Para volver sobre la discusión que hemos tenido en el seminario de Judith últimamente respecto de los conocimientos (muchos, pocos, brillantes, mediocres) que tenía (San) Jerónimo en hebreo, de lo que se deriva la calidad (brillante, mediocre, etc.) de la Vulgata , y por tanto del valor de la obra políglota inspirada por Cisneros. Bueno, inspirada y pagada (primum uiuere…). Leo un post del blog de Fred McDowell (On the Main Line) sobre el asunto:

http://onthemainline.blogspot.com/2008/02/jeromes-hebrew.html

I posted a comment in the Lieberman post directly below this, and I liked the way I brought out my point, so it’s becoming its own post. It concerns Jerome.

Shmuel noted that Jerome “actually did know some Hebrew, having lived in Israel and who was tutored by a local Jew in the Hebrew language and the Tanach.” I wanted to broaden that, and acknowledge that Jerome’s Hebraic knowledge did exceed the way that sounded, despite the fact that he is cut down as a Hebrew authority by the Jewish Encyclopedia’s (1906) thorough entry on him (link, saying that his “knowledge of Hebrew is considerable only when compared with that of the other Church Fathers and of the general Christian public of his time. His knowledge was really very defective. Although he pretends to have complete command of Hebrew and proudly calls himself a “trilinguis” (being conversant with Latin, Greek, and Hebrew), he did not, in spite of all his hard work, attain to the proficiency of his simple Jewish teachers.”

However, keeping in mind Shmuel’s statement that he “knew some Hebrew,” I say: He knew more than some Hebrew. He knew Hebrew well, not only having lived in Israel, not only having been tutored in Hebrew (and Jewish interpretations) by JewS, but I know he knew Hebrew well also because he translated the Bible into Latin from Hebrew. Whether or not the Vulgata is the *best* translation ever it is no mean feat to translate the entire Tanakh from Hebrew. (As it happens, it is pretty good, although it naturally also Christological, which makes it Christo-midrashic rather than always literal or peshat oriented.)

Doing only a reasonable job on a translation is impossible without knowing Hebrew well. It is not like today where you can sit down with a stack of translations, Hebrew dictionaries, concordances and references, and so in theory someone who only knows the slightest amount of Hebrew could pretend to make a translation, and perhaps pass it off as something original and even “reasonable.” Jerome was working from scratch. He was also an exegete, and he wrote quite a bit about the Hebrew language itself. (Incidentally, he knew Punic, which is cognate with Hebrew. Since he engaged in a little bit of comparative linguistics, I suppose his knowledge of that language helped him. He was no stranger to the tongues of the Shemites, Hebrew included.)

When one considers that the science of Hebrew grammar had barely developed yet, if at all - and that meant that knowledge of Hebrew was achieved through intensive steeping in the texts of that language, nurturing a good intuition and feel for the language - fluency probably would have been achieved in an almost osmosis-like fashion. And how was that done? It would have meant a classic rabbinic education of the time. He therefore did knew Hebrew well.

Jerome achieved what he did in the language (including being able to describe it with sometimes excellent insights) without being, essentially, a צורבא מרבנן.

¿Pero y qué pasa cuando uno — Alfonso — es puritito צורבא דרבנן? Ya lo dijo Neubauer (pág. 398 «to judge from his pure Hebrew style, was educated in a Jewish school before he went to the University of Salamanca» ¡Pero no de discente sino de docente!), pero ¿por qué lo dijo? Y no, no me vale lo del«pure Hebrew style», que Anton Shammas tiene un «pure Hebrew style».

 

PD: ¿צורבא מרבנן? Pues urba merabbanan, vale decir talmid aam (vamos, תלמיד חכם), o sea, «erudito rabínico» (¿«talmúdico»?), pero dicho en arameo que queda más fino en una yəšiḇá. O sea, una məṯiḇta (s.v. מתיבא, pág. 861b).

Si me doblaran el sueldo porque cada concepto de este tinglado que tiene dos (¡o más!) sinónimos, me exiliaba a traducir el Talmud al aranés en las Seychelles, teniendo en cuenta que sé lo mismo de aranés que de bahasa indonesia.

A través del blog de Antonio Giménez Reíllo, siempre informativo, llego a un estupendo artículo de Ingrid Cáceres Würsig sobre la «Secretaría de Interpretación de Lenguas»:

«Debido al territorio multilingüe y multicultural que gobernaba Carlos V, el volumen de correspondencia que debía mantener la Administración de la Península con otros territorios de la corona como Nápoles, Portugal, Borgoña, Flandes, los estados alemanes, Austria, las Indias, etc. era ingente y requería por tanto de continua traducción. La lengua franca de esta época es sin lugar a dudas el latín, que se practica sobre todo en forma escrita, reservado especialmente para la redacción de tratados de paz o de guerra, capitulaciones matrimoniales, convenios y cartas reales, sin olvidar que era además la lengua por excelencia de la Iglesia. Sin embargo, en el plano oral, las lenguas de las cortes europeas y de la diplomacia son el italiano seguido del español (Mattingly, 1970). El francés también es una lengua con peso político, pues los dos monarcas más importantes del siglo XVI, Francisco I de Francia y Carlos V, comparten una misma lengua materna: el francés. En la Europa oriental, el latín y el alemán son las lenguas de la diplomacia más empleadas.»

«Así, al mismo tiempo que surge el Consejo de Estado, se crea como órgano auxiliar del mismo para hacer frente a la traducción de correspondencia, la llamada Secretaría de Interpretación de Lenguas a través de una Real Cédula, otorgada por Carlos V a favor de Diego Gracián de Alderete, discípulo de Luis Vives (Juderías Bender, 1882). El nombramiento de Secretario de Interpretación de Lenguas correspondía al monarca y se dictaba a través de la Secretaría de Estado (Escudero, 1972: 373).»

Interesantísimo. Curiosamente, 1527 es la fecha del colofón de mi bienamado manuscrito de París (BNF, hébr. 1229).

Como bien señala Ingrid Cáceres,  hay que replantearse la historia de la traducción, que una inflación de eruditismo a la violeta ha querido hacer exclusivamente literaria. Cabía la traducción diplomática, la ¿traducción fehaciente?, la traducción técnica, en la que la técnica de la enseñanza no debía de ocupar un lugar secundario en la época de las grandes reformas humanistas.

Food for thought

Me preguntaba cuál era ese termino utilizado para la traducción «oficial» cuando se le otorga carácter notarial, y ya me respondo: «traducción fehaciente». Vamos, que da «fe pública», una sutileza terminológica que no parece, gugleando, que sea de mucha importancia para las lenguas vecinas (salvo alguna hermana, como el catalán fefaent, pero eso es como decir que tiene alguna importancia que el catalán de más abajo de Perpiñán le llame oposicions a lo que los roselloneses que aún hablen catalán llamarán concursos). O sea, que estoy en las mismas en lo que respecta a dar razones, susceptibles de ser replicadas, a la traducción que hizo Alfonso de la ketubbá de Trijueque. O a la presencia de Arias Montano[i] en el lío algo plomo del Sacromonte. Menos mal que todo este tinglado será para la vida-después-de-la-tesis (¿Hay vida después de la tesis?). Le tendré que echar un vistazo y luego una vista, oral o de las otras, en presencia de mi abogado, a la tesis de Manuel Feria.

Entretanto, ich muss Mencica fragen, wie sie fehaciente auf Deutsch sagen: beglaubigend, begräftigend, beweiskräftig oder glaubwürdig. Y de paso, en qué me he equivocado de la sintaxis de fragen. En fin, a lo que se dedica uno…


[i] José María Cobos Bueno, «Benito Arias Montano y su relación con los Manuscritos Plúmbeos de Granada’, Memorias de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, 4 (1998), págs. 13-108 (que ya son páginas, rediós). Iba a decir «¡Qué manía de ir publicando en dignísimas hojas parroquiales!» pero casi mejor me callo, que yo me he dejado cortejar por un dignísimo murciano.

¿Cuál es el tipo de traducción legal, susceptible de ser presentada en tribunales, de la que hablaba Salvador Peña? ¿O era Juan Pablo Arias? ¿O era aún otro?