Lo decía esta mañana José Luis Gómez en la casa misma donde descansan, mimados, no pocos libros de Alfonso de Zamora:
La pericia de la técnica es más que honradez; es un sentimiento, no enteramente utilitario, que abarca la honradez, la gracia y la regla y que podría llamarse el honor del trabajo. Está compuesto de tradición acumulada, lo mantiene vivo el orgullo individual, lo hace exacto la opinión profesional y, como a las artes más nobles, lo estimula y sostiene el elogio competente.
Hay un tipo de eficiencia, sin fisuras prácticamente, que puede alcanzarse de modo natural en la lucha por el sustento. Pero hay algo más allá, un punto más alto, un sutil e inconfundible toque de amor y orgullo que va más allá de la mera pericia; casi una inspiración que confiere a toda obra ese acabado que es casi arte, que es el arte.
Y Gómez citaba a Conrad, que hablaba de los constructores de barcos:
Such skill, the skill of technique, is more than honesty; it is something wider, embracing honesty and grace and rule in an elevated and clear sentiment, not altogether utilitarian, which may be called the honour of labour. It is made up of accumulated tradition, kept alive by individual pride, rendered exact by professional opinion, and, like the higher arts, it spurred on and sustained by discriminating praise.
This is why the attainment of proficiency, the pushing of your skill with attention to the most delicate shades of excellence, is a matter of vital concern. Efficiency of a practically flawless kind may be reached naturally in the struggle for bread. But there is something beyond—a higher point, a subtle and unmistakable touch of love and pride beyond mere skill; almost an inspiration which gives to all work that finish which is almost art—which is art.
Y me he acordado, por no entretenerles mucho, una discusión que dejamos pendiente sobre la eficacia y el cariño.
No, yo aún no he vuelto del todo pero ya nos va quedando menos.
marzo 29, 2011 at 12:30 am
Cal dir que la cita és extraordinària?
En tot cas, m’ha recordat una experiència que vaig viure a Anglaterra, on un conegut em dugué a conèixer un dels darrers constructors d’embarcacions de fusta “by eye” per encarregar-li que li’n fes una. L’home va exposar-li el temps que requeria i va especificar el pagament per colze de barca. El meu conegut, acomodat home de negocis, va proposar augmentar el preu per colze, en considerar-lo força barat atesa la feina que havia d’ocupar el constructor. Sense immutar-se, l’home va repetir el preu anterior. No entenia aquella subhasta a l’alça: les coses tenien un preu just i adient, que ell com a mestre s’encarregava de fixar. Aquella ètica de treball, aquell orgull artesà, em va deixar ben impressionat. És tota una filosofia de vida que Conrad va definir amb el seu acostumat mestratge
mayo 3, 2011 at 11:48 pm
Gràcies, Alexandre, per la lleialtat d’amic. És, sens dubte, una filosofia de vida: un mestratge fet d’esforç, silenci i obstinació, ben al gust dels qui freqüentem per ací.
mayo 10, 2011 at 10:57 pm
[...] remiendos íntimos de una tradición) podrían haber recitado esos versos que hablan de un cierto orgullo de hacer y al hacer, conseguir [...]
junio 9, 2011 at 11:20 pm
[...] veces ocurre que el desempeño de las profesiones convierte la vocación más en eficacia que en cariño. A veces ocurre que el desempeño de una profesión provoca pena y ya saben ustedes que en algunos [...]