[…] Después de la intensidad del último día, tan sólo puedo expresaros muy sinceramente mi agradecimiento por el interés que habéis mostrado en el seminario […] y por la extraordinaria calidad humana que habéis manifestado todos y cada uno de vosotros. Desde mi punto de vista, algunos de los principales males que subyacen a las diversas crisis que sumen al mundo académico no son estrictamente de orden teórico sino actitudinal y anímico. Cuando los docentes no son nada más que aburridos funcionarios que no creen ya en lo que hacen, que no se divierten ni se hacen preguntas… cuando las jerarquías y relaciones de poder (avales del pudor y el temor a equivocarse o a caer en el ridículo de que alguien sea más interesante que tú) estrangulan el intercambio de ideas… en definitiva, cuando el estudiar se aleja de la pasión, entonces nada de lo que nos traemos entre manos tiene sentido… ni dentro ni fuera de las facultades. Nuestro seminario, no sólo ha sido (creo) una prueba del interés de la teoría […] y de la altura intelectual de algunos de sus pensadores […] sino también una demostración de cómo puede trabajarse y vivirse en grupo un encuentro universitario.