[En la misma serie.]

Cuando L., entonces profesor titular todavía, me dijo aquella frase sumaria: – «Mi objetivo principal es llegar a catedrático, como es lógico», me vino a la mente Montaigne:

De toutes les resveries du monde, la plus receue et plus universelle est le soing de la reputation et de la gloire, que nous espousons jusques à quitter les richesses, le repos, la vie et la santé, qui sont bien effectuels et substantiaux, pour suyvre cette vaine image et cette simple voix qui n’a ny corps ny prise.

De todas las ensoñaciones del mundo, la más aceptada y más universal es el cuidado de la reputación y la gloria, al que nos ayuntamos hasta abandonar riquezas, sosiego, vida y salud, que son bien reales y substanciosos, con tal de seguir una imagen vana y esa mera voz que no tiene cuerpo ni entidad.

Tal vez me debiera haber acudido a las mientes el Tasso:

La fama ch’invaghisce a un dolce suono
Gli superbi mortali, et par si bella,
È un echo, un sogno, anzi d’un sogno un ombra
Ch’ad ogni vento si dilegua et sgombra

La fama, que enamora por su dulce sonar
a los mortales soberbios, y por tan bella,
es un eco, un sueño, aún más: del sueño, sombra
que por los vientos dilúyese y abandona.

pero eso hubiera sido una pedantería insoportable.

L. llegó, unos años después, a catedrático. Y ahí sigue.

En fin…

La silla roja

Toute autre science est dommageable à celuy qui n’a la science de la bonté. Mais la raison que je cherchoys tantost, seroit-elle point aussi de là: que nostre estude en France n’ayant quasi autre but que le proufit, moins de ceux que nature a faict naistre à plus genereux offices que lucratifs, s’adonnant aux lettres, ou si courtement (retirez, avant que d’en avoir prins le goût, à une profession qui n’a rien de commun aveq les livres) il ne reste plus ordinairement, pour s’engager tout à faict à l’estude, que les gens de basse fortune qui y questent des moyens à vivre. Et de ces gens là les ames, estant et par nature et par domestique institution et example du plus bas aloy, rapportent faucement le fruit de la science. Car elle n’est pas pour donner jour à l’ame qui n’en a point, ny pour faire voir un aveugle: son mestier est, non de luy fournir de veue, mais de la luy dresser, de luy regler ses allures pourveu qu’elle aye de soy les pieds et les jambes droites et capables. C’est une bonne drogue, que la science; mais nulle drogue n’est assez forte pour se preserver sans alteration et corruption, selon le vice du vase qui l’estuye. Tel a la veue claire, qui ne l’a pas droitte; et par consequent void le bien et ne le suit pas; et void la science, et ne s’en sert pas.

Cualquier otra ciencia es desventajosa para el que no posee la ciencia de la bondad. Pero la razón que antes yo buscaba nada tendría de aquella: puesto que los estudios en nuestra Francia no tienen casi otra meta que la ganancia, menos hay, de los que la naturaleza haya hecho nacer dispuestos para oficios más generosos que lucrativos, que se dediquen a las letras, o bien se dedican con tal brevedad (retirándose, antes de haber cogido gusto al estudio, a una profesión que nada tenga que ver con los libros), que no quedan de ordinario, para dedicarse plenamente al estudio, más que las gentes de baja fortuna que buscan con ello de qué vivir. Y las almas de estas gentes, siendo por naturaleza, y por la instrucción y el ejemplo que les dieron en sus casas, de la más baja ley, consiguen falseado el fruto de la ciencia. Pues no ha de dar a luz el alma que no tiene condición, ni la vista devolverle a un ciego: su oficio no es darle la vista, sino de arreglársela, de enmendarle la forma de caminar a fin de que tenga por sí misma pies y piernas derechos y capaces. Buena medicina es la ciencia, mas ninguna ciencia no tiene fuerza bastante para preservarse sin alterarse ni corromperse obviando los fallos del frasco que la conserva. Uno tiene clara la vista, pero no mira a derechas, y, en consecuencia, puede ver el bien pero no lo sigue, y la ciencia ve, pero no la emplea.

Michel de Montaigne, Ensayos, libro i, capítulo xxv, «Del pedantismo», pág. 141.

«La silla roja», foto de Lois BCN, 5 de noviembre de 2008.