[En la misma serie.]

I:

En L’Écritoire de la plaza de la Sorbona, al salir de clase, con todos incluidos J. y J.-M. El año pasado, por tanto. Ya hacía, con la intrépida alternancia de días de buen y mal tiempo de París a partir de abril, un mediodía de primavera.
La conversación acaba en Gerona, sobre el viaje inminente, sobre el acceso a los archivos, sobre la lengua catalana, visto mi papel inesperado de catalan en charge, al que me resigno desde hace tiempo curioso y atento. J.-M. habla de una reunión patrocinada (que en lengua vulgar quiere decir pagada) por el Institut d’Estudis Catalans en Barcelona, hacía algún tiempo, sobre la especialidad de la que imparte docencia en la Sorbona: una de las lenguas clásicas. Le sorprendió la extravagancia intelectual de que algunos colegas catalanes se empeñasen en ofrecer sus ponencias en catalán (a un ameno círculo de lingüistas, como eran los reunidos). Yo me extraño de su extrañeza. Él acaba por replicar, con media sonrisa sorboniana, «Pero, ¿qué es lo que la Humanidad debe al fin y al cabo al catalán desde hace setecientos años?». Setecientos años porque había tenido la bondad de salvarme a Raimundo Lulio. Animado por la anécdota de la hospitalidad que le dispensaron las autoridades académicas catalanas, comparto con él una pequeña parte del patrimonio paremiológico catalán: ser cornut i pagar el beure, lo que en mi castellano de cuna nada remilgada se expresa por ser puta y poner la cama. Entonces calibré lo atinado de una sospecha: ‘Humanidad’, en francés intelectual, no es más que un sinónimo de ‘Francia’. Reformulando el lema baha’í: «el mundo debe ser un solo país, Francia, y la Humanidad, sus admiradores agradecidos». Que yo sepa, J.-M. no dice nada de que otros colegas empleen la lengua inglesa en sus ponencias. No sería la primera vez, sin embargo, que oigo alguna queja de la extravagancia de empeñarse en seguir utilizando el francés en las reuniones científicas.

II:

Comment expliquez-vous son acquiescement au préjugé antisémite ?

À l’origine de son antisémitisme, je vois d’abord la mégalomanie du citoyen d’une petite nation, qui se dit : « Nous ne sommes rien et nous allons être tout. Nous allons faire parler de nous à n’importe quel prix. » Sans doute la mégalomanie d’une petite nation reléguée dans la banlieue de l’Histoire nourrit-elle une jalousie à l’égard des Juifs, petit peuple placé en pleine lumière. On sent cette jalousie à l’œuvre. Pour autant, bien que Cioran soit alors sympathisant de cette organisation monstrueuse qu’est la Garde de fer, il a une divergence fondamentale avec les légionnaires : il n’impute pas le marasme roumain aux Juifs. Il ne cède pas à la facilité de la paranoïa. C’est un élément très important pour le comprendre. Certains l’accusent pourtant de n’avoir pas changé après guerre. Il serait resté obsédé par les Juifs et se serait contenté d’inverser les signes en passant du négatif au positif. Cette inversion elle-même témoignerait de la survivance de son hostilité fondamentale. Je pense que ce n’est pas vrai. Je pense qu’il y avait dans cette fascination pour les Juifs quelque chose qui pouvait préparer Cioran à rendre hommage aux Juifs. C’est la persistance du nom juif qui nourrira sa fascination. Il dira : « Les Juifs ne sont pas un peuple mais un destin. »

[¿Cómo se explica usted su aquiescencia del prejuicio antisemita [de Cioran]?

Veo en el origen de su antisemitismo la megalomanía del ciudadano de una nación pequeña, que se dice a sí mismo: «No somos nada y vamos a serlo todo. Lograremos que hablen de nosotros a cualquier precio.» Sin duda, la megalomanía de una nación pequeña relegada al suburbio de la Historia nutre una envidia a los judíos, pequeño pueblo que al que iluminan los focos. Esta envidia se nota en su obra. Sin embargo, aunque Cioran fuera entonces simpatizante de esa organización monstruosa que fue la Guardia de Hierro, hay una divergencia fundamental con los legionarios: no achaca el marasmo rumano a los judíos. Hay quien lo acusa de no haber cambiado tras la guerra, de seguir obsesionado por los judíos, limitándose a invertir los signos, pasando de lo negativo a lo positivo. Esta inversión daría testimonio de que su hostilidad fundamental habría sobrevivido. Me parece que no es verdad. Creo que, en esa fascinación por los judíos, existía algo que aprestaba a que Cioran rindiese homenaje a los judíos. La persistencia del nombre judío alimentaría su fascinación. Dirá: «los judíos no son un pueblo sino un destino».]

Paris during the occupation 9

Contrairement aux accusateurs de Cioran, vous croyez à sa conversion sincère et profonde. Comment expliquez-vous ce mouvement ?

Cioran s’est arraché de la tentation totalitaire en devenant un écrivain de langue française et en s’inscrivant en plein XXe siècle dans la lignée des moralistes classiques. Les moralistes ne sont pas des gens qui font la morale, ce sont des gens qui divulguent une vérité douloureuse. Il rejoint leur camp dès 1941, à travers le texte charnière intitulé Sur la France, qu’on découvre également. C’est un livre écrit en roumain, mais le style est déjà français, on le voit merveilleusement dans la traduction d’Alain Paruit. Au fond, la réponse des moralistes, c’est la réponse de ceux qui ne sont pas dupes de Rousseau. D’un côté, il y a l’idée d’établir un régime sans mal en trouvant une solution politique au problème humain. Et de l’autre, une lucidité inquiète qui nous vaccine contre cette tentation. Le désespoir de Cioran ne le conduit d’ailleurs pas nécessairement à une vision noire de la nature humaine. J’ai relevé un passage extraordinaire dans ses Cahiers : « Haine et événement sont synonymes. Là où il y a haine, quelque chose se passe. La bonté au contraire est statique. Elle conserve, elle arrête, elle manque de vertu historique, elle freine tout dynamisme. La bonté n’est pas complice du temps alors que la haine en est l’essence. » On n’imagine pas Cioran faire cet éloge de la bonté. Et pourtant. Lorsque s’évanouit l’idée d’établir un régime sans mal, reste ce que Vassili Grossman appelle la petite bonté, la bonté sans régime.

[Frente a quienes acusan a Cioran, usted cree que la conversión fue sincera y profunda. ¿Cómo explica usted tal transformación?

Cioran se ha arrancado la tentación totalitaria al convertirse en un escritor de lengua francesa y al inscribirse, en pleno siglo xx, en la estirpe de los moralistas clásicos. Los moralistas no son gentes que sermoneen, sino gentes que divulgan una verdad dolorosa. Es un libro escrito en rumano, pero el estilo ya es francés, como se ve maravillosamente en la traducción de Alain Paruit. En el fondo, la respuesta de los moralistas es la de quienes no se han dejado embaucar por Rousseau. Por una parte, está la idea de fundar un régimen sin mal, encontrando una solución política al problema humano. Por otra, hay una lucidez inquietante que nos vacuna contra tal tentación. He extraído un pasaje extraordinario en sus Cuadernos: «Odio y acontecimiento son sinónimos. Donde existe el odio, algo ocurre. La bondad, sin embargo, es estática. Conserva, detiene, le falta virtud histórica, frena cualquier dinanismo. La bondad no es cómplice del tiempo, mientras que el odio es su esencia.» No hubiéramos podido imaginar que Cioran hiciese este elogio de la bondad. Pero ahí está. Cuando desaparece la idea de fundar un régimen sin mal, queda lo que Vassili Grossman llamó la pequeña bondad, la bondad sin régimen».]

Sébastien Lapaque entrevista a Alain Finkielkraut sobre la publicación de Transfiguration de la Roumanie (Schimbarea la faţă a României, 1936; texto en rumano en un sitio de extrema derecha rumano) y De la France de Emil Cioran. Le Figaro.fr—Livres, 2 de abril de 2009. Vía el blog de Juan Pedro Quiñonero.

III:

«Cioran s’est arraché de la tentation totalitaire en devenant un écrivain de langue française».

Una pena que la evidencia impida creer en la transmisión de la moral por vía meramente lingüística.

IV:

Contra tanta tontería, conviene la profilaxis. Tanto más cuando uno está rodeado de lengua francesa y de tonterías consecuentes. Os invito, pues, a escuchar media horita de Jacqueline de Romilly sobre Tucídides, la verdad histórica, la crítica del imperialismo ateniense del siglo v antes de la era común y la decencia inherente a algunos sabios y no a algunas lenguas, puras emulsiones abstractas del espíritu desprovistas de sentimientos, capacidad de decisión moral o necesidad de defecar, entre otras funciones éticas o naturales que sí poseemos los seres humanos. A vos souhaits

(Echadle un poco de paciencia antes de que se cargue el fichero de audio).

«Paris during the occupation 9», foto de juffrouwjo, 3 de julio de 2008 (con un comentario relevante sobre la polémica entorno a la exposición de la que formó parte la foto).