Hay veces en que la gramática es a los estudios humanísticos (errare humanum est; será por eso que se llaman humanísticos) lo que la lejía es a la limpieza del hogar: una obviedad necesaria. Si ambas faltan (y aún mas si falta la fregona de la ortografía) más vale que tiremos el pozal del estudio humanístico por la ventana, con cuidado de no manchar a nadie.

Y luego está Claire Weil, que se complace en construir châteaux en Espagne con la ayuda de un español aprendido con la misma pertinencia que la expresión de un guiri en un bar de carretera. Mais qu’est-ce qu’on bouffe bien en Espagne quand même !

Il semble bien que le ladino, langue et traduction liturgique des Marranes, nous dise le marranisme. Par marranisme, entendons la réponse des Juifs de la Péninsule ibérique aux menaces de l’Eglise et aux conversions forcées, dès le Moyen Age, réponse qui se caractérise par un double mode d’existence, patent et caché. En apparence, le Marrane est devenu chrétien, en réalité, il est resté juif ; son être, pour une langue, nous dirions sa structure, est hébreu, son paraître (les mots, et la graphie parfois) chrétien (cela correspondrait au castillan au ladino [sic]). Nous n’inventons pas pour les besoins de notre démonstration une correspondance entre castillan et christianisme, elle se retrouve même dans une expression, souvent et significativement mise a l’impératif, et encore en usage de nos jours : “hablar en cristiano”, c’est-a-dire, parler un bon castillan ; on pourrait traduire par “parler francais”.

Claire Weil, “TU NE TRADUIRAS POINT. [sic] Approche des Pirke Aboth en ladino édités à Ferrare en 1552″, en Ilana Zinguer (ed.), L’Hébreu au temps de la Renaissance, Leiden, Brill, 1992, pág. 125.

O sea que el ladino era judeoespañol calco… ¿marrano? ¿Y no les habría valido más la pena (la pena de que les mandaran derechitos y con sambenito a la hoguera) escribir en cualquier aljamiado que fuera de su agrado? Porque marranos son los que se quedaban en España. Los de fuera se convertían en sefardíes (casi por el mismo arte mágico de birlibirloque que convierte en el espacio de unos meses a los mudéjares en moriscos). Y vueltos sefardíes podían ir tranquilamente libres y ufanos, dispensados de temores, usando el ladino, o judeoespañol calco para lo que sirve, que es para entender la Biblia y no para escribir el Me-ʕam loʕez.

Y si solo fuera eso. Pero es que además la Weil tiene esa cosa tan francesa de hurgar la paja en el ojo ajeno. Pero, hélas!, también tienen viga en el propio œil. Aún le daré más munición a la Weil: en español no solo se perpetra pero quieres hacer el favor de hablarme en cristiano (por cierto, espetado a gente tan católica como los euskaldunes, los que parlan clar i català y los de donde los rumorosos da costa verdecente bastante más que a moros y judíos) sino que, un día en que se levante uno con el pie izquierdo, no estaré católico. Exactamente igual que el francés être catholique.

Cela ne pouvait pas être aussi naturel que cela en avait l’air. Il y avait, dans cette histoire, quelque chose de pas catholique…

Henri Queffélec, Un Recteur de l’île de Sein, 1944, p. 193.

¿Abundaban tambien en Francia los marranos? Del pretérito no sé. Del presente, lo afirmo. Pero ya es otra historia (con cierta relacion con la lejía, il faut tout dire).

No somos nadie. Y cuando hacemos lingüística-ficción, somos aún menos que nadie.

Très joli le château, mais… elle est où, Madame la Marquise?

Probablemente con el Barón de Bidet