Vale que aquello de que «mal de antiguos, consuelo de tontos» es prudente máxima, pero algo consuela, aunque sea a un tonto ratón de biblioteca como el que suscribe:

BIBLIOTAPHE, s. m. (Littérature.) enterreur de livres. Quoique ce mot composé de BON, livre, & de TAPO, j’ensevelis, ne se trouve pas dans les dictionnaires ordinaires, il doit avoir place dans celui – ci, parce qu’il mérite autant le droit de bourgeoisie que bibliographe, & sur – tout parce que les bibliotaphes n’amassent des livres que pour empêcher les autres d’en acquérir & d’en faire usage

[Que viene a decir, más o menos: «Bibliótafo, substantivo masculino (Literatura.) enterrador de libros. Aunque esta palabra […] no está recogida en los diccionarios normales, debemos darle su sitio en la presente obra, pues merece la naturalización tanto como bibliógrafo y, sobre todo, porque los biblótafos amasan libros con el único propósito de impedir a los demás que los adquieran y los usen».]

Mais en général, il y a des pays où cette dureté est rare. En France, par exemple, où l’on a plusieurs bibliothèques pour la commodité du public, on y est toujours parfaitement bien reçu, & les étrangers ont tout lieu de se louer de la politesse qu’on a pour eux. Gronovius mandoit au jeune Heinsius, que son ami Vincent Fabricius lui avoit écrit de Paris, que rien n’égaloit l’humeur obligeante des François à cet égard.

[Que viene a querer decir: «Pero, en general, existen países donde no es frecuente este comportamiento severo. En Francia, por ejemplo, donde existen varias bibliotecas para el solaz público, se dispensa siempre una perfecta acogida, y los extranjeros no tienen sino palabras elogiosas respecto de la cortesía con que se les trata. Gronovius dejó dicho al joven Heinsius que su amigo Vincent Fabricius le había escrito de París, diciéndole que nada igualaba el obsequioso talante de los franceses a este respecto».]

Vossius éprouva tout le contraire en Italie. Ce n’est pas seulement à Rome que l’entrée des bibliotheques est difficile, c’est la même chose dans les autres villes. La bibliotheque de S. Marc à Venise est impénetrable. Dom Bernard de Montfaucon raconte que le religieux Augustin du couvent de la Carbonnaria à Naples, qui lui avoit ouvert la bibliotheque de ce monastere, avoit été mis en pénitence pour récompense de cette action.

[Que significaría aproximadamente: «Vossius experimentó justo lo contrario en Italia. No solo es que Roma sea difícil entrar en las bibliotecas, sino que ocurre lo mismo en otras ciudades. La biblioteca de San Marcos de Venecia es impenetrable. El padre Bernard de Montfaucon cuenta que al religioso agustino del convento de la Carbonnaria de Nápoles, que le había abierto la biblioteca de este monasterio, le habían obligado a hacer penitencia en premio de tal acción».]

Encyclopédie, ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers […], tomo xvii, pág. 757, Neuchâtel, 1765, sub voce «Bibliotaphe».

En la época de los robos ptolemaicos en la Biblioteca Nacional de España y de los dimes y diretes entre Madame Guatemala y Monsieur Guatepeor, se multiplicaron los periodistas que fueron a preguntar por las cosas del libro antiguo y sus asuntos. O no siempre les contestaron o no siempre oyeron lo que tenían que oír, sino lo que la prisa o la ignorancia les dictó. Recuerdo un fragmento periodístico que me hizo temblar particularmente:

Y es que, mientras el escándalo político crecía, por la cabeza de muchos expertos rondaba una pregunta: ¿es sensato prestar estas reliquias a la gente, por muy investigadora que sea, cuando está demostrado que no es posible velar por su seguridad al cien por cien? […] ¿No sería más sensato concentrar las energías en digitalizarlo todo y permitir las consultas sólo en este soporte? […] Hay quien piensa que el contacto con el libro es imprescindible para el investigador verdadero. Pero ese argumento no choca tampoco con la digitalización de fondos, que es ya una realidad en algunas de las bibliotecas más importantes del mundo. […] Aun así, la ex directora considera que los riesgos de sufrir un robo son similares en todas las grandes instituciones de este tipo. De hecho, la Nacional ha sido víctima de sistemáticos saqueos a lo largo de su vida. “Hasta hace unas pocas décadas era frecuente que los historiadores de fama se llevaran legajos a su casa”, dice Ángel Alloza, historiador e investigador del CSIC, que conoce a fondo el mundillo. […] Pero el desinterés general no es incompatible con la codicia de los bibliófilos caprichosos. Por eso, las bibliotecas apuestan por perpetuarse en el soporte digital.

Lola Galán, «No toquen el incunable: La digitalización de fondos podría prevenir los robos en la Biblioteca Nacional», El País, 2 de septiembre de 2007.

La autora gacetillera de la pieza (des)informativa dice tal cantidad de sandeces, propias, mal digeridas o inducidas (tanto da) en tan pocas líneas, que recuerdo como si fuera ayer el respingo que di en el asiento mientras leía el reportaje. Teniendo en cuenta que El País parece que sigue siendo el primer periódico generalista de España y que, pese a todo, es uno de los pocos cuya lectura provoca, en general, una media sonrisa algo melancólica en lugar de una indignación desenfrenada o una risa entre histérica y jupiterina; el respingo del codicólogo que soy, pero también del bibliógrafo (material, analítico o básico, como prefiráis) era comprensible. ¿Y si alguna de las testas coronadas por el mandato ciudadano de gestionar lo público se creía esta sarta de estupideces medio iletradas? ¿Y si de verdad nos cortaban, a los investigadores – falsos, verdaderos, mediopensionistas, autóctonos, autocéfalos, autodidactas, autorizados, autómatas…- el acceso a los fondos? Quiero decir: ¿y si de verdad acababan cortándonoslo aún más? ¿Les iba a coger yo las medidas de la sisa y los bajos, puntizones y corondeles, a los manuscritos… por internet? ¿Le iba a ver yo las filigranas a los libros… por correo electrónico?

Menos mal que hay siempre mejores cosas que hacer que disputarles el sitio a los asnos de oro de la vida pública en general y la española en particular. Parua leues capiunt animos…