En esta fábula [milesia] escribió Apuleyo su Asno dorado y Mahoma escribió su Alcorán, y todos los Milesios escribieron sus caballerías amadísicas y esplandiánicas herboladas. De este género de fábulas amonesta el apóstol a Timoteo que huiga.

Alejo Venegas, «Prólogo» y «Epílogo» a Theológica descripción de los misterios sagrados de Alvar Gómez de Ciudad Real, Toledo, Juan de Ayala, 1541,

Hay otra tercera diferencia de fábulas, que no están debajo de la poesía racional, sino de la corrupta: las cuales de la ciudad de Mileto, que es en Jonia, donde se inventaron, se llamaron milesias. De esta diferencia de fábulas vanas amonesta el apóstol a Timoteo que huiga en el capítulo IV de la primera epístola. En este tercero género de fábulas desvariadas están escritos el libro de la Cábala y el Talmud de los judíos, con que sofísticamente aun no pueden defender los desatinos de su incredulidad. En este género de fábulas milesias está escrito el Alcorán de Mahoma, a quien los moros llaman Muhamedes, que es una secta cuarteada, cuyo principal cuarto es la vida porcuna que dicen epicúrea. El segundo es tejido de ceremonias judaicas vacías del significado que solían tener antes del advenimiento de Cristo. El tercero cuarto es de las herejías arriana y nestorea. El cuarto es la letra del evangelio, torcida y mal entendida, conforme a su desvariado propósito. También son fábulas milesias de este jaez la Çuna y la Xara que urdieron los moros en su iglesia de malignantes. En esta diferencia de fábulas escribió Apuleyo su Asno dorado y en nuestros tiempos con detrimiento de las doncellas recogidas se escriben los libros desaforados de caballerías, que no sirven sino de ser unos sermonarios del diablo, con que en los rincones caza los ánimos tiernos de las doncellas.

«Prólogo» a Leon Battista Alberti, La moral y muy graciosa historia del Momo […] trasladada en castellano por Augustín de Almazán, Alcalá de Henares, Juan de Mey, 1553.

Razones nada milesias sacadas del entretenido y ameno artículo de Donatella Gagliardi, «Malos libros en la España del XVI: la fábula milesia de Vives a Venegas», Studia Aurea, 2, URL: http://www.studiaaurea.com/articulo.php?id=85

Por los años en que salió publicada la Theológica descripción de los misterios sagrados editada por Alejo Venegas, a Alfonso de Zamora le quedaban dos telediarios. Para cuando La moral y muy graciosa historia del Momo estaba a la venta en librerías (vamos, en casa de los impresores), el bueno de Alfonso ya debía de estar de animada cháchara con los misterios insondables de la Cábala de verdad, esa de la que nadie conoce el verdadero rostro. Lagarto, lagarto…

El caso es que, como era de prever, Venegas se ejercita en un género literario. No parece que la polémica le interesara mucho. Antes como ahora, y probablemente con buenas razones en ambos casos, a los hombres (antes uires, ahora homines) de la academia no se les hacía mucho caso. De modo que el ¿prontuario polémico? del Libro de la sabiduría divina (el que por no romperse la crisma – «¡No me pegues en la cabeza, que estoy estudiando!» – llama su ¿editor? (ecdótica, cuántos crímenes se cometen en tu nombre) El manuscrito apologético de Alfonso de Zamora) quedó como tenía que quedar: sin leer, en manuscrito y con una columna blanca y radiante, como (va) la novia. Como el shabbat.

Pues nada: semanada buena