Si consiguiera alejar toda sombra de repetición mecánica de una plantilla prête-à-porter, enemiga del saber  (y de saber dicen que tienen que estar hechas las tesis. Vaya Vd. a saber…), quizá la propuesta filosófica sistémica de Mario Bunge sería un buen punto de partida para intentar darle algo de sentido a la investigación de lo escrito, que dado el siglo que nos ocupa llamamos paleografía. Quizá todo análisis de la morfología de la letra escrita dependa de la composición, el entorno, la estructura y el mecanismo para que los que la vemos, cargados de desprecio o de admiración, vayamos sabiendo de qué estamos hablando:

Una consecuencia gnoseológica del sistemismo ontológico es que para conocer un sistema, sea este físico, químico, biológico, psicológico o social, resulta necesario aplicar el enfoque CESM. En otras palabras, la investigación de un sistema concreto requiere de la descripción de su composición (C), entorno (E), estructura (S) y mecanismo (M).

  • La composición de un sistema es la colección de sus partes (protones, neutrones y electrones en el sistema atómico; personas, empresas, clubes y barra de amigos en el sistema social) y se las llama componentes.
  • El entorno es la colección de cosas que modifican a los componentes del sistema o que resultan modificados por ellos, pero que no pertenecen a la composición (fotones que excitan al átomo de interés y el trigo que el hombre convierte en pan).
  • La estructura es la colección de relaciones o vínculos que establecen los componentes. Los vínculos que se dan entre los componentes de un sistema constituyen la endoestructura, mientras que los establecidos entre los componentes y elementos del entorno conforman la exoestructura del sistema.
  • El mecanismo es la colección de procesos que se dan dentro de un sistema y que lo hacen cambiar en algún aspecto (el mecanismo de radiación electromagnética de un átomo es un proceso en el que un electrón cambia de estado de energía, el comercio es un mecanismo económico de los sistemas sociales humanos). Más precisamente, si bien el conocimiento de un sistema concreto radica en la descripción de los cuatro aspectos mencionados, la explicación científica del comportamiento del mismo la brinda la descripción de su(s) mecanismo(s), es decir de los procesos de los cuales resultan la emergencia, la estabilidad, el cambio y la desintegración de un sistema.