Fino trabajo de un paleógrafo árabe.

Fino trabajo de un paleógrafo árabe.

Si la Paleografía latina y de las lenguas vulgares en la Edad Media ofrece tantas dificultades, á pesar de los libros didácticos que acerca de ellas se han publicado, y de los muchos documentos que constantemente se publican en excelentes reproducciones fototípicas, en lo referente á la Paleografía árabe, puede decirse que casi nada se ha hecho hasta hoy. […]

En efecto, los arabistas nos encontramos á cada momento en compromisos á que no se ven expuestos los que cultivan otras lenguas, respecto á las cuales el público es menos exigente, por serle más fácil el comprender sus dificultades. Los que entre nosotros cultivan las lenguas hebrea y griega, pocas veces se encuentran con manuscritos de estas lenguas, á no ser en los estantes de las bibliotecas de El Escorial ó Nacional, y parece que nadie se extraña de que el profesor ó aficionado á tales estudios no sepa leer un manuscrito griego ó hebreo, toda vez que no ha podido ejercitarse en su lectura. […]

Aun el que ha estudiado latín encuentra fácil disculpa ante el público, si no sabe leer un manuscrito en esta lengua; pues todos saben que hay estudios especiales para aprender á leer manuscritos antiguos, y por tanto comprenden que no tiene obligación de saber leer un manuscrito latino antiguo quien no haya estudiado Paleografía.

Francisco Codera y Zaidín, «Paleografía árabe. Dificultades que ofrece. Su estado. Medios de desarrollo», Boletín de la Real Academia de la Historia (Madrid), tomo xxxiii, cuaderno 4 (Informes), octubre de 1898, págs. 297-306, en pág. 297.

b) Tipo de escritura: Ésta es una espinosa cuestión por no existir una nomenclatura internacional, universalmente aceptada y que responda a unos criterios científicos a la altura de los tiempos. Al llegar este punto en ocasiones el investigador no sabe a qué carta atenerse. Ante todo hay que evitar denominaciones vagas y poco comprometedoras (tales como escritura minúscula, cursiva, libraria, etcétera) y tampoco introducir meras apreciaciones estéticas (por ejemplo, escritura hermosa, cuidada, etcétera). Se debe especificar el estilo (escritura visigótica, carolina, gótica, humanística, etcétera), el ductus (pausada, cursiva o semicursiva) y el tipo, en la media de lo posible, utilizando conceptos bien claros y generalmente admitidos (por ejemplo, gótica cursiva «cortesana»). Cuando la escritura no responda a un tipo puro, entonces se procurará definirla por aproximación o indicando sus rasgos más característicos. Aunque sea brevemente conviene analizar los signos alfabéticos que ofrecen alguna particularidad en su trazado, las ligaduras notables, el sistema de abreviaturas empleado y la tipología de los signos de compendio, puntuación y otros varios ortográficos (ápices, guiones, comillas, etcétera). También se explicitarán los siguientes aspectos: aplicación de la scriptio continua y/o grado de observación de los espacios interverbales; colocación de la escritura apoyada sobre el renglón o bien trazada a distancia del mismo, produciendo la impresión de que está suspendida en el aire; presencia de correcciones y de cualquier particularidad gráfica digna de mención.

Autógrafo de la «Guía de Perplejos» de Maimónides, Cambridge, University Library, Taylor-Schechter Collection, mss. T-S 10 K A 4.1 (lado recto).

Autógrafo de la «Guía de Perplejos» de Maimónides, Cambridge, University Library, Taylor-Schechter Collection, mss. T-S 10 K A 4.1 (lado recto).

Otra fuente de datos interesantes procede de los signos numéricos. Las indicaciones esticométricas deben señalarse. Por último, se registrarán algunos usos no comunes y, por tanto, relevantes, tales como el empleo de recursos taquigráficos, criptográficos y demás variantes similares.

Una vez analizada la escritura del texto, se intentará determinar si el trabajo ha sido realizado por un solo copista o por varios. Hay que ser prudentes en este terreno, dada la rara habilidad mostrada por algunos escribas en la imitación de diversos tipos de escritura y su contrapartida, el grado de mimetismo de algunos profesionales. Cuando se descubran varias manos, se intentará identificar las principales, designándolas mediante letras mayúsculas del alfabeto.


Elisa Ruiz García, Introducción a la codicología, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2002, pág. 363

Dicen que han dicho que dicen,
dicen que han ido diciendo.
Y entre dimes y diretes
llevas la petaca llena:
que si oye, que si mira,
que si fíjate qué cosa
y con esta tontería
ya he terminado una estrofa.

«Que dizan mientras no hazan»,
me enseñaba a mí mi abuelo.
Que si en esto te entretienes,
no aprenderás a volar.

¡Jotera lo serás tú!
¡Jotera lo serás tú!
Anda y díselo a tu madre
que a mí no me duelen prendas
de cantarte por rancheras
o por chotis o en zulú.

Si no hay sensibilidad
para captar el sustrato
del lenguaje musical,
pues dedícate a escuchar
lo que siempre te ha gustado
para que no sufras más.

Pican, pican los mosquitos,
pican con gran disimulo:
unos las entendederas
y otros pican el orgullo.

Sea por hache o por jota,
sea la y griega o la zeta,
ya libré muchas batallas
y solté muchas carretas.

«Que dizan mientras no hazan»,
me enseñaba a mí mi abuelo.
Que si en esto te entretienes,
no aprenderás a volar.

¡Jotera lo serás tú!
¡Jotera lo serás tú!
Anda y díselo a tu madre
que a mí no me duelen prendas
de cantarte por rancheras
o por chotis o en zulú.

Carmen París, «Jotera lo serás tú», del disco homónimo de 2005.