Leo la reseña que hace Stephen G. Burnett de la traducción inglesa que ha hecho Jackie Feldman del libro הצנזור, העורך והטקסט: הצנסורה הקתולית והדפוס העברי במאה השש עשרה (El censor, el editor y el texto: la censura católica y la imprenta hebrea en el siglo xvi) de Amnon Raz-Krakotzkin, publicado en hebreo por la editorial Magnes de la Universidad Hebrea de Jerusalén en 2005. Me sirve, entre otras cosas, para descubrir que alguien se ha tomado el cuidado de publicar una traducción del eminente estudio de Raz-Krakotzkin. Que la traducción saliera en 2007 y que yo me haya enterado en 2009 solo confirma lo que sospechaba: que, en realidad, «mi reino no es de este mundo», como dicen que decía mi tocayo de hace dos mil y pico años. De paso, me ha confirmado alguna de mis impresiones de cuando leí la versión hebrea (por cierto, como libro electrónico), tanto en los aspectos en que estamos (Burnett y yo) de acuerdo con las conclusiones de Raz-Krakotzkin:

Raz-Krakotzkin posits that since the sorts of changes that Jewish editors made before 1553 reflected shifts in Jewish taste (as well as a measure of prudence concerning the possible consequences of printing certain anti-Christian opinions), that such changes were an indicator of a larger shift in Jewish mentality. Against all expectation, the efforts of Catholic censors (mostly Jewish converts) reinforced this shift in Jewish mentality from medieval to modern, which was already underway among the members of a community already seeking to redefine itself as an ethnic religious group within early modern society.

[«Raz-Krakotzkin propone que, puesto que el tipo de cambios que se dedicaron a hacer los editores judíos antes de 1553 reflejaban mudanzas del gusto [lector] judío (así como un rasgo de prudencia ante las posibles consecuencias de poner en letras de molde algunas opiniones anticristianas), tales cambios eran un índice de una mudanza más amplia en la mentalidad judía. Contra lo que se podía esperar, los esfuerzos de los censores católicos (judíos convertidos en su mayor parte) reforzaron esta mudanza en el tránsito que estaba operándose en la mentalidad judía de lo medieval a lo moderno, ya en marcha en algunos miembros de la comunidad que buscaban redefinirse como grupo etno-religioso dentro de la sociedad moderna temprana».]

[Sobre los conversos de judío como censores en la misma época, véase el trabajo recopilatorio de Zeev Gries, «משומדים ומשכילים כצנזורים במאה הי”ט» («Apóstatas y eruditos como censores en el siglo xviii»), Kabbalah: Journal for the study of Jewish mystical texts (Los Ángeles, EE.UU.), vol. xvii (5768=2008), págs. 251-271.]

It was the dialogue between censors, Christian Hebraists, and representatives of the Jewish community that provided a framework within which “Jewish print culture was shaped and the boundaries of reality were defined” (p. 3). Raz-Krakotzkin stresses the importance of “Hebraist discourse” as a cultural space in which Jews and Christians shared common interests and could embark on common projects as a factor in shaping the Jewish literary canon (p. 24).

[«El diálogo entre censores, hebraístas cristianos y representantes de la comunidad judía estableció el marco en que «tomó forma la cultura impresa judía y se definieron los límites de la realidad» (pág. 3). Raz-Krakotzkin subraya la importancia del «discurso hebraísta» como entorno cultural en el que judíos y cristianos compartían intereses y podían embarcarse en proyectos comunes, como factor de desarrollo del canon literario judío (pág. 24)».]

[Yo me permitiría añadir que, aun conociendo el valor polisémico de literary y literature en inglés, quizá hubiera sido mejor afinar la palabra para expresar el concepto. Este canon judío no se refiere a ningún canon de belles lettres al estilo de Bloom, sino al conjunto de escritos, raramente literarios en el sentido artístico del término, que componen los textos básicos del judaísmo religioso y sobre cuyo contenido se discute en las academias rabínicas con pasión de futboleros o paelleros.]

como en los que no:

In the third chapter he focuses on the use of the Index as a tool for indicating permitted knowledge and the boundaries of such knowledge. Raz-Krakotzkin does a fine job of discussing the Index, but I think he overemphasizes its importance as an indicator of Catholic Hebraist influence and interest, especially in Spain and Portugal. Both countries had sizable numbers of New Christians, some of whom were marranos and used Jewish texts (mostly the Old Testament), remembered traditions such as prayers, and reports from their fellows who had occasion to travel outside of Iberia to fashion a distinctive religious identity for themselves. Jewish biblical commentaries, prayer books, or other texts, whether in the original Hebrew, or in Latin or vernacular translations-books that were specifically condemned in the Madrid and Lisbon indexes-would have been far more useful to them than the handful of works by Christian Hebraists, mostly university professors at Alcala, Salamanca, Valencia, or Coimbra, who were active there in the late sixteenth and seventeenth centuries.

[«En el tercer capítulo, se centra en el uso del Índice (de libros prohibidos) como medio de localizar lo que estaba permitido saber y los límites de ese saber. Raz-Krakotzkin realiza buen análisis del Índice aunque, en mi opinión, exagera su importancia como señal de la influencia de los intereses de los hebraístas católicos, de forma especial en España y Portugal. Ambos países tenían un numero importante de cristianos nuevos, entre los que se contaban algunos marranos que se servían, para dar forma su propia identidad religiosa separada, de textos judíos (el Viejo Testamento principalmente), tradiciones que no habían caído en el olvido como las oraciones y noticias de sus correligionarios que habían tenido oportunidad de viajar fuera de la Península Ibérica. Los libros que sufrieron una condena específica en los Índices de Madrid y Lisboa, como los comentarios bíblicos judíos, los libros de plegarias u otros textos, en su original hebreo, en latín o en traducciones a las lenguas vernáculas, les habrían sido de mucha mayor utilidad que el puñado de obras de hebraístas cristianos, profesores principalmente de Alcalá (de Henares), Salamanca, Valencia o Coimbra, que ejercieron en estas univerdades a finales del siglo xvi y en el siglo xvii».]

Aunque esté de acuerdo en que Raz-Krakotzkin exagera la importancia que le podemos dar a los Índices de libros prohibidos que se fueron publicando en los países de la Península Ibérica y, en general, en todo el orbe católico desde la segunda mitad del siglo xvi, como fuente histórica, creo que Burnett se equivoca al afirmar que los libros prohibidos en los Índices habrían sido de más utilidad a los marranos judaizantes para afianzar su fe religiosa que

el puñado de obras de hebraístas cristianos, profesores principalmente de Alcalá (de Henares), Salamanca, Valencia o Coimbra, que ejercieron en estas universidades a finales del siglo xvi y en el siglo xvii.

Burnett no parece conocer las investigaciones de los últimos años en torno a listas de libros requisados tanto en la baja Edad Media como en el principio de la Edad Moderna. Se encuentran libros de factura cristiana en procesos de judaizantes, incluyendo, por cierto, libros de Alfonso de Zamora, como herramientas probables de afianzamiento de los conocimientos escriturísticos y teológicos.

Por ejemplo, en el proceso inquisitorial contra Diogo de Ceuta, presbítero y «clérigo de missa», de familia cristiana vieja, que inició el Santo Oficio de Évora (Portugal), en 1541:

quando alguma pessoa cristão-velho entrava, que o réu logo cerrava os livros em que lia por que se não soubesse o que fazia.

Proceso nº. 1558 de la Inquisición de Évora, Archivo Nacional de la Torre do Tombo, Lisboa (Portugal), fol. 6 recto, citado en la pág. 187 del artículo «O carvalho do pranto: Destino dos livros e manuscritos hebraicos no reino de Portugal», en el libro Os baptizados em pé: Estudos acerca da origem e da luta dos cristãos-novos em Portugal de Elias Lipiner, Lisboa, Vega, 1998, págs. 145-227. En la lista de libros requisados a Diogo de Ceuta que aparecen en el documento «Auto de exame de certos lyvros que fforam achados a Diogo de Cepta clerigo preso o qual o Ifante noso S.or mandou ffazer aos letrados abaixo nomeados», de 10 de julio de 1541, proceso nº. 8729, Inquisición de Évora, Archivo de la Torre do Tombo, Lisboa, se mencionan (cito la lista según la redacta Lipiner, no según en el original):

uma Bíblia de Alcala em latim, hebraico e grego; uma arte (tratado, obra didáctica) de hebraico de Afonso de Çamora, encadernada em papel, começada a queimar por uma parte; outra arte de hebraico do mesmo autor encadernada em pergaminho; um livro escrito em hebraico em pergaminho, encadernado em tábuas, o qual é dos cinco livros de Moisés; um dicionário hebraico de Sebastiano Menistero [Sebastian Münster] encadernado em tábuas de papel; um livro que se chama Beresyt, que é o Génesis, em hebraico, impresso em papel, encadernado em pergaminho; um livro que estão alguns Salmos, impresso em papel e encadernado também em papel; uma arte de hebraico de um autor que se chama Volfangus (?); um livrinho de rezar escrito em papel, em hebraico, grego e latim; um cartapácio de 17 folhas, escrito em letra portuguesa em linguagem, contendo as leis do Testamento Velho, encadernado em pergaminho; um caderno de papel velho, de 11 folhas, contendo certos salmos em linguagem portuguesa; um caderno de hebraico, escrito de mão, desencadernado e atado com uma corda, e outro livro encadernado, escrito em pergaminho e encadernado em tábuas, «os quais dois livros, ss. [scilicet], caderno e livro, ficaram para os ver e examinar depois por quem os saiba ler, ss., por pessoas doutas em hebraico».

Por no hacer muy largas las citas, solo quería apuntar que me sorprende la referencia que hace Burnett a Valencia. Más aún al hablar de «finales del siglo xvi», así como a lo largo de todo el siglo xvii. Ya le he pedido más noticias al respecto, así que lo mismo en los próximos días puedo daros una actualización. Sobre hebraístas, conversos de judío o no, en Alcalá de Henares (siue Complutum) y Salamanca, os tengo ya más aburridos que a una mona. Sobre Coimbra, aunque mis noticias son pocas, lo son más por ignorancia personal que por la probable atención que le haya sido dedicada al asunto. Para situarme del clima social, intelectual y hasta político que crearon las tensiones con los judeoconversos en la Bolonia portuguesa desde el siglo xv, al menos, a mí me han sido muy útiles las siguientes referencias: Elvira Azevedo Mea, «Le Saint Office de Coïmbra – un tribunal de judaïsants au xvie siècle: l’Inquisition comme source de diaspora», Revue des études juives (París), vol. clxvi, nº. 1-2 (2007), págs. 273-279; de la misma autora, «O Santo Ofício de Coimbra : um tribunal para judaizantes – séc. Xvi», Revista de Estudos Judaicos (Lisboa), vol. iii (1996), págs. 27-31; Francisco Moreno-Carvalho, «A newly discovered letter by Galileo Galilei: contacts between Galileo and Jacob Rosales (Manoel Bocarro Francês), a seventeenth-century Jewish scientist and Sebastianist», Aleph: Historical studies in science and Judaism (Jerusalén, París), vol. ii (2002), págs. 59-91; y Manuel Augusto Rodrigues, «Três poesias hebraicas do sêculo xvi em louvor da Rainha Santa Isabel», Arquivo Coimbrão (Coimbra), vol. xxvi (1972), págs. 53-61, que da noticia de la misma práctica de hacer poemas en hebreo en un entorno académico que entenderían cuatro gatos, en la que se lució abundantemente el bueno de nuestro Alfonso.

Pues eso, que en Coimbra algo parece haber. ¿Pero en Valencia?