Me llevo una sorpresa leyendo Escrituras y escribientes: prácticas de la cultura escrita en una ciudad del Renacimiento, de Antonio Castillo Gómez (Las Palmas de Gran Canaria, Gobierno de Canarias, Fundación de Enseñanza Superior a Distancia de las Palmas de Gran Canaria, 1997), un libro que he tardado más tiempo del que hubiese querido en conseguir que me llegase a las manos.

En la página 101 me encuentro esto (en una fotografía cuyos derechos pertenecen a María del Mar Graña Cid, según el pie de foto. Como ignoro el estado de los tales derechos, de momento la foto se queda aquí, pero si hay que quitarla se quita y aquí paz y después gloria):

El llamado "bastón" del Cardenal Cisneros, pieza nazar de finales del s. xiv

El llamado "bastón" del Cardenal Cisneros, pieza nazarí de finales del s. xiv

Un prestigio del escrito que, a veces, rehuye el mensaje estrictamente textual e incluso la adscripción ideológico-cultural de ciertas inscripciones. Me refiero […] a las escrituras cúficas que adornaban las paredes del suntuoso Salón de Concilios del Palacio Arzobispal, entremezcladas con las yeserías y el rico artesonado mudéjar. […]

Un caso parecido al del bastón del Cardenal Cisneros, una vara de mando de monarca o persona principal de la corte nazarí, que, por el tipo de decoración, se puede datar entre 1354 y 1408 […]. Para algunos llegó a Alcalá como parte del botín de la participación de Cisneros en la guerra contra los musulmanes – por la misma razón que se trajo la lámpara de la Mezquita Mayor de la Alhambra – y para otros fue un regalo que el Cardenal recibió de Pedro López de Orozco, el Zagal. Lo cierto es que la empuñadura, formada por una bola bulbosa seguida de cuatro paralelípedos separados dos a dos por una porción cilíndrica, está escrito el lema habitual de los reyes nazaríes: “Y solo Dios es vencedor”, obviamente en escritura arábiga (fig. 19). ¿Entendió Cisneros el verdadero significado del lema? ¿trató con ello de recristianizarlo como hizo con el barrio de la morería? ¿qué intención albergaba el zagal, si fue él quien le regaló el bastón? O, sencillamente, ¿fue solo un precioso botín de guerra, cuya inscripción debió tener tan escaso significado como los letrerillos estereotipados tan comunes en el llamado estilo Cisneros?

Castillo Gómez, Escrituras y escribientes, pág. 100

Tanta pregunta y tan ociosa merece unas respuestas. Así que, por orden: sí; ¿y por qué?; ¿y por qué es pertinente la pregunta?; ¿desde cuándo los “botines de guerra” son solo botines de guerra?

En resumen: una nueva muestra de aquello tan académico de que, los de antes, fueron todos tontos, están todos muertos, la mayor parte fueron unos bastardos y, en cualquier caso, bien está en que sigan siendo lo que son: invisibles.

Y aquí paz y después gloria. Gloria para nosotros, los de ahora.