Me encuentro con una mención a algo que me tuvo pensando en un cierto momento: si Alfonso de Zamora llegó a ser profesor en Alcalá de dos egregios biblistas castellanos del xvi, fray Luis de León y Benito Arias Montano. Del segundo estoy casi seguro que no, por la mera transposición de fechas. Cuando Arias Montano llegó a Alcalá, Alfonso debía de estar a punto de morir. Pero con fray Luis podrían coincidir las fechas. Podrían, pero de momento no he encontrado pruebas documentales. Todo sea dicho, ni a favor ni en contra.
En la reseña que le hizo al libro de Javier San José Lera, Fray Luis de León. Exposición del libro de Job, Salamanca, Universidad, 1992, dos tomos (que tendré que consultar en algún momento), Dominique Reyre parafraseaba lo que afirmaba el autor del libro:

A manera de introducción, el autor se opone a las teorías de Macri y Arkim que atribuyen a la tradición hispano-sémita [sic] de Fray Luis de León a su ascendencia judía. […] Prefiere situarla como resultado de una triple formación intelectual: la de la orden de San Agustín, la de la Universidad de Salamanca y, sobre todo, la de la Universidad de Alcalá que no ha sido bastante valorada, según el autor. En el ambiente intelectual de la orden agustiniana recién reformada y en la Universidad de Salamanca, con el famoso dominico Melchor Cano, aprendió Fray Luis la aplicación de las tres lenguas bíblicas a la crítica del texto sagrado. En la Universidad de Alcalá donde eligió hacer curso de Biblia encontró a Alfonso de Zamora, jefe de la escuela hebraica de la Universidad, que habría traducido al castellano el famoso comentario de Isaías de David Quimhi [sic]. Este encuentro fue decisivo para él.

A mí me suena un poco a chamusquina de fuente secundaria, o terciaria, mal digerida. Más aún cuando la reseñadora señala al final que el autor del libro, no tiene ni repajolera idea de exégesis judía:

Dice pesat o literal, midrás o alegórico, sechel o tropológico, cábala o místico citando textualmente el trabajo de Andrés Melquiades (Teología española en el siglo xvi, Madrid, 1976)

un libro bastante poco informado, si no embrollado, en la parte hebraística. Además parece que San José Lera tiene que recurrir a otras fuentes de segunda mano cuando tiene que lidiar con la cultura que la autora de la reseña llama rabínica (exagerando un término que tiene otras connotaciones).

En resumen, no hay nada en la reseña que me incite a buscar en el libro de San José Lera justificación documental de una posible discencia de fray Luis con Alfonso, en la etapa alcalaína del maestro del  apócrifo Decíamos ayer. Menos aún cuando, por la fecha (1992), como por la falta de talante historiográfico del editor del comentario de fray Luis a Job, es imaginable que no pudo recurrir a las exumaciones abundantes y diversas que ha ido haciendo José García Oro de documentación de archivo que tiene que ver con la Universidad Complutense en la primera mitad del siglo xvi.