A través del blog de Antonio Giménez Reíllo, siempre informativo, llego a un estupendo artículo de Ingrid Cáceres Würsig sobre la «Secretaría de Interpretación de Lenguas»:

«Debido al territorio multilingüe y multicultural que gobernaba Carlos V, el volumen de correspondencia que debía mantener la Administración de la Península con otros territorios de la corona como Nápoles, Portugal, Borgoña, Flandes, los estados alemanes, Austria, las Indias, etc. era ingente y requería por tanto de continua traducción. La lengua franca de esta época es sin lugar a dudas el latín, que se practica sobre todo en forma escrita, reservado especialmente para la redacción de tratados de paz o de guerra, capitulaciones matrimoniales, convenios y cartas reales, sin olvidar que era además la lengua por excelencia de la Iglesia. Sin embargo, en el plano oral, las lenguas de las cortes europeas y de la diplomacia son el italiano seguido del español (Mattingly, 1970). El francés también es una lengua con peso político, pues los dos monarcas más importantes del siglo XVI, Francisco I de Francia y Carlos V, comparten una misma lengua materna: el francés. En la Europa oriental, el latín y el alemán son las lenguas de la diplomacia más empleadas.»

«Así, al mismo tiempo que surge el Consejo de Estado, se crea como órgano auxiliar del mismo para hacer frente a la traducción de correspondencia, la llamada Secretaría de Interpretación de Lenguas a través de una Real Cédula, otorgada por Carlos V a favor de Diego Gracián de Alderete, discípulo de Luis Vives (Juderías Bender, 1882). El nombramiento de Secretario de Interpretación de Lenguas correspondía al monarca y se dictaba a través de la Secretaría de Estado (Escudero, 1972: 373).»

Interesantísimo. Curiosamente, 1527 es la fecha del colofón de mi bienamado manuscrito de París (BNF, hébr. 1229).

Como bien señala Ingrid Cáceres,  hay que replantearse la historia de la traducción, que una inflación de eruditismo a la violeta ha querido hacer exclusivamente literaria. Cabía la traducción diplomática, la ¿traducción fehaciente?, la traducción técnica, en la que la técnica de la enseñanza no debía de ocupar un lugar secundario en la época de las grandes reformas humanistas.

Food for thought

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