¿Por qué habrá un escudo franquista (ergo un ejemplo por antonomasia) esculpido en piedra, tirando a nada discreto, encima del portal del número 41 del Corso del Rinascimento romano? Me he calado las gafas de sol de espía mostoleño, he ido a echar un discreto vistazo al telefonillo dorado, típicamente romano pijo, pero solo he encontrado un “Fernández” quizá incriminatorio. Claro que yo tampoco valgo un pijo como detective.

La cosa, me perdonarán ustedes, tiene su aquel, porque es que servidor pasa todos los días por ahí (diga lo que diga Google Maps, por cierto, que uno tiene sus razones al taglio).