Por una vez, y supongo que sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con uno de los gerentes del holding Vaticano S.r.l.: i libri senza lettori sono morti, dice el cardenal Raffaele Farina, salesiano, Archivista e Bibliotecario di Santa Romana Chiesa, que nada tiene que ver (como yo creía en mi ignorancia) con el prefecto de la Biblioteca. Dice muchas cosas Su Excelencia Reverendísima. Entre otras, que la Biblioteca podría estar reabierta ya para 2009 pro communi doctorum virorum commodo, esperando que lo de uirorum sea puro estilo del Cinquecento eclesiástico tirando a patriarcal (sinónimo de machista) y que una sabia rectificación incluya las doctae mulieres al menos en el uso y disfrute de la Biblioteca, ya que no en el sacro ejercicio de la dispensación de todos los sacramentos de la Iglesia Católica.

Dice otras cosas interesantes el cardenal Farina. Describe por ejemplo las diferencias de régimen legal entre Biblioteca Apóstolica Vaticana y Archivo Secreto Vaticano, de cierta relevancia para los que somos ignaros en materia vaticana, como un servidor:

[…] Cioè la dipendenza diretta dal Papa, evidente già dal nome di biblioteca “apostolica”, cioè “palatina”, che fa parte del Palazzo apostolico. Un titolo che non ha l’Archivio Segreto Vaticano, del quale però la Curia non potrà mai fare a meno. Paradossalmente dalla biblioteca potrebbe prescindere, ma dall’archivio no. L’archivio, tra l’altro, non ha i problemi di spazio che ha la biblioteca, perché i suoi ambienti sono più grandi tre o quattro volte quelli della biblioteca.

En resumen: espero que el ejemplo vaticano se extienda a todos los responsables de bibliotecas de fondo antiguo, aquejados del mal de la inmortalidad. He acabado por pensar, porque si no se me haría incomprensible, que el acceso a veces nulo a los materiales nace de un convencimiento íntimo de que, si los libros que la res publica les tiene encomendado conservar (¿y desde cuándo conservar es un sinónimo de aherrojar o un verbo denominativo de la raíz de incuria?) consiguen alcanzar la inmortalidad física, así también los conservadores de las bibliotecas, trasuntos de alguna manera de vampiros biblioteconómicos, alcanzarán la vida eterna en este mundo. Una superstición tan nula de sentido como los mitos del desayuno fuerte, la Santísima Trinidad o los beneficios del orgasmo simultáneo. Pura palabrería para ir jodiendo al personal, en suma.

Como remate, que quien quiera se dé un garbeo por la página de la B. A. V., otro ejemplo de cómo se pueden hacer las cosas (las webs) ligeras, atractivas, coloristas y eficientes.

Και τώρα τι θα γένουμε χωρίς βαρβάρους.
Οι άνθρωποι αυτοί ήσαν μιά κάποια λύσις.

Konstandinos P. Kavafis, Περιμένοντας τους Βαρβάρους.