputation of a golden strangeness to American social facts – though I cannot pretend, I fear, that there was any greater wisdom.

 

«Portrait of Edouard and Marie-Loise Pailleron» de J. S. Sargent (1881), Des Moines Art Center, Iowa.

«Portrait of Edouard and Marie-Loise Pailleron» de J. S. Sargent (1881), Des Moines Art Center, Iowa.

Me alejaría del tema, sin embargo, si explicase por qué tal luz de la tarde, que tan intensamente me viene a la memoria, persiste con mayor claridad en mis sentidos referida a la edad byrónica, según la denomino por conveniencia, que respecto de periodos mejor protegidos por la «dignidad» de la historia. Siendo el tiempo que ha de llegar intrínsicamente más «ajeno», la deliciosa gracia de contemplar lo ya ido se ha desvanecido, oscureciéndose la tarde: cualquier época que nos sea cercana no disfruta aún de ese efecto particular. Ahí reside, por decirlo sin ambages, el llamamiento que reconozco con emoción, sin duda más propio del «efecto particular», resultado de alguna fuerza asociativa profunda, que de una virtud más intrínseca. Me temo que debo añadir que, habiéndome permitido fantasear hasta tal grado, que el impulso me ha llevado en más de una ocasión a proyectar la edad byrónica y la luz de la tarde a través del ancho mar, para ver brevemente si se pudieran llevar tan lejos tales asociaciones y qué legado podría transportar el siglo recién nacido a las orillas del mundo moderno donde no solo es que fuera tan joven sin remedio, sino que se hallaba ligado por su juventud con todo lo demás. Se daba una curiosidad refinada al proclamar esta extrañeza dorada a los hechos sociales americanos, aunque no pueda yo pretender, mucho me temo, que se diera una sabiduría mayor.

Henry James, «Prólogo» a la edición de Nueva York, 1908, a The Aspern Papers (‘Los papeles de Aspern‘), primera edición de 1888.