(Since people are unlikely to be sucessful in learning a language whose speakers they despise)

(Ya que nadie puede tener mucho éxito aprendiendo una lengua a cuyos hablantes desprecia).

Zoltán Dörnyei, Teaching and researching motivation, Harlow, Longman, 2001.

[Gracias, Antonio]

Planet Jerusalem Damascus GateUn calzolaio straniero sa parlare così preciso in italiano che io mi commuovo per babbo che si sforza d’imparare e non sa la metà delle parole di Rafaniello. Avete avuto in sogno pure il vocabolario italiano, gli chiedo. No, dice che l’ha preso dai libri, leggendo molte volte Pinocchio. Anch’io l’ho letto, gli dico per contentezza di una cosa che abbiamo fatto insieme. Dice che al suo paese Pinocchio si chiamerebbe Iòsl e resterebbe di legno tutta la vita per fedeltà al suo creatore. “Adesso conosci i fatti miei di quand’ero Rav Daniel e quelli dei miei paesani che non ci sono più. Chi muore lascia la storia in eredità ai figli, ai parenti. Il mio popolo l’ha lasciata a me e a qualcun altro. Io te la dico perché parto tra poco, quando si crepa questa gobba di ossa e di piume.” Don Rafaniè com’è questa Gerusalemme, che non la possiamo imitare? Lui si pulisce la bocca, sputa, poi dice che non la conosce ancora, ma uno gli ha detto: “In quella città la morte ha paura di esse inghiottita dalla vita. È l’unica città del mondo in cui la morte si vergogna di esistere”. Chiude gli occhi, dondola il collo, già sta là. Deve essere assai speciale quel paese, a Napoli la morte non si vergogna di niente.

Un zapatero extranjero sabe hablar con tanta precisión el italiano que me estremece mi abuelo padre, que se esfuerza en aprender y no sabe ni la mitad de las palabras que sabe Rafaniello. Le ha venido a usted también en sueños el vocabulario italiano, le pregunto. No, dice que lo ha aprendido en los libros, leyendo muchas veces Pinocho. Yo también lo he leído, le digo alegrándome de que ambos hayamos hecho una misma cosa. Dice que en su país a Pinocho lo llamaban Yosl y se pasaba toda la vida hecho de madera por fidelidad a su creador. –Ahora ya sabes lo que hacía cuando era Rav Daniel y lo que hacían mis paisanos que ya no están. Al morir, una persona deja la historia en herencia a sus hijos, a su familia. Mi pueblo me la ha dejado a mí y a pocos más. Yo te la cuento porque me iré dentro de poco, cuando se acabe rajando esta joroba de huesos y plumas–. Don Rafanié, ¿cómo es esta Jerusalén que no podemos imitar? Se limpia la boca, escupe, dice luego que no la conoce todavía, pero que alguien le ha dicho: –En aquella ciudad la muerte tiene miedo de que se la trague la vida. Es la única ciudad del mundo donde la muerte se avergüenza de existir. Cierra los ojos, balancea la cabeza, ya está allí. Debe de ser bien especial ese sitio, en Nápoles a la muerte no le da vergüenza nada.

Erri de Luca, Montedidio, Milán, Feltrinelli, primera edición de 2001, duodécima edición de 2008, pág. 67.

_MG_1019

«Un zapatero extranjero…»: «Alonso de Arcos, zapatero, podía mejor enseñar la lengua» (Salamanca, 1511).

Anouar Brahem, «Conte de l’incroyable amour», del disco homónimo, 1992; «Planet Jerusalem: Damascus Gate», foto de Sam Rohn (Location Scout), 14 de julio de 2007; Comentario a los Salmos de David Qimhi con glosas latinas y castellanas, copia de Alfonso de Zamora, colofón del 22 de marzo de 1541 («Manuscrito de Nápoles»).

Actualización: Corregido un error de traducción. Gracias, Maria.