La corrupción académica

Max Weber planteará que un problema mucho mayor y mucho más difícil de resolver que el de la «marcha hacia la especialización» era el de que el funcionamiento de las universidades se estuviese rigiendo por prácticas corruptas que, por un lado, encubrían la desidia y la incapacidad de los académicos y, por otro, estaban abriendo la puerta de la casa del conocimiento a gente poco cualificada mientras que los más válidos quedaban fuera. Los catedráticos, harían bien, en opinión de Weber, en oponerse a la abominable esclerosis académica más que pasarse el día atribuyendo a la inexorable especialización todos los males de su oficio. Así lo planteará el comienzo de su conferencia WalsB [Wissenschaft als Beruf], donde se enuncian de forma exhaustiva todas las miserias que corrompen la universidad imaginada por Humboldt.

Para Weber, la carrera de un hombre de ciencia se construye a base de dinero y no sólo a base de inteligencia. No obstante, pasar a formar parte del cuerpo de profesores resulta, de igual modo, difícil por factores ajenos a los intelectuales; por ejemplo, el hecho de que uno de los criterios reales de selección del personal docente sea, en realidad, la envidia. Así, la norma que permite que un asistente sea despedido sin contemplaciones siempre que el catedrático opine que «no responde a las expectativas» suele ser interpretada como le viene en gana a éste; «no responder a las expectativas» puede ser paradójicamente «tener éxito entre los alumnos».

Por otro lado, ante la disyuntiva de habilitar a todos los que se lo merecen por su capacidad o sólo a los que ya están dentro de la universidad, casi siempre se opta por lo segundo, lo que fomenta la endogamia. Hasta tal punto funciona esto que hacer lo contrario no se entiende. Por lo demás, el acceso a una plaza como profesor depende en lo esencial del azar y de la casualidad, en absoluto de la cualificación. Eso provoca que muchos de los mejores se queden fuera y que muchos mediocres desempeñen papeles sobresalientes dentro de las universidades. Para Weber, en los criterios de selección del personal docente, lo raro no son los fallos sino el hecho de que haya un número tan elevado de aciertos. Si a eso se suma la intromisión política en lo universitario (sea ésta del signo que sea), tendremos que los principales beneficiarios serán los mediocres acomodaticios y los ambiciosos. A pesar de que casi siempre parezca mediar la buena voluntad, la ocupación de las plazas universitarias suele tener en todos los casos algo de bochornoso, hasta el punto de que los profesores suelen querer olvidar las circunstancias y discusiones que precedieron a su ingreso en la universidad.

Pero aunque, gracias al azar, algunos profesores cualificados consigan ingresar en la universidad, no es fácil que eso redunde en una mejora de la calidad de la misma. Todo profesor [...] podía, en teoría, ofrecer cualquier programa sobre su especialidad; ahora bien, ello sería visto como una «desconsideración impertinente» hacia los profesores más antiguos… son éstos los que según una ley no escrita han de dar las clases principales, habiendo de cargar el resto con lo menos atractivo. Para Weber la universidad alemana se mueve, a semejanza de la americana, hacia la forma de empresa de «capitalismo de estado» en la que hay separación entre el trabajador y los medios de producción. El obrero allí sería el asistente.

En la pág. 489 de Pedro Andrés Piedras Monroy, «Una lectura de Humboldt. Max Weber y la universidad alemana», Arbor, clxxxiv, 731, mayo-junio de 2008 (Madrid), págs. 481-493, URL estable a partir de julio de 2008: http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor

El maestro complutense tiene su coraza: un fuero universitario que le resguarda de las justicias ordinarias y le coloca bajo la judicatura benigna del rector [70] [...].

Nota 70: En la constitución lxi [R. González Navarro, Universidad Complutense. Constituciones originales cisnerianas, Alcalá, 1984] se esboza apenas la jurisdicción y la judicatura rectoral. En las reformaciones de la segunda mitad del siglo xvi se especifican minuciosamente los varios aspectos de este fuero rectoral.[Claro, lo mismo que el actual fuero universitario, incluso complutense, si no tuviéramos de gros couillons por rectores.] Esta normativa prevé una serie de registros en que recogerán los actos públicos realizados y se consignarán los datos de las personas afectadas: «un libro auténtico en que [el notario o escribano de la audiencia] ponga todas las condenaçiones, con día, mes e año, declarando quien fue el condenado, quanta la condenaçión y a quien se aplicó y quien la cobró. [...] [¿Un?] protocolo enquadernado en que vaya escribiendo todos los autos y ordenando los proçesos y puniendo los autos, estendidos con día, mes e año. [...] Los proçesos en hojas de papel enteras, çerrando el pliego e cabeça de cada plana, y al fin de cada auto, y los sustançiales autorizándolos de manera que hagan fee. [...] Libro donde se asienten las entradas de los presos, señalando el día y la hora en que entraron en la carçel, y el alguacil que los truxo, y donde también se ponga el día y la hora en que fueron sueltos y por cuyo mandamiento». Se trata de procedimientos cuya documentación no ha llegado a nosotros sin duda por su carácter vidrioso.

Tomado de José García Oro, El Cardenal Cisneros. Vida y empresas, vol. ii, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1992, Segunda parte: «El mecenas. La Universidad de Alcalá de Henares», cap. viii: «Estudiantes y maestros de Alcalá», epígrafe 8: «El profesor complutense», pág. 430. En su La Universidad de Alcalá de Henares en la etapa fundacional (1458-157 8) , del mismo año de publicación, García Oro parece ¿reproducir? en esencia el mismo contenido y esquema de la segunda parte del segundo volumen de su biografía cisneriana.

Primera reflexión: A poco que uno hurgue, salta la liebre libresca (¿o libraria?).