El entorno informático que sostiene los entramados de este blog tiene un chivato que me va diciendo cada día alguna cosilla de los que entráis. Por ejemplo, con qué términos de búsqueda llegáis aquí con un gugleo. El que más gracia me ha hecho, de momento, es algún cibernauta que acabó leyendo cosas de un señor muerto en la primera mitad del siglo xvi , aunque lo que estaba buscando era a otro señor muerto en la segunda mitad del siglo xx. Concretamente a Josep Pla:

Sabia moltes coses, però totes les sabia malament.

Que además la frase en cuestión del maestro de Llofriu (que confirma la acérrima catalanofilia –sentida a la manera de València de quien esto escribe) me sirviera para hablar del mund(ill)o académico (odi et amo), no deja de tener su aquel, rematadamente irónico. En cualquier caso, el anónimo cibernauta tenía razón y éxito en su búsqueda: la frase en cuestión es el perfecto resumen, no ya de cómo soy, sino de mi circunstancia. Y cada día el gallo canta para revelarme otra ignorancia mía más que desconocía.

Vuelvo a Pla, saqueando una frase con la que me he topado a la entrada de la página de la fundación que hoy lleva su nombre:

La biblioteca ha de demostrar constantment que davant de l’accés al coneixement, tothom és igual i posseeix la mateixa dignitat.

Ahí queda eso.