Os dejo las llaves de esta casa, las plantas regadas y las persianas echadas de momento. Podéis levantarlas cuando os plazca. Ya os digo que tenéis la casa hasta que vuelva. Y luego, en realidad, también, para que nos vamos a engañar. Haced uso libre de nuestro servicio de bar. Volveré para cuando ya arrecie el frío: más o menos cuando por mi pueblo anden preparando la masa de los buñuelos y el horno para los huesos de santo:

Para cuando vuelva a encontrarnos por aquí, tengo pendiente hablaros de una lengua que dicen misteriosa, presuntamente muda durante dos mil y pico años, y tremendamente vocinglera desde hace cien. Quizá nos lleve, vista la enjundia del tema, más de un capítulo. También habrá que hablar de letras, de formas de letras, de nombres de letras, de conjuntos de letras. Eso también dará para otro capítulo. Y, por supuesto, habrá que seguir contando las venturas y desdichas del maestro Alfonso, en la tercera entrega de sus retazos biográficos. Y convendrá dar algún detalle de unas instituciones a veces dignas de todo crédito, otras, de todo escarnio: las bibliothecae alfonsinae.

Pero todo eso, queda dicho, para cuando el frío haya dejado de ser fresco. Mientras, גמר חתימה טובה, que os consignen (u os sellen) para bien.