«Me autoinvito a una reunión de la dirección del PNV. A la entrada todos se saludan con abrazos y palmadas en la espalda. Cuando aparece Ibarretxe hay aplausos y “enhorabuenas lehendakari”, sobre todo “lehendakari“, se escuchan muchos “lehendakaris”, como si por repetir muchas veces la palabra esta se hiciera más real.

Entran en la sala de juntas y todos los presentes se miran a las caras. Nadie dice nada hasta que finalmente, Joseba Eguibar rompe a llorar.

La has jodido Ibarretxe, la has jodido, le recrimina.
¡Aquí nadie ha jodido nada!, dice Urkullu alzando la voz.
¿Nada? Más de veinte años en el poder y ahora nos vamos a quedar en la puta calle, insiste Eguibar.
Amigo Joseba, a ver si te enteras que las elecciones las hemos ganado. ¿Acaso no estabas tu en la foto del domingo aplaudiendo como el primero cuando salimos a celebrar nuestro triunfo? En estas elecciones ha habido un ganador, y no es otro que el PNV. Vete a contarles a los de Eusko Alkartasuna que en realidad las hemos perdido, vete a contárselo a ellos con sus dos diputados a ver que te dicen. O cuéntaselo a Madrazo, que va a tenerse que poner a trabajar, cuéntaselo a Madrazo. Aquí quien ha ganado es el PNV y no me vengáis con mandangas, explica un Urkullu cada vez más exaltado.
Si a mí no me tienes que convencer de nada Iñigo, al que tienes que convencer es a ese, que se va a quedar sin lehendakaritza, responde Eguibar señalando a Ibarretxe.
¡¡Cagoenlaputa!!, grita Urkullu llevándose la mano al cinto en un gesto instintivo de sacarse la pistola. ¡¡A callarse todo el mundo!! ¿De qué cojones me estáis hablando? ¿Me estáis diciendo que una panda de maquetos españoles nos van a robar el gobierno del país? ¡Este país lo gobernamos los vascos y eso no hay ni Dios ni elección que lo cambie!
¿Pero Patxi López no es vasco?, pregunto yo.
Mira niñata: primero, que no sé qué carajo haces tu aquí si no te hemos invitado, y segundo Patxi López trabaja para Madrid, me responde Urkullu con displicencia.
Patxi López no habla euskera, monina. Que yo no me he aprendido el puto euskera para que ahora venga otro a moverme la silla. Si quiere ser vasco que aprenda euskera, como hemos hecho los demás, agrega Ibarretxe.
Es que a mí me resulta un poco extraño eso de arrogarse la legitimidad para gobernar un país por hablar un idioma o bailar el aurresku. Es como si en Madrid solo pudieran gobernar los que supieran bailar chotis, o en Andalucía las que se vistieran de sevillanas, respondo.
Tu lo que pasa es que no tienes ni puta idea de cómo son las cosas aquí. Te vienes de Madrid pensando que lo sabes todo pero no tienes ni puta idea, me dice Eguibar.
Vamos a salir ahí fuera y les vamos a decir que no vamos a consentir que aquí se dé un golpe de estado, explica Urkullu.
Mejor golpe institucional, dí golpe institucional, corrige Ibarretxe.
Pues eso, que aquí no estamos dispuestos a tolerar que unas putas elecciones amañadas, como dijo el compañero Arzalluz, que unas elecciones amañadas nos arrebaten lo que nos hemos ganado con las pistolas… espera, que me estoy liando. Que no, coño, que no le vamos a dejar el gobierno al Patxi ese de los cojones. Que si nos lo arrebatan será por la fuerza y que en este país sabemos muy bien cómo defendernos, concluye Urkullu.
¡Gora ETA!, grita uno.
Calla idiota, le responden.

Y lo que vino después ya lo vimos ayer en la tele.»

Beta, «Gora Eta», Mi madre es idiota, 5 de marzo de 2009.

Ah, esta Beta, siempre tan deliciosa…