Plaza de Vázquez Molina, Úbeda (Jaén).

Plaza de Vázquez Molina, Úbeda (Jaén).

Úbeda y Baeza, que como Dupont y Dupont (Hernández y Fernández en su variación hispánica), Ramón y Cajal y Tom y Jerry, parece que han de nombrarse siempre juntas, comparten una serie de características. Una, fundamental, estar impregnadas de un bellísimo patrimonio edilicio, principalmente del siglo xvi renacentista andaluz, que les hizo, en el año 2003, merecedoras de ocupar el puesto nº. 522 de la lista que, en español, llamamos del Patrimonio de la Humanidad y en inglés, menos antropocéntricos, llaman World Heritage de la UNESCO.

Pero, y de eso me acabo de enterar, parece que contaron con potentes comunidades de conversos de judío e ídem de moro, que como sabrán era la denominación oficialesca de los que un día se fueron a la cama siendo judíos o mudéjares y se levantaron al otro día convertidos (strictu senso) en conversos o marranos y en moriscos. Como en el viejo chiste de los judíos del Este de Europa, en que uno se levanta por la mañana y hace dos cosas al abrir la ventana: mirar qué tiempo hace y ver qué bandera ondea en el puesto de policía, no vaya a ser que en el ínterim del sueño nocturno hayan cambiado de poder imperial («una mattina mi sono svegliato / e ho trovato l’invasor»).

De la existencia de comunidades conversas, no sé si conversas de judías, de moros o de ambos, en las dos perlas renacentistas de Andalucía, me entero por la publicación del último libro de Pedro A. Porras Arboledas, el activo administrador de la lista Histanmeder, «Grupo de discusión académica de Historia de España e Historia del Derecho Español», donde se dan noticias más que discutirlas pero ya está bien que así sea. El libro se titula Las comunidades conversas de Úbeda y Baeza en el siglo XVI, ha sido editado por el Instituto de Estudios Gienenses (¿y por qué se tendrá que escribir con ge?), cuyo servicio de publicaciones no tiene página que yo pueda enlazar. Así que aquí se quedan con una bonita foto del acto de presentación del libro que se celebró en el Hospital de Santiago de Úbeda el pasado día 16 de enero. Aún no he leído el libro, del que me sorprende que no tengan ningún ejemplar en la Facultad de Derecho de la Complutense, donde imparte docencia Pedro A. Porras Arboledas, y que el único ejemplar que esté disponible de momento lo tengan… en mi Departamento de Hebreo. Cosas veredes, Sancho…

Plaza y fuente de Santa Maria, Baeza (Jaén).

Plaza y fuente de Santa María, Baeza (Jaén).

Puestos a dar noticias: me llega, puntual como cada año, la invitación a ir a la benemérita (más sabe el diablo por viejo que por diablo) Semana de Estudios Medievales de Estella. Parece que el anuncio es toda una exclusiva: ni en la propia página de la Semana están puestas las fechas ni el programa de este año. Estella que no es Lizarra, por cierto, al menos en los papeles anunciadores que me remite el Gobierno (¿Foral?) de Navarra. Que tampoco es ya, según parece, gobernua por ningún lado. Y, puntualmente como cada año, tengo otros planes para julio. Además, no es que el programa me entusiasme. No me importaría echarme un ratito de charleta con Ariel Toaff («Ricos y pobres judíos: idea de riqueza y pobreza» -título provisional-). Por si acaso, antes de que alguien (álguiena…) me pregunte: sí, es el hijo del antiguo gran rabino de Roma, Elio Toaff, el del abrazo con Juan Pablo II. Y sí, es el de Pasque di sangue: Ebrei di Europa e omicidi rituali. Sobre todo, es un competente historiador de las comunidades judías italianas de la Edad Media y la Modernidad temprana. Actualmente ejerce de profesor de historia medieval en la universidad israelí de Bar Ilán, de donde estuvieron a punto de largarle a consecuencia de la polémica que causó el libro que he mencionado, Pasque di sangue. Por petición popular y si lo estiman oportuno en los comentarios, podríamos hablar un día de la polémica de Pasque di sangue.

El otro con quien no me importaría echar un ratito de conversación es Giacomo Todeschini («La ricchezza come forma di inclusione sociale e religiosa nell’Italia del tardo Medioevo»), medievalista italiano a quien le oí una ponencia absolutamente soporífera, que luego acabó siendo un artículo que me interesó lo bastante como para seguirle la pista desde entonces: «Credito localizzato, finanza internazionale e diaspora degli ebrei fra xiv e xv secolo», en Fermín Miranda García (coord.), Movimientos migratorios y expulsiones en la diáspora occidental. Terceros encuentros judaicos de Tudela, 14-17 de julio de 1998, Pamplona, Gobierno de Navarra, Universidad Pública de Navarra/Nafarroako Unibertsitate Publikoa, 2000, págs. 199-211. A mí, sus lecciones sobre la invención franciscana del crédito a interés y de la participación de los judíos en un invento fundamentalmente cristiano me han servido de mucho. ¿Qué pensará de Todeschini nuestro medievalista fiscal de cabecera? Por cierto que, ahora que vuelvo a leer las actas de los defuntos Encuentros Judaicos, edición de 1998, veo que Ariel Toaff estaba allí y habló de un tema francamente interesante: «L’espulsione degli ebrei dalla Sicilia nel 1492», págs. 185-198. ¿Será esto una señal? ¿Serán Todeschini y Toaff los Hernández y Fernández del medievalismo italiano actual? Porque Ariel será residente y ciudadano actualmente israelí, pero si ustedes le vieran y le oyeran, no les cabría la más mínima duda de que el hombre es italiano. Y si fueran ustedes señoras, les quedarían menos dudas todavía.

En la Semana estellesa de este año está prevista también una ponencia de la arabista Maribel Fierro, «La percepción social y religiosa de la riqueza y pobreza en el Occidente islámico medieval (ss. viii-xv)», que, solo sea por su cronología, es un verdadero tour de force. El hecho de que, mirado de alguna manera, el programa de este simposio navarro se puede resumir como si fuera un chiste («Estaban un hebraísta, una arabista y un porrón de medievalistas…») no puede dejar de hacerme reflexionar. En casi todos los eventos de este género, medievalistas sobre todo y particularmente los celebrados en España, parece que hubiera una cuota que cubrir, que exige la presencia de, por lo menos, un marginalista que se ocupe de las comunidades humanas que quedan más bien al margen. Al margen de las competencias del grueso de los medievalistas, no al margen de las sociedades, medievales en este caso, en las que vivieron esos presuntos grupos marginales. Y en algún caso, como en buena parte de la historia de las comunidades musulmanas en la Península, en situación de superioridad social o, alternativamente, de mayoría numérica. Ya digo que la cuota exigiría la presencia de al menos un representante de estas disciplinas marginales, pero no implica la escucha activa de los argumentos que estos especialistas puedan aportar, ni de sus prioridades de investigación ni, sobre todo, de cuestionar las bases de los propios saberes (¡Dios nos libre!). Aplicado especialmente al caso del estudio de la Península Ibérica medieval, ¿para cuando el medievaléitor que reúna en su formación y en su capacitación el medievalismo cristianista, a la vez castellanólogo, portuguesólogo y coronadearagonesista; el hebraísmo, la andalusiología, la paleografía no entendida solo como un juego gimnástico acrítico, y la atención, en general, a las llamadas displicentemente disciplinas auxiliares de la historia? ¿Para cuándo? Para cuando las ranas críen pelos y escriban libros de historia…

Por rematar, me llega también el anuncio de la salida del último volumen, que hace el número 18, del BAMAT, es decir, la Bibliographie annuelle du Moyen Âge tardif. Auteurs et textes latins, recopilado por la Sección Latina del Institut de Recherche et d’Histoire des Textes del CNRS, en París. Una nadería: apenas 4.373 entradas en 698 páginas. La publicación, como la propia Sección Latina del IRHT está dirigida por Jean-Pierre Rothschild. ¿Que quién es Jean-Pierre Rothschild? ¡Ah! Jean-Pierre Rothschild… Jean-Pierre Rothschild es… Jean-Pierre. Señores, lo siento, pero es que para hablar de Jean-Pierre Rothschild necesitaría dos apuntes de mi blog. Qué digo: necesitaría dos blogs enteros. Yo me tengo que declarar devoto seguidor de sus interesantísimos cursos sorbonianos, impartidos con su inimitable talante soporífero. Qué digo talante: ¡talento! Para un grado tal de falta de elocuencia se precisa un talento solo al alcance de los grandes: Mabillon, Delisle, Mas-Latrie… Dejemos de lado su gentileza malvadísima o su maldad extremadamente gentil. N. se acordará, como me acuerdo yo con un placer de refinada tortura china, de esa inolvidable tesis que casi hizo perder aviones, paciencia y futuras habilitations. ¡Ah, les petits plaisirs malins!