Sí que no siempre se está en los templos; no siempre se ocupan los oratorios; no siempre se asiste a los negocios, por calificados que sean. Horas hay de recreación, donde el afligido espíritu descanse. Para este efecto se plantan las alamedas, se buscan las fuentes, se allanan las cuestas y se cultivan, con curiosidad, los jardines.

Miguel de Cervantes, “Prólogo al lector” de sus Novelas ejemplares, ya que aún no he encontrado a la deliciosa lozana andaluza en mis vueltas y revueltas por Roma. (Momento cervantino inspirado por Rafael Reig).

PD: Acabo de volver de Nápoles. Solo tengo un pero: que el manuscrito alfonsino que he descubierto, poblado de secretos y serendipias, tenga que haber acabado, precisamente, en Nápoles. ¡Malhaya el Cardenal Brancaccio!