En esta época también se aprecia en sus lecturas escolares un notable interés por la historia de la Corona de Aragón y de Portugal. En la formación de Felipe II habían fracasado los intentos por enlazarle con Aragón, pues, aunque en 1553 Francesch Tarafa le dedicó su Chronica de la prouincia de Cathelunya en la Citerior Spanya [Madrid, BNE, mss. 1880], su intento por contrarrestar la imagen castellanocéntrica del futuro soberano [JdPP: el príncipe Don Carlos] era ya tardío. No ha de sorprender, por tanto, que en 1557 Cristofor [JdPP: sic] Despuig denunciará [sic] en sus Colloquis de la insigne ciutat de Tortosa la pretensión castellana de monopolizar la españolidad.

[Els castellans tots son casi de esta manera que per no publicar la gloria dels espanyols que no son castellans, volen la veritat y per fer gloriosa la sua propia nació no dubten d’escriure materia […] questos castellans s’en beven tot.]

[Los castellanos son casi todos de esta manera, que, para no publicar la gloria de los españoles que no son castellanos, velan [¿?] la verdad y para hacer gloriosa a su propia nación no dudan en escribir materia […] de la que estos castellanos toda beben.]

Sin embargo, la presencia de Honorato Juan facilitó que este programa, «aragonesizador» se desviara hacia su pupilo, entonces un niño, pero futuro rey. Ya en 1556 compró para el príncipe un ejemplar de «los dichos del Rei don Alonso», de Beccadelli [¿Dichos y Hechos notables, graciosos y elegantes, del sabio Rey don Alonso de Aragón, y de Nápoles, adicionados por Eneas Siluio, Obispo de Sena, otramente dicho Papa Pío, aora nueuamente traduzidos y recopilados en lengua Castellana […], Amberes, Juan Lacio, 1554?], lectura que un año después fue seguida por el obsequio de la Chronica o comentaris del gloriosissim Rey En Iacme primer rey d’Aragó, dedicada al príncipe don Carlos, todavía infant de Aragó, por los jurados de Valencia. […] Su esfuerzo no fue en vano, pues don Carlos se mostró muy interesado por las cuestiones aragonesas. En 1559 solicitó al protonotario de Aragón, Miguel Clemente, que le llevara el original manuscrito del Libro de las Ordenaciones de la Corona de Aragón, y tras verlo le pidió que le hiciera una copia. Según recuerda el cortesano, la primera vez que don Carlos le pidió la copia, tras consultarlo con Honorato Juan y García de Toledo, se decidió que el tema no era todavía adecuado para la tierna edad del príncipe (¡catorce años!), pero como éste le insistió en 1562, decidió cumplir el antiguo encargo [Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial, mss. H-II-10].

José Luis González Sánchez-Molero, «Lectura y bibliofilia en el príncipe don Carlos (1545-1568), o la alucinada búsqueda de la ‘sabiduría’», en Pedro María Cátedra y María Luisa López-Vidriero, edición al cuidado de María Isabel de Páiz Hernández, La memoria de los libros. Estudios sobre la historia del escrito y de la lectura en Europa y América, Salamanca, Instituto de Historia del Libro y de la Lectura, Fundación Duques de Soria, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2004, págs. 713 y 714.