«Estos días azules, este sol de la infancia»

En respuesta a los últimos y recientísimos acontecimientos en casa del vecino del entresuelo izquierda de cierta corrala que tiene la entrada de servicio y el Wunderkabinet en Madrid, el balcón con vistas a la playa en Barcelona y el otro, que da a una reliquia de la última guerra nuclear protagonizada por Mel Gibson, en Roma, he sentido la necesidad de realizar una declaración patriótica:

Sí, es Jacques Brel, que era flamenco de nación y francófono de lengua, cantando su bellísima canción Le plat pays («El país llano») en la otra lengua, junto con el francés, de Bélgica, el neerlandés. Con las lenguas, como con las personas, quizá solo sean cuestión de buena voluntad que, como ya se sabe, provoca la «paz en la tierra».

Mijn vlakke land («Mi país sin alturas»)

Letra original francesa y música de Jacques Brel; adaptación neerlandesa de Ernst van Altena.

Wanneer de Noordzee koppig breekt aan hoge duinen
En witte vlokken schuim uiteen slaan op de kruinen
Wanneer de norse vloed beukt op het zwart basalt
En over dijk en duin de grijze nevel valt
Wanneer bij eb het strand woest is als een woestijn
En natte westenwinden gieren van venijn
Dan vecht mijn land, mijn vlakke land

[«Cuando rompe tenaz el Mar del Norte en las altas dunas
y blancos copos de espuma se escabullen encima de las olas
Cuando la tormenta de corazón helado golpea con estrépito el negro basalto
Y encima de diques y dunas se desparrama la niebla gris
Cuando baja la marea, está desolado como un páramo
Y el poniente de lluvia silba el veneno
Entonces lucha mi país, mi país sin alturas.»]

Wanneer de regen daalt op straten, pleinen, perken
Op dak en torenspits van hemelhoge kerken
Die in dit vlakke land de enige bergen zijn
Wanneer onder de wolken mensen dwergen zijn
Wanneer de dagen gaan in domme regelmaat
Een bolle oostenwind het land nog vlakker slaat
Dan wacht mijn land, mijn vlakke land

[«Cuando la lluvia bate en calles, plazas y parques
sobre tejados y agujas de iglesias, altas hasta los cielos,
que son las únicas montañas de este país sin alturas
Cuando, bajo las nubes, las gentes son minúsculas
Cuando los días pasan como se espera que pasen
Un levante sin límites vuelve el país aún más llano
Entonces aguarda mi país, mi país sin alturas»]

Wanneer de lage lucht vlak over het water scheert
Wanneer de lage lucht ons nederigheid leert
Wanneer de lage lucht er grijs als leisteen is
Wanneer de lage lucht er vaal als keileem is
Wanneer de noordenwind de vlakte vierendeelt
Wanneer de noordenwind er onze adem steelt
Dan kraakt mijn land, mijn vlakke land

[«Cuando se encapota el cielo por encima del agua
Cuando se encapota el cielo nos enseñan humildad
Cuando se encapota el cielo como si fuera de piedra
Cuando se encapota el cielo tan pálido como cantos rodados
Cuando el cierzo deshace en partes la llanura
Cuando el cierzo nos roba el aliento
Se agrieta mi país, mi país sin alturas»]

Wanneer de Schelde blinkt in zuidelijke zon
En elke Vlaamse vrouw flaneert in zonjapon
Wanneer de eerste spin zijn lente-webben weeft
Of dampende het veld in juli zonlicht beeft
Wanneer de zuidenwind er schatert door het graan
Wanneer de zuidenwind er jubelt langs de baan
Dan juicht mijn land, mijn vlakke land

[«Cuando el río Escalda brilla con sol meridional
y toda mujer de Flandes luce preciosa en ropa de verano
Cuando la primera araña teje su tela del buen tiempo
O el campo mojado se estremece a la luz del mes de julio
Cuando el mediodía se desliza por los trigales
Cuando el mediodía se regocija por los surcos
Entonces da voces de alegría mi país, mi país sin alturas»]

Quizá se esté de acuerdo en que, para cultivar los beneficios del bienestar y alejar los fantasmas del odio ciego, conviene pensar toda forma de amor como una declaración de humor. En el caso del amor a los países y las patrias, quizá convenga aplicar más humor aún, para conseguir que el amor a la patria -sentimiento que yo no poseo- persista en ser como una caricia íntima y amiga y no degenere en una reivindicación del escuadrón de fusilamiento como forma última del patriotismo.

Exactamente igual que con la celebérrima canción de Jacques Brel, Ne me quitte pasNo me dejes»), cuyo verdadero significado esté tal vez más cerca de la sátira de un hombre absurdamente enamorado que del elogio de ese amor absurdo. Exactamente igual que con el amor que conviene a las patrias: siempre más cerca, mejor sea, de tomarle el pelo que de llevarnos a un pelotón de fusilamiento.

Traduttore che si tradisce: Como el manejo con suficiencia del neerlandés no se cuenta entre mis escasas virtudes, este intento de traducción debe tomarse más como un apaño bastante torpe para daros alguna idea del sentido de la canción, que de una verdad verdadera de lo que le hizo decir Ernst van Altena a Brel. Para la canción francesa original, aquí. Para Brel cantando la versión francesa, aquí (con una traducción inglesa subtitulada casi tan discreta como la que yo hago en este apunte del neerlandés).