Si consiguiera alejar toda sombra de repetición mecánica de una plantilla prête-à-porter, enemiga del saber  (y de saber dicen que tienen que estar hechas las tesis. Vaya Vd. a saber…), quizá la propuesta filosófica sistémica de Mario Bunge sería un buen punto de partida para intentar darle algo de sentido a la investigación de lo escrito, que dado el siglo que nos ocupa llamamos paleografía. Quizá todo análisis de la morfología de la letra escrita dependa de la composición, el entorno, la estructura y el mecanismo para que los que la vemos, cargados de desprecio o de admiración, vayamos sabiendo de qué estamos hablando:

Una consecuencia gnoseológica del sistemismo ontológico es que para conocer un sistema, sea este físico, químico, biológico, psicológico o social, resulta necesario aplicar el enfoque CESM. En otras palabras, la investigación de un sistema concreto requiere de la descripción de su composición (C), entorno (E), estructura (S) y mecanismo (M).

  • La composición de un sistema es la colección de sus partes (protones, neutrones y electrones en el sistema atómico; personas, empresas, clubes y barra de amigos en el sistema social) y se las llama componentes.
  • El entorno es la colección de cosas que modifican a los componentes del sistema o que resultan modificados por ellos, pero que no pertenecen a la composición (fotones que excitan al átomo de interés y el trigo que el hombre convierte en pan).
  • La estructura es la colección de relaciones o vínculos que establecen los componentes. Los vínculos que se dan entre los componentes de un sistema constituyen la endoestructura, mientras que los establecidos entre los componentes y elementos del entorno conforman la exoestructura del sistema.
  • El mecanismo es la colección de procesos que se dan dentro de un sistema y que lo hacen cambiar en algún aspecto (el mecanismo de radiación electromagnética de un átomo es un proceso en el que un electrón cambia de estado de energía, el comercio es un mecanismo económico de los sistemas sociales humanos). Más precisamente, si bien el conocimiento de un sistema concreto radica en la descripción de los cuatro aspectos mencionados, la explicación científica del comportamiento del mismo la brinda la descripción de su(s) mecanismo(s), es decir de los procesos de los cuales resultan la emergencia, la estabilidad, el cambio y la desintegración de un sistema.

A veces consigo atemperar la galofobia que me produce, instintivamente, la verborrea galicana. Será seguramente un trait de style nacional, pero me resulta imposible sancionarlo. Pero de vez en cuando se ve una luz. Por ejemplo, en el programa que emiten en este preciso instante en France Culture: http://www.radiofrance.fr/chaines/france-culture2/emissions/sciences_conscience/

con Gérard Simon de invitado principal:

L’imaginaire d’un savant, conclut Gérard Simon, “s’alimente donc à toutes les sources dont il dispose”. Il faut alors admettre que du faux peut sortir du vrai, que l’attachement à des idées révolues peut jouer un rôle moteur dans les découvertes. Plus généralement, l’histoire des sciences enseigne que le “rationalisme impénitent” des grands chercheurs ne se réduit pas à l’application d’une méthode expérimentale standardisée. Et que la philosophie et la religion ne sont pas toujours des obstacles épistémologiques. Ainsi, le symbolisme mathématique joue un rôle majeur dans les progrès de la physique, et la chimie elle aussi un langage à part entière.

Le propos de Gérard Simon sur les progrès des sciences vaut par la vigueur avec laquelle il écarte les évidences simplistes rassemblées sous le nom de “méthode expérimentale”. Le second motif d’intérêt du livre, et sa plus franche originalité, repose sur la mise à contribution de l’oeuvre de Michel Foucault. En lecteur avisé de L’Archéologie du savoir, l’auteur dessine les grandes lignes d’une articulation de l’archéologie et de l’histoire, de l’effort pour dégager les vestiges et de la volonté de reconstituer le travail d’un savant. Dans le sillage de Foucault, Gérard Simon refuse la figure d’un “sujet fondateur” : l’homme ne peut être tenu pour la source ultime de sa propre pensée, et “l’innovation ne dépend pas seulement du sujet innovant”. Mais si les règles anonymes de formation des discours s’imposent aux savants et balisent leur terrain de travail, elles ne congédient pas pour autant la personnalisation de la découverte. Les analyses de Foucault permettent à Simon de penser les sciences à partir des territoires où elles apparaissent, donc d’apporter une réponse nuancée à une question classique, celle de la part des individualités savantes dans la production des connaissances ; celle, en définitive, de savoir si les hommes sont les auteurs de leur propre histoire.

Un livre de fonds, un livre de réflexion, como dice el presentador, Philippe Petit.

Y ya hablando de todo un poco, magnífico el ¿neologismo? hebreo para falsificabilidad (réfutabilité que dicen los hijos de Derrida): הפרכה. Conciso, directo, claro, sonoro, eufónico.