Revisando la jungla de correos atrasados, atrasadísimos y definitivamente (casi) perdidos en la genizá sin remedio de mi bandeja de entrada, descubro un boletín antiguo de Yarnton Manor, casa solariega (y quizá solaciega) del hebraísmo oxoniense y ramas afines. Y me llevo una sorpresa: un David Patterson Seminar de título «Conversos as New Christian Hebraists in 16th century Spain». Como yo llevo danzando con Alfonso de Zamora (New Christian hebraist in sixteenth-century Spain par excellence) algún tiempo más que desde abril de 2007 (fecha del seminario en cuestión) y, en cualquier caso, quien perpetró el seminario en Oxford lleva bastante menos interesado en tan atrayente asunto (si es que de verdad se ha interesado alguna vez), me entra de repente por todos los poros un olor a chamusquina que me pone de muy mala leche. Quizá no sea para alarmarse: como ya dejó escrito hace muchos siglos Terenciano Moro (que de paleto solo tenía el nombre), pro captu lectoris habent sua fata libelli. Es decir, que ya puede hincharse hasta reventar (no caerá esa breva) a leer papeles viejunos de hebraístas judeoconversos del xvi español (de cuando España aún no era España ni se la esperaba, por cierto) que todo dependerá, al fin y al cabo, de la capacidad lectora. Iba a decir lecto-escritora, como quiere la teoría razonada, pero no, porque escribir, y en letra gorda, está más que demostrado que se le da divino de la muerte.

A ver si se me pasa la mala leche sionista oyendo Reshet Gimmel. Ya se sabe: «Cuando oigo canciones de la Entidad Sionista, me entran ganas de invadir Gaza (y Cisjordania)». O de soltar sabiduría antigua de pueblo valenciano, que sé que el conferenciante casualmente oxoniense disfruta de nivell lo menos D de valencià del nord: «carreters serem i en el camí ens trobarem».