Nicolaus Clenardus D. Iacobo Latomo praeceptori suo, S. D.

Etsi literas arabicas principio sequutus sum, ut quaedam rectius intelligerem in Hebraeis propter linguae affinitatem, nunc tamen longe alio mea spectare coeperunt haec studia. Dum Granatae cum meo praeceptore Arabico lectito Alcoranum, et quotidie deplorandos gentis illius contemplor errores, cogito non semel quam indignum sit nouem iam seculis tantam cladem accepisse nostram religionem, et nullum interim exortum qui cum Machometistas, si nos Latine disputemus ? Quid ad hostes, si ensem uibremus quem non sentiant ? Neque enim tantum disputandum censeo, ut nostros tutos seruemus, ne praecipites abeant in falsam religionem, verum etiam ad nos pertinere arbitror quod tot orbis nationes disiectae a Christo pereant. Nec ob id dissimulandum est uulnus quod uetus sit, sed quando uulnus est graue facienda est medicina : id quod sine peritia lingua et calamo ualeant Arabico, ut uel coram miscendis colloquiis, uel absentes queant cum illis confligere. Ego, per gratiam Dei, etsi bonam temporis partem impendi Marchioni [el Marqués de Mondejar, virrey de Granada] graecissanti, reliquis tamen horis id consecutum sum, ut cum praeceptore quauis de re confabulari utcunque possim, sic certe ut alter alterum intelligat. Neque enim alius sermo inter nos habebatur quam Arabicus. An putas, M. noster, id me proponere, ut annum doceam Arabice, et nemo discipulorum loquatur Arabice ? Alia sunt quae molior, et meo exemplo studebo, si Deus uoluerit, pietatis aliquem fructum e linguarum parare notitia. Verum de hoc capite longius forte agam, ubi peruenero in Africam. Nunc de meo itinere certiorem te faciam.

(Gibraltar, 7 de abril de 1540).

Alphonse Roersch, Correspondance de Nicolas Clénard, Bruxelles, Académie royale de Belgique, 1940, tomo i: Texte, carta 48, págs. 160 y 161.

Menos informações temos acerca do conhecimento do árabe escrito. António de Túnis sabia ler [415]. António Alberto [416] e Manuel Coelho [417] sabiam ler «letra redonda». António Vaz «em sua tera sabya ler e sprever [sic] letra dos mouros e que começou a apremder de idade de quimze annos e que nom era cacys nem ensynou nunca o Alcorão e porem que ho aprendya porque elle era alarve e nom sabem os alarves tanto como hos da cydade» [418]. Situação semelhante foi a de António Fernandes que «em terra de mouros hia com elle como outros mocinhos aprender com hum casis a ler e a escrever como de feyto aprendera» [419].
415: Lisboa, A[rquivos] N[acionais]/T[orre do] T[ombo], Inquisição de Évora, proc[esso] 8368. [Proceso de Leonor Tarrinha (1561)]
416: Lisboa, A.N./T.T., Inquisição de Lisboa, proc. 10837. [Proceso de António Alberto (1554)]
417: Lisboa, A.N./T.T., Inquisição de Lisboa, proc. 9236. [Proceso de Manuel Coelho (1562)]
418: Lisboa, A.N./T.T., Inquisição de Lisboa, proc. 10857. [Proceso de António Vaz (1555)]
419: Lisboa, A.N./T.T., Inquisição de Lisboa, proc. 10864. [Proceso de António Ferrandes (1554)]

Isabel M. R.Mendes de Drumond Braga, Mouriscos e cristãos no Portugal quinhentista, Lisboa, Hugin, 1999, pág. 73.

Esmagadoramente oriundos do Norte de África, os muçulmanos chegaram a Portugal por motivos diversos, tais como a fome de 1520-1521, os problemas de política interna do Magrebe, as almogaverias e as lutas diversas travadas entre cristãos e muçulmanos, o próprio desejo, por ventura devido a problemas diversos, de viver no meio de cristãos; o corso e ainda em resultado da venda levada a cabo por outros muçulmanos. Tudo isto foram motivos responsáveis pela presença de muçulmanos em Portugal após a expulsão levada a efeito em 1497. Além destes, temos um pequeno grupo nascido em território português e ainda mouriscos oriundos de Espanha.

Isabel M. R.Mendes de Drumond Braga, Mouriscos e cristãos no Portugal quinhentista, Lisboa, Hugin, 1999, pág. 49.

Algunas notas: ¿qué quieren decir los inquisidores con esto de letra redonda árabe?

Aparte, algunos apuntes interesantes: e porem que ho aprendya porque elle era alarve e nom sabem os alarves tanto como hos da cydade.
Es decir, la viejísima distinción entre sedentarios y beduinos, es decir, propiamente árabes: والأَعْرَاب من العرب سكان البادية خاصَّةً لا واحد لهُ وقيل واحدهُ أَعرابيٌّ , según el Lisaan. Y el entrañable término قصيص, que Almuhiit da como: المقصوصُ؛ كنَس الحلّاقُ الأرض التي غطّاها قَصيصُ الشَّعر.

¿No llamaban algo así los moriscos del otro lado de la raya de Portugal (de aquende Castilla) a sus hedge priests (aunque nadie dice que dieran clase en un práu entre les vaques), lo que en la versión española de Brooklyn Bridge llamaban amorosamente maestros de campaña?

Pero en cualquier caso, lo más sorprendente es eso de letra redonda árabe. Habrá que seguir investigando…

A través del blog de Antonio Giménez Reíllo, siempre informativo, llego a un estupendo artículo de Ingrid Cáceres Würsig sobre la «Secretaría de Interpretación de Lenguas»:

«Debido al territorio multilingüe y multicultural que gobernaba Carlos V, el volumen de correspondencia que debía mantener la Administración de la Península con otros territorios de la corona como Nápoles, Portugal, Borgoña, Flandes, los estados alemanes, Austria, las Indias, etc. era ingente y requería por tanto de continua traducción. La lengua franca de esta época es sin lugar a dudas el latín, que se practica sobre todo en forma escrita, reservado especialmente para la redacción de tratados de paz o de guerra, capitulaciones matrimoniales, convenios y cartas reales, sin olvidar que era además la lengua por excelencia de la Iglesia. Sin embargo, en el plano oral, las lenguas de las cortes europeas y de la diplomacia son el italiano seguido del español (Mattingly, 1970). El francés también es una lengua con peso político, pues los dos monarcas más importantes del siglo XVI, Francisco I de Francia y Carlos V, comparten una misma lengua materna: el francés. En la Europa oriental, el latín y el alemán son las lenguas de la diplomacia más empleadas.»

«Así, al mismo tiempo que surge el Consejo de Estado, se crea como órgano auxiliar del mismo para hacer frente a la traducción de correspondencia, la llamada Secretaría de Interpretación de Lenguas a través de una Real Cédula, otorgada por Carlos V a favor de Diego Gracián de Alderete, discípulo de Luis Vives (Juderías Bender, 1882). El nombramiento de Secretario de Interpretación de Lenguas correspondía al monarca y se dictaba a través de la Secretaría de Estado (Escudero, 1972: 373).»

Interesantísimo. Curiosamente, 1527 es la fecha del colofón de mi bienamado manuscrito de París (BNF, hébr. 1229).

Como bien señala Ingrid Cáceres,  hay que replantearse la historia de la traducción, que una inflación de eruditismo a la violeta ha querido hacer exclusivamente literaria. Cabía la traducción diplomática, la ¿traducción fehaciente?, la traducción técnica, en la que la técnica de la enseñanza no debía de ocupar un lugar secundario en la época de las grandes reformas humanistas.

Food for thought