Se alegra Abenyusuf de las rimillas bíblicas y pestilentes que os he puesto esta mañana de nuestro don Alfonso y de que sirva de introducción a la figura del maestro complutense.

Como alguna cosa hemos contado por aquí del maestro Al(f)onso, aunque me reconozco disperso y propenso a tenir pardals al cap, quizá convengar recopilar parte de lo que llevamos dicho: hemos presentado su vida en cómodos fascículos (que aún están por rematar); de sus arrebatos revolucionarios; de sus improbables alumnos; de sus necesarios silencios; de su terminología hebrea de cosas académicas; del que fue su colegio complutense; de las golondrinas de su huida; de sus métodos de evaluación; de la paciencia que hay que tener; de su principal obra impresa; su legítimo interés; sus eulogias hebraizantes y latinistas.

Sirva todo esto a beneficio de inventario.