"Vista de Paris" (?) de Marc (Moïse) Chagall, cuya fecha de composición (¿1952?) y lugar de conservación (¿revue Verve, nº. 27-28?) no he conseguido precisar.

"Vista de París" (?) de Marc (Moïse) Chagall, cuya fecha de composición (¿1952?) y lugar de conservación (¿revue Verve, nº. 27-28?) no he conseguido precisar.

Resulta fascinante hasta qué punto este repertorio de niggunim ha podido absorber melodías tan diferentes como variadas, y en algunos casos completamente inesperadas. Sucedió que hace algunos años, mientras estaba realizando grabaciones en los círculos lubavitch de París, quedé sorprendido al escuchar de pronto a mi interlocutor entonar una oración de Simhat Torá (Ha’aderet ve-ha’emuná) ¡con la melodía de La Marsellesa! Intrigado por este préstamo tan poco «ortodoxo», pregunté a mi informador sobre la procedencia del canto. Según me contó, la introducción de esa melodía en la liturgia era algo relativamente reciente, pero no fue capaz de darme más detalles. Me dirigí entonces a la comunidad lubavitch de Jerusalén por intermediación de la señora Gila Flam y del señor Israel Adler. Tras una breve indagación, lograron obtener las explicaciones siguientes. Hace una treintena de años, cuando el movimiento Habad estaba aún poco extendido en Francia, una centena de judíos franceses fueron a Nueva York a ver al rabí de los lubavitch. Este último, que conocía Francia muy bien porque había estudiado varios años en la Sorbona, les tenía reservado un recibimiento particularmente caluroso. Y decidió que, en su honor, una de las siete hakkafot (procesiones) de Simhat Torá sería cantada en adelante con la música de La Marsellesa. En aquella ocasión, hizo hincapié que el himno de los luvabitch -que empieza con la palabra Ufaratsta (“Llegarás a ser fecundo”; Génesis 28)- es claramente el anagrama de la palabra Tsarfat (que significa “Francia” en hebreo). Según la gematria (procedimiento numerológico de interpretación), estas dos palabras mantienen una relación profunda y armoniosa. Por otra parte, el total cifrado de sus letras es de 770… cifra que se corresponde con el número de la casa del rabí en Nueva York (770 Eastern Parkway, Brooklyn). Con motivo de esta doble simbología, La Marsellesa sigue estando hoy presente en las oraciones de los lubavitch. Si uno está al corriente del carácter beligerante de la letra de este himno, hay desde luego motivos para extrañarse. Pero para los hassidim, cualquier melodía, tanto la más impura como la más banal, encierra un destello divino que la devequt permite desvelar.

Hervé Roten, Músicas litúrgicas judías: itinerarios y escalas, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2002 (primera edición francesa de 1998, Cité de la Musique/Actes Sud), traducción de Icíar Alonso Araguás, págs. 74-75.

Actualización: Me llega la noticia de que ya ha salido el último número de la revista Peamim, del Instituto Ben-Zvi de Jerusalén. La revista se dedica al estudio de las llamadas comunidades orientales: norteafricanas, sefardíes en sentido amplio (incluye las comunidades griegas y balcánicas, por ejemplo), en algún caso las italianas (por aquello de la presencia sefardí), etc., etc. El último número, que hace el 117, se centra monográficamente en “música, literatura y folclore”. El primer artículo lo escribe Abraham (Avi) Eilam-Amzallag, oriundo de Casablanca aunque residente en Herzlia (Israel) y profesor en la Universidad de Haifa (¿o en Beer-Sheva?). Se titula «לחנים ומבנים מלודיים צרפתיים בשירת יהודי מרוקו» («Melodías y estructuras melódicas francesas en la poesía de los judíos de Marruecos»). Habla de la influencia de la música francesa en la manera de hacer música -más que poesía- de los judíos marroquíes a partir del establecimiento del Protectorado, el siglo pasado. No sé si habrá casos tan curiosos como el de los Lubavitcher marsellesófilos.

He hablado poco de música, creo, por aquí. Me parece que tendré que hablar más. ¿Conocen ustedes, por ejemplo, la Orquesta Andalusí de Israel, con sede en Ashdod? Pues conózcanla, conózcanla, y luego me cuentan.