3025811569_66c1f29b8cDebe de ser Salamanca, que me inspira. Ayer decidí cuál iba a ser el lema de mi tesis: tratará de los límites de la interpretación. Ahora, a ver cómo se lo toman. No es que me dé igual, claro, pero ando un tantico resabiado y de momento me conforta pensar cómo me lo tomo yo. Andaba fluido ayer, y eso que tardé bastante más de lo que pensaba (de hecho todo el día, en su abreviada versión horaria estival, de nueve a dos de la tarde, con fondo de campanas de catedral) en cogerle la sisa a los manuscritos 589 y 590, extremadamente bellos (en fin, moderando entusiasmos de especialista, claro). Además, con el de Nápoles y con el 2170 de aquí, me confirmó la sospecha de la tipología común (y de lo mucho que trabajaba este Alfonso de mis dolores).

Aparte, para el cuaderno de N. (ya me suponía yo que Salamanca le iba a hacer una mica d’oig): «convencerla de las bondades de esta famosa ciudad del Tormes» y, si se dejara, tráermela (con su contable, claro. El contable es de muy buen conformar. Gran hallazgo el contable). Tengo fundadas esperanzas de que se deje convencer. Ya ocurrió con Madrid y, si me pongo, ya ocurrirá con la música árabe, que es una etiqueta bastante inútil y algo mendaz. Todo lo contrario de la naturaleza intrínseca de las muchas músicas que etiqueta («Por los campos de Segovia se ayuntaba, con arábigas canciones, la compañía de los sayeses…»).

En fin, recojamos y marchemos al portalón de las ranas, las calaveras, Isabel y Fernando, el griego y las figuritas. Hoy tocará la Biblia Aramea. ¿Has desayunado bien?

«20081004 salamanca fachada universidad 92 r r1», foto de Tomás Mesón, 4 de octubre de 2008.