«Domine [, en?] in furore tuo arguas me»
Señor, en tu furor [¿no?] me recrimines.
Salmo 6

Según dice el volumen ii del Catálogo de manuscritos de la Biblioteca Universitaria de Salamanca, esa frase es el explicit (en el folio 485, lado recto) del manuscrito n.º 2770 de la célebre librería cabe el Tormes (río no menos célebre que la tal librería, aunque solo sea por haber prohijado en sus aguas al Lazarillo, que otros quieren avalencianar y, por tanto, acatalanar à la Fuster, con el mismo seso que vergüenza: ninguna).

Ir con prisa tiene cosas buenas (pocas) y malas (muchas). Como a mí me quedan dos días útiles escasos de mis tres semanas salmantinas, la prisa ya es notable. Igual que las prisas, los índices manifiestamente mediocres del catálogo de manuscritos, obra por otra parte tan magna, de la Universidad salmantina (pública, que además y no menos monumental que la una está la otra) tienen alguna virtud:

'Ex cathedra', foto de Joe Thorn, 1 de octubre de 2008

'Ex cathedra', foto de Joe Thorn, 1 de octubre de 2008

permiten serendipias como notar el comentario, glosa o nota que viene a continuación del explicit citado, que parece serlo de una glosa de Fernando Tricio (ca. 1516-1578) [vamos, que digo yo que será este obispo] a los tres primeros capítulos de las Epístola de [san] Pablo a los Hebreos (F.do Tricio Glossa super I-III capitula epistulae Pauli ad Hebreos), que debió de tomarse como apuntes de clase en la Universidad de Salamanca sobre 1542, más o menos (clases que quizá fueron de Francisco de Vitoria, ahí es nada). Bueno, la cosa que me ha llamado la atención y que he tenido que desatender por dos razones, falta de tiempo e imposibilidad de pedir más manuscritos que los que uno tiene reservados (porque los almacenes de la Biblioteca General Histórica están a punto de cerrar por obras hasta mediados de septiembre), es el remate siguiente del manuscrito (parece):

Aqui dexo de leer el reverendo maestro Triçio porque el licenciado Salazar pidio al rector las liçiones que restaban de la mitad de la bacatura de la catreda de biblia, no por hacer probecho a los oyentes sino para ganar su bolsa, y ansi como a negro no le oya hombre liçion ninguna.

No sabe uno de qué admirarse más: si del racismo tan declarado y manifiesto o de la constatación de que las mejores tradiciones universitarias gocen, ayer, hoy y siempre, de tan buena salud pese a lo que diga el clásico, o tal vez precisamente porque lo dice:

Mudan los tiempos, mudan voluntades,
Múdase el ser, múdase la confianza;
Todo el mundo se compone de mudanza
Tornando siempre nuevas cualidades.

Continuamente vemos novedades,
Distintas en todo de esperanza;
Del mal quedan las penas recordadas
Y del bien, si hubo alguno, las añoranzas.

Los suelos cubre el tiempo, verde manto
Que cubierto ya fue de nieve fría
Y en mí convierte en lloro el dulce canto.

Y, salvo esta mudanza cada día,
Otro mudarse causa mayor espanto:
Que no múdase ya como solía.