Toda disimulación y fingimiento, según Cicerón dice, se ha de quitar de en medio de toda la vida humana; mas maravíllome muy mucho que no reserve ni exceptúe ningún caso, pues se ve que lo uno y lo otro han hecho evidentes beneficios. […] Y dicen que el bienaventurado San Francisco disimuló con la justicia de haber visto un delincuente de muerte, diciendo y señalando sus mangas que no pasó por allí; y el último de los ejemplos, aunque nuestro Señor es sobre toda ley, cuando hacia el castillo de Emaús iba con sus desventurados discípulos, fingió que pasaba adelante, y así no gastaré más tiempo de la prueba de esto, sino diré de algunas disimulaciones graciosas y de buen gusto, y de otras graves también.
The idea that parents are less happy than nonparents has become so commonplace in academia that it was big news last year when the Journal of Happiness Studies published a Scottish paper declaring the opposite was true. “Contrary to much of the literature,” said the introduction, “our results are consistent with an effect of children on life satisfaction that is positive, large and increasing in the number of children.” Alas, the euphoria was short-lived. A few months later, the poor author discovered a coding error in his data, and the publication ran an erratum. “After correcting the problem,”it read,“the main results of the paper no longer hold. The effect of children on the life satisfaction of married individuals is small, often negative, and never statistically significant.”
La idea de que los que tienen hijos son más infelices que quienes no los tienen se ha convertido en un tópico tan extendido entre los investigadores que, el año pasado, la publicación de un artículo de una investigación escocesa en el Journal of Happines Studies que concluía lo contrario constituyó toda una noticia. «Contra lo que afirman buena parte de los estudios anteriores», se decía en la introducción, «nuestros resultados demuestran que los hijos tienen un efecto cierto en el sentimiento de satisfacción vital, efecto que es positivo, amplio y que se incrementa según el número de hijos». Desafortunadamente, la euforia duró poco. Pocos meses después, el pobre autor del artículo descubrió un error de codigo en los datos y la revista publicó una enmienda. «Tras corregir el problema», se señala, «no se pueden sostener los principales resultados del artículo. El efecto de los hijos en el grado de satisfacción vital de los individuos casados es pequeño, a menudo negativo y nunca relevante desde un punto de vista estadístico».
Jennifer Senior, «All joy and no fun. Whay parents hate parenting» (‘Mucho gozo y poco disfrute. Por qué los padres odian criar a los hijos’), New York Magazine, 4 de julio de 2010.
Vía el caralibro de Raúl. Foto del manuscrito de París, por ÁlexCasero.
Knowing the dead, and how some are disposed: [...]
…
Cautiva de tanto sueño contrariado
hoy quiero libre ofrecerles perdón
a final de cuentas sin duda recibí la parte de felicidad
que en este mundo me corresponde
A tus pies ofrendo Madre
la servidumbre de mis reproches
quémala
la carcoma de repetirme en la misma letanía de dolor
quémala
la turbia resaca de remordimientos
quémala
la viciosa costumbre de esperar lo improbable
quémala
la excusa del miedo que paraliza cobarde
quémala
la bastarda disculpa del amor rechazado
quémala
la mezquina astucia de apresar el tiempo
quémala
la distorsión que se juzga fiel certera
quémala
la calculada incapacidad de reparar el daño
quémala
quema las escorias que lazan mi vuelo
y bendice Madre lo que aún me queda por andar…
Qu’il s’agisse de grammaire ou de lexique, le mot [...] il ne m’intéresse, je crois pouvoir le dire, je ne l’aime, c’est le mot, que dans le corps de sa singularité idiomatique, c’est-à-dire là où une passion de traduction vient le lécher – comme peut lécher une flamme ou une langue amoureuse: en s’approchant d’aussi près que possible pour renoncer au dernier moment à menacer ou à réduire, a consumer ou à consommer, en laissant l’autre corps intact mais non sans avoir, sur le bord même de ce renoncement ou de ce retrait, fait paraître l’autre.
Sea cuestión de gramática o de léxico, la palabra [...] no me interesa, creo poder decirlo, no me gusta, es la palabra, más que en el cuerpo de su singularidad idiomática, es decir, donde un arrebato de traducción viene a lamerla, como puede lamer una llama o una lengua enamorada: acercándose tanto como se pueda para renunciar en el último momento a amenazar o a reducir, a consumar o a consumir, dejando el otro cuerpo intacto pero no sin saber, al borde mismo de esa renuncia o de esa retirada, hacer que aparezca el otro.
Jacques Derrida, «Qu’est-ce qu’une traduction relevante?», Derrida, editado por Marie-Louise Mallet y Ginette Michaud, París, L’Herne, 2004, colección «Cahiers de l’Herne», n.º 83, pág. 561.
Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos donde cada uno pueda llegar a entretenerse sin daño de barras; digo, sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios honestos y agradables antes aprovechan que dañan.
Cervantes, del «Prólogo» a las Novelas ejemplares.
…
Una de esas sorpresas que uno se lleva andando moderadamente el mundo (su hemisferio septentrional y mediterráneo, en realidad) es la profusión de patrias imaginadas que pueblan la realidad de la mayoría de las gentes. Es como esos ruidos, nada fantasmales, que unos amigos ahora en Berlín andan mirando a ver si recogen de inmuebles desahuciados, de edificios en precaria supervivencia, de la dura pugna que mantiene la rutina de los mecanismos para perpetuarse en el mundo físico a pesar de las inclemencias de la desidia de los seres humanos. No tiene nada que ver con la parapsicología, entiéndanme. Aún menos con la psicología. Es algo así como la «Song to the sea» del disco Split de Inca Ore, que no acabo de estar muy seguro de que sea el que N. me recomendaba hoy, pero que a mí me ha gustado (o me ha resultado evocadora, que viene a ser lo mismo).
Por muchas razones, todas ellas de primera importancia, yo quisiera hablarles un día por aquí del último rabino comunitario de Damasco, Abraham Hamra (אברהם חמרא) que, españolizado, quizá no sea una mera casualidad de homofonías que se pudiera llamar «Abraham Alhambra». Veremos si de verdad encuentro tiempo para hablarles de estas cosas y de una ciudad, la Damasco judía, que yo nunca podré ya conocer, que no pensaba conocer y que, sin pensarlo, se me ha vuelto repentinamente imprescindible. Pero eso será otra historia, que en parte ya hemos contado por aquí.
De esas nostalgias de las patrias imposibles, porque nunca existieron y nunca fueron creadas, sino que han sido siempre nada más que una parábola, algunas partes de Europa llevan una huella judía que las vincula de forma imprevista, si por el curso de la historia hubiera sido, a una España ibérica que nunca existió y nunca fue creada, porque no fue más que una parábola. Algunas de esas huellas existen solo en la memoria de los seres humanos que aún lean alemán de sabios anteriores al Desastre. El Jehuda Halevi. Zweiundneunzig Hymnen und Gedichte de Franz Rosenzweig, por ejemplo, o el Dīwān des Abû-l-Hasan Jehuda ha Levi de Heinrich (Chaim) Brody:
Doch zumeist erkannt ich ihn
An dem rätselhaften Lächeln
Jener schön gereimten Lippen,
Die man nur bei Dichtern findet.
Pues no pocas veces lo distingo / por su enigmática sonrisa, / esos bellos labios rimados / que uno solo encuentra en los poetas.
Era la hora del reajuste del dogma, tan alegremente formulado por los innovadores y sus secuaces.
Vicente Beltrán de Heredia, Cartulario de la Universidad de Salamanca (1218-1600), Salamanca, Ediciones Universidad, 1972, tomo v: «La Universidad en el Siglo de Oro», pág. 438.
…
El mal de muchos es siempre un consuelo de tontos, pero ocurre que un servidor, tonto de capirote y de formación y que, con trabajo tenaz, va haciéndole dos tontos lo que ve, no se consuela porque no quiere. Así que no quisiera consolarme sin más; simplemente dejar escapar un suspiro al leer:
Al publicarse en 1995 su estudio desmitificador de los grandes mitos de la historia de Bélgica, Flandes y Valonia, Anne Morelli, profesora de Historia en la Universidad Libre de Bruselas, tuvo que hacer frente a una oleada de protestas, no de círculos científicos –donde sus planteamientos eran generalmente conocidos y aceptados– sino de círculos nacionalistas. En un panfleto, la extrema derecha belga se escandalizaba de que fuera precisamente una extranjera –hija de inmigrantes italianos– la que hubiera arremetido contra la historia del país que la había acogido y dado una vida digna. Los autores del panfleto le espetaron «Señora Morelli, ¡ame a Bélgica o salga del país!».
Entre paréntesis, de sobra es sabido que Bélgica es un lugar propicio al cultivo de patriotismos tipo «maletín de Prenafeta»:
Pero Bélgica tiene dos rasgos que la distinguen. En primer lugar, el sistema de patronazgo generalizado, que comienza en los ayuntamientos y llega hasta lo más alto del Estado, ha dejado a los partidos políticos reducidos a vehículos para la distribución de favores personales. En un país pequeño en el que todos conocen a alguien en un cargo en el que puede hacer algo por ellos, apenas existe la idea de un Estado autónomo, neutral y desapasionado. Como dijo el actual primer ministro de Bélgica, Guy Verhofstadt, a mediados de los ochenta, Bélgica es poco más que una cleptocracia de partidos. […]
Al no haber control gubernamental, no es sorprendente la gran incidencia de la corrupción y el soborno a alto nivel […]. Bélgica se ha hecho tristemente famosa como terreno de actuación de sofisticados delincuentes de cuello blanco, dentro y fuera del Gobierno. A finales de los años ochenta, el Gobierno belga adquirió cuarenta y seis helicópteros militares de la empresa italiana Agusta y adjudicó a la compañía francesa Dassault el mantenimiento de sus aviones F-16; más tarde se reveló que el Partido Socialista (en el Gobierno en aquella época) había recibido sobornos en ambas operaciones. Un importante líder socialista que sabía demasiado, André Cools, fue asesinado en un aparcamiento de Lieja en 1991; otro, Étienne Mange, fue detenido en 1995, y un tercero, Willy Claes, ex primer ministro de Bélgica, secretario general de la OTAN (1994-1995) y ministro de Asuntos Exteriores en el momento de los contratos, fue declarado culpable en septiembre de 1998 por aceptar sobornos. UN ex general del ejército involucrado en el escándalo, Jacques Lefebvre, murió en misteriosas circunstancias en marzo de 1995.
Tony Judt, «Un Estado sin Estado: por qué es importante Bélgica», capítulo xiv de Sobre el olvidado siglo xx, Madrid, Taurus [Santillana], 2008, traducción de Belén Urrutia, págs. 230 y 237; original en «Is there a Belgium?», The New York Review of Books, 2 de diciembre de 1999, con interesantes ramificaciones posteriores al estilo de un lingüista accidental.
Volviendo a lo que estábamos, que era Bélgica como circunstancia de comparación y no de atención principal, la cita es de Etnogénesis y etnicidad en España: una aproximación histórico-antropológica al casticismo de Christiane Stallaert (Barcelona, Proyecto A Ediciones [Ánthropos], 1998) que si no le hubiera dado a la autora por traducirlo al español y a un editor por publicarlo, hubiera justificado otra vez eso tan tonto de ponerse a aprender holandés (o neerlandés, como se dice en castellano que es también español): Etnisch nationalisme in Spanje. De historisch-anthropolische grens tussen christenen en Moren (‘Nacionalismo étnico en España. La frontera histórico-antropológica entre cristianos y moros’), Lovaina, Universitaire Pers Leuven, 1996. Stallaert es también autora de un trabajo bastante más largo y de argumento bastante más flojo, en mi opinión, que será, seguramente, fruto de una mala lectura y necesitada de más atención para desdecirse, como habrá que hacer sin duda: Ni una gota de sangre impura: la España inquisitorial y la Alemania nazi cara a cara, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2006.
Más aún si lo que te gusta es mirar desde arriba
la vista ruinosa de los tejados
y la pared deslucida
y los muros
y las sucias puertas de las casas viejas de aquí.
Más aún,
si ya no recuerdas que
no es el olor
sino la bondad de las cosas
al exhibir su derrota.
In patientia vestra possidebitis animas vestras הללויה Tu autem domine miserere En vuestra paciencia os enseñorearéis de vuestras almas Aleluya Mas tú, Señor, ten piedad
…
«No sé de ciencia pero en paciencia soy el mejor…»
(lo de que sean biólogos es un detalle menor:
¿no habíamos quedado en que los de «Humanidades» éramos científicos?)
Que donde dije «digo», digo «Diego» y me adelanto la semana que pensaba y les dejo entretenimiento de más substancia que el apuntillo de ayer, que me quedó francamente flojo, pero es que esto de escribir no es solo que vaya por día: es que va por horas y hasta por minutos. Así que aprovecho una lectura que, como todas las Elisa Ruiz García, ilustra, conforta y calma, y la circunstancia de que me haya enterado de que la subida en línea de SfarData es una realidad, discreta y en construcción pero real, y les pongo un par de cosas de necesaria recordación para que queden por aquí. Sigan cuidándoseme.
(A propósito, el fragmento de impreso-manuscrito complutense lo pongo confiando en la benevolencia de los amigos de la Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» de la Universidad Complutense, pero, si hay que quitarlo, se quita. Solo faltaría)
La clasificación de una serie de libros por materias supone introducir un principio de organización de carácrer biblioteconómico. La tarea consistiría en distribuir las unidades de acuerdo con un modelo previo que sistematizase las áreas de conocimiento. En teoría, los resultados de tal operación permitirían trazar el perfil de una colección y, en cierta medida, las preferencias de lectura de su propietario. Aunque se trata de un método que ‘a priori respeta las reglas de la deducción como herramienta de trabajo intelectual, sin embargo, la aplicación de dicho procedimiento al conjunto bibliográfico estudiado resulta poco apropiado por dos razones determinantes. La primera y principal es la falta de cohesión del patrimonio librario isabelino, constituido por fondos parciales. Cada uno de ellos tiene un origen y una finalidad concreta, por tanto, el examen deberá ser individualizado. La segunda causa es la vía de acceso a la propiedad de los ejemplares, fruto en muchos casos de un legado recibido o de una aglutinación de piezas reunidas por un sistema de acarreo. Ambas circunstancias desvirtuarían las conclusiones que se pudiesen extraer de una tabulación que tradujese en expresión aritmética los porcentajes correspondientes a las distintas materias representadas.
Además de los motivos específicos aducidos hay que tener en cuenta otras dos variables de aplicación general. Por un lado, lo importante no es determinar la temática de una obra, sino averiguar en qué clave era interpretada. A finales del siglo xv en la corte castellana una vida de santos podía ser degustada como un relato novelesco, y un tratado de Séneca como un tratado modélico de moral cristiana. En cambio, si aplicamos de manera mecánica los criterios de división por materias, el primer libro entraría en el compartimiento de las hagiografías y el segundo en el de los autores clásicos. En consecuencia, los resultados de una clasificación establecida asépticamente en función de nuestros criterios actuales distorsionarían nuestro juicio sobre la forma de recepción de los textos y su incidencia cultural. Por otro lado, cada época se define por una escala de determinados valores que, en parte, se manifiesta a través de la producción escrita. La presencia de ciertos títulos y autores en una biblioteca dada no es siempre relevante, pues a veces testimonia tan sólo la ideología dominante en términos de sincronía. En resumen, creo que en este caso [los libros de Isabel «la Católica»] es recomendable poner en práctica una metodología cualitativa mejor que una cuantitativa.
¡Eh! Ya salimos del paso,
y no hay que extrañar la homilía;
son pláticas de familia
de las que nunca hice caso.
José Zorrilla, Don Juan Tenorio (1844), parte i, acto i, escena xiii
…
If all a top physicist knows
About the Truth be true,
Then, for all the so-and-so’s,
Futility and grime,
Our common world contains,
We have a better time
Than the Greater Nebulae do,
Or the atoms in our brains.
Si ha de ser verdad lo que un físico sabe sobre la Verdad, verdad será que, por mucha pamplina, mugre y futil naturaleza que nuestro vulgar mundo atesore, nos la pasamos mejor que las Grandes Nebulosas o los átomos de nuestros cerebros.
Marriage is rarely bliss
But, surely it would be worse
As particles to pelt
At thousands of miles per sec
About a universe
Wherein a lover’s kiss
Would either not be felt
Or break the loved one’s neck.
De cansado a casado una letra separa pero con seguridad aún peor fuera, como partículas que se zumban a miles de kilómetros por segundo, un universo en que el beso de quien ama de tiento no fuera ola crisma le rompiese al que es amado.
Though the face at which I stare
While shaving it be cruel
For, year after year, it repels
An ageing suitor, it has,
Thank God, sufficient mass
To be altogether there,
Not an indeterminate gruel
Which is partly somewhere else.
Aunque esta cara que veo al afeitarla sea cruel pues, año tras año, repele a un pretendiente ya añejo, posee, a Dios gracias, masa bastante para seguir estando ahí, sin reducirse a una informe papilla que en otro lado se halla en parte.
Our eyes prefer to suppose
That a habitable place
Has a geocentric view,
That architects enclose
A quiet Euclidian space:
Exploded myths — but who
Could feel at home astraddle
An ever expanding saddle?
Prefieren nuestros ojos suponer que tiene todo lugar habitable una vista geocéntrica, que los arquitectos cierran una calma parcela euclidiana: son mitos reventados, sí, pero ¿quién podría sentirse a gusto, espatarrado en un sillín que no deje de expandirse?
This passion of our kind
For the process of finding out
Is a fact one can hardly doubt,
But I would rejoice in it more
If I knew more clearly what
We wanted the knowledge for,
Felt certain still that the mind
Is free to know or not.
Esta pasión de nuestra especie por el negocio de hallar no es cosa que pueda suscitar dudas, pero confieso que más tendría gusto si pudiera saber para que vamos a querer saber lo que sabemos, sabiendo por cierto que la mente es libre de saber o no.
It has chosen once, it seems,
And whether our concern
For magnitude’s extremes
Really become a creature
Who comes in a median size,
Or politicizing Nature
Be altogether wise,
Is something we shall learn.
Ya quedó de sobras elegido, según parece, y en caso de que nuestro cuidado por los extremos de las magnitudes se hiciera de verdad plenitud de talla más bien mediana, o de que politizar la Naturaleza resultara prudente, es algo que acabaremos sabiendo.
Wystan H. Auden, «After reading a child’s guide to modern Physics» (‘Tras leer una guía de física moderna para niños’), 1961.
Guenizá de notas, informaciones, datos, sorpresas y serendipias sobre el maestro Alfonso de Zamora (ca. 1474-ca. 1545), primer regente de la cátedra de Hebreo de la Universidad Complutense cisneriana y sobre las circunstancias de la tesis doctoral que le dedico.