«Que es manantial, no desembocadura»
Curiosa disciplina la paleografía. Judith enunció uno de sus principios fundamentales, manifiestamente paradójico: el paleógrafo solo lee lo que ya sabe. Piensa pensándolo o busca buscándolo, lo mismo es verdad. Los paleógrafos hebreos quizá lo tengamos más fácil que otros: quizá la cultura hebrea sea de verdad un ejercicio de lectura, en primer lugar, para enfrascarse en una actividad constante de cita que dura toda la vida. O quizá no. Es cierto que la Biblia transpira a cada respiración del pueblo de Israel. Les pongo un ejemplo revelador. ¿Saben cómo se decía «flatulencias» (es decir, «pedo») en el periclitado dialecto italiano de los judíos del Piamonte? Rukhod (léanme la >kh< con la minorizada fricativa velar sorda de mi dialecto castellano) o, escrito en grafía hebrea, רוחות, es decir, la misma palabra que sirve en el Génesis (cap. i, v. 2) para describir el hálito del Santo, bendito sea, que sopla sobre la superficie de las aguas:
ורוח אלהים מרחפת על פני המים
Como si dijéramos:
El espíritu (o «viento» o «aire» o «flatulencia» o «pedo») de Dios revoloteaba sobre la superficie de las aguas.
A poco que uno tenga el espíritu sardónico, y ni tanto, puede convenir que la ancestral sabiduría hebrea ya nos advierte de que no nos desesperemos demasiado porque el mundo se nos vaya al pedo un día de estos. Al fin y al cabo, dicho con exegética resignación judeo-piamontesa, del pedo venimos (¿y en pedo nos convertiremos?).
La sabiduría de Israel es una fuente continua de desazón cósmica pero lo que yo quería dejar dicho, en realidad, es que la Biblia es ciertamente una cosa muy de andar por casa entre los hijos de Israel. Lo que ya me extrañaría más es que esta condición de desparrame escriturístico fuera única del pueblo de Israel, como algún apologeta quiere dejar sentado. Sin irme muy lejos de mis lenguas de práctica cotidiana, en inglés, hasta hace bien poco y todavía hoy, la traducción bíblica llamada «del Rey Jaime» proporciona la misma abundancia de arsenal idiomático que dispensa, en español y otras lenguas ibéricas, la jerga de la tauromaquia. Así, en inglés, tenemos, por ejemplo:
Be of good cheer!
Que es como si dijéramos
¡Valor y al toro!
solo que, dejando de lado el arte de Frascuelo, está tomado (o cogido) del Evangelio de Mateo, cap. xiv, v. 27:
But straightway Jesus spake unto them, saying, Be of good cheer; it is I; be not afraid
que nuestro protestante y evangélico amigo Cipriano de Reina tradujo en renacentista época coetánea a nuestro Alfonso como:
Mas luego Jesús les habló, diciendo: Confiad, yo soy; no tengáis miedo.
lo que los evangelistas helenizados habían escrito:
εὐθὺς δὲ ἐλάλησεν [ὁ Ἰησοῦς] αὐτοῖς λέγων, Θαρσεῖτε, ἐγώ εἰμι: μὴ φοβεῖσθε.
Este no es más que un ejemplo alevoso tomado a propósito para que me saliera bien lo de la comparación con la jerga taurina, pero de este inglés de resonancia bíblica hay mucho más. De ello da cuenta Jeremy Paxman (ese hombre… de la BBC) en el sexto capítulo de su ameno The English: A portrait of a people («Los ingleses: retrato de un pueblo»; Londres, Michael Joseph-Penguin Press, 1998), como el fontanero que dice, al acabar un apaño de tuberías, que respecto del agua caliente
We’ll soon have you back in the land of living
Pronto te habremos resucitado de entre los muertos
en que el idiomatismo in the land of living evoca, por ejemplo, la traducción de Job, cap. xxviii, v. 13 según la Biblia del Rey Jaime:
Man knoweth not the price thereof; neither is it found in the land of the living.
Lo que traduce el hebreo
לא ידע אנוש ערכה ולא תמצא בארץ החיים
que arromanzó castellanamente nuestro Cipriano de Valera de esta manera:
No conoce su valor el hombre, ni se halla en la tierra de los vivientes.
Pero (como no deja de notar Paxman en su libro) más que de la Biblia sin más, de donde están tomadas estas expresiones es del Book of Common Prayer, que constituye (o constituía) la verdadera religión de los ingleses: echarse unos cantecitos todos juntos en misa (vamos, en el servicio) los domingos (y echarse unas pintas a continuación). Esto cuando los ingleses tenían religión (más allá de la lectura de los tabloides: el otro día detecté a una inglesa expatriada, único género de ser humano que puede ir a comer sola – un alcuzcuz, por si tuvieran curiosidad – con el Daily Mail bajo el brazo. Ni mi anglofilia delirante me ha hecho nunca darme a ese tipo de toxicomanías).
Ya les decía yo al principio que no tengo muy claro que lo de la cita bíblica a diestro y siniestro sea patrimonio exclusivo del pueblo de Israel. Más bien no. Más bien se lo acepto si me acotan la hipótesis a la cita bíblica a diestro y siniestro en hebreo. Y aún así, que luego hay quien va diciendo que lo que hablan los únicos hebreófonos nativos que rondan por ahí hoy en día (los israelíes, por si no me pillaran la idea) es el mismo idioma que el profeta Isaías, boludez tan delirante como la lindeza de prestigiosa profesora israelí que afirmó sin pestañear que los israelíes no «saben hablar»… su propio idioma. Como los ingleses que se sabían antaño de memoria el Book of Common Prayer, creo que si hay algo con lo que juega el pueblo de Israel es con el recuerdo constante de sus libros de plegaria. Bastante fama de sentimental tengo ya pero, si me guardan el secreto y según experiencia reciente que ha llegado a mi conocimiento, un miembro del pueblo de Israel, desasistido hacía tiempo de cualquier fidelidad sinagogal, no halló mejor manera de expresar su amor a la persona que amaba que recitando, bajito, muy bajito, a cau d’orella (como se dice bellamente en valenciano) la oración de acción de gracias por la súbita inmersión en cualquier dicha repentina:
ברוך אתה ה’, אלוהינו מלך העולם, שהחיינו וקיימנו והגיענו לזמן הזה
Bendito seas, Señor, Dios nuestro, Rey del Mundo, que nos diste vida y nos criaste y nos hiciste llegar a este momento
Amén (eso lo digo yo). Se me ponen los pelos de punta solo de imaginarme el momento (pero ya ha quedado dicho que yo soy un sentimental). Si pudiera decírselo a quien recitó la oración, se lo diría: que se me ponen los pelos de punta y que, ahora mismo, no se me ocurre una forma homenaje de amor más hermosa que dar gracias a la vida o al Altísimo por haber preservado a la persona que ama hasta el momento de conocer a la persona que es amada. ¿Es que hay dicha más alta? Pero no puedo decírselo porque es información reservada que no puede trascender y yo se los cuento en confianza. Guárdenme el secreto.
Enunciábamos arriba el principio paleográfico básico de Judith: el paleógrafo solo lee (es decir, solo consigue leer) lo que ya sabe (es decir, lo que ya conocía, bien porque ya lo había leído antes, bien porque sospechaba que algún día acabaría leyéndolo). Quizá sea un poco así el uso (y hasta el abuso, si se diera tal cosa) de la cita en una misma comunidad humana: sean los judíos con sus siddurim y sus majzorim, sean los ingleses con su Book of Common Prayer. Sea en una u otra forma, lo que hay al principio de un entendimiento es una comunidad de emociones, que quizá sea la forma básica del entendimiento humano: darle las gracias al Santo, bendito sea, por habérsele dado a uno la dicha de coincidir con la persona amada, sostenido por una infinita bondad («que nos diste vida y nos criaste y nos hiciste llegar a este momento») que solo se concretó de verdad al (re)conocer al sujeto del amor. Y esa es la otra forma de (re)conocimiento que me interesaba subrayar hoy: la repentina irrupción de la confirmación de una antigua sospecha. Por ejemplo, que existe de verdad algún sentido. Verbigracia, que ese sentido tiene nombre y apellidos. Desvelar el cauce insospechado de una conexión secreta.
A mí, creo que se los puedo revelar, me ha sucedido por ejemplo con una serie no pequeña de coincidencias amañadas felizmente por estas «miguitas» (perurim) de nuestro Alfonso, el zamorano. Pero no dudo de que alguien habrá por ahí que también se haya topado, de bruces, con una repentina revelación de esa misma sospecha antigua de amor que a veces nos desvela de mala manera. Hasta que llega. Si quieren entender este apuntillo de hoy, entre medias de unas y otras carreras, como un brindis por quien le haya sido dado ese súbito don, ese abrazo mortal, sí, como el de las hoces, pero abrazo hasta el fin, que nunca afloje, no seré ciertamente yo quien les quite el gusto.
Curiosa cosa esta de la vida. Y de la paleografía, ya puestos.

febrero 26, 2010 at 2:28 pm
Hermosa entrada. Ay, me sigo riendo con lo de la flatulencia, qué sacrilegio!
marzo 2, 2010 at 11:43 am
¿¡Sacrilegio?! ¿Por la flatulencia o por el antropomorfismo? De lo segundo y dentro del judaísmo no hay que preocuparse demasiado: la busca y captura del antropomorfismo, casi como la del חמץ en Pascua, ha dado lugar a grandes momentos de la exégesis judía. Los targumim, sin ir más lejos.
Por lo primero (las flatulencias) algún día tendré que hablar aquí de H., mi rabino ortodoxo de cabecera, poeta hebreo en metro andalusí, cantante lírico de la tradición judeo-árabe, admirador de Madonna, místico multitarea, gramático furibundo, políglota impenitente, descacharrante cocinero (¡qué cuscús!) y liberador sexual (que me vengan a enseñar donde dice en las Escrituras que no se puede tener sexo antes -que no fuera- del matrimonio; lo que para ser ortodoxo y padre de dos hijas en edad de merecer tiene su mérito, mayormente). Y cuando hable de H. tendré que hablar de su maestro en mística, que tenía la costumbre de recibirlo en su casa con la ambientación de sonoros pedos. Divinos, supongo. Al fin y al cabo, la mística es desasimiento pero no olvido del mundo sino risa en el mundo.
marzo 3, 2010 at 7:47 am
“L’Entrada de les Entrades” és aquella que hi entres però que no saps quans has d’eixir-ne.
M’has fet recordar que dine sovint sol -cada vegada amb un dels setmanaris britànics que es publiquen a la Costa Blanca assegut a una taula de restaurant guardamarenc. Sabia que havia degenerat però no sabia que havia degenerat tant.
No t’oblides, però: “When in Rome do as Romans do” la qual cosa acabe de comprovar que correspon a San Ambrossio, el qual sempre he cregut ser sant madrileny perquè els ambrossios que he conegut eren tots madrilenys però resulta que l’home era milanès i sant pare de l’església:
“si fueris Romae, Romano vivitomore; si fueris alibi, vivito sicut ibi”
marzo 3, 2010 at 5:04 pm
Di que sí: el otro día estuve hojeando unos atlas de mano temáticos que anda editando con bastante tino Akal (por lo menos así es en el caso del Atlas del Estado del Mundo) y, por uno de aquellos azares, revisé con especial atención el dedicado al Comportamiento Sexual. Uno de los diagramas mostraba la actitud de las religiones mayoritarias hacia diversas actitudes (o habría que decir actividades) sexuales, y precisamente recogía que en el judaísmo no existía ningún anatema explícito hacia la coyunda prematrimonial.
Por otro lado, como ya sabes, y en la medida que me lo han permitido mi ignorancia del yídico, mi apesadumbrado conocimiento de los límites editoriales de mis lenguas íntimas y la modestia de mis finanzas para comprar libros al otro lado del Atlántico, estoy familiarizado con algunos narradores ostjuden. Y cabe señalar que la Biblia puede que transpire a cada respiración de su prosa, pero no en mayor medida de lo que transpira la sabiduría y verbigracia talmúdica. Y no sólo entre aquellos que surgen de ambientes piadosos y tradicionales, sino incluso entre los que Jean-Claude Milner llama “Les juifs de savoir”, es decir, esa intelectualidad judía de entreguerras que había cortado el cordón umbilical con la fe de sus ancestros. ¿Podrías decirme si el Talmud también sigue siendo una cosa “muy de andar por casa” entre los hebreos de hoy?
De las respiraciones taurómacas en las lenguas ibéricas también hay aspectos que me intrigan. En castellano ese patrimonio léxico y expresivo tiene un caudal proverbial, posiblemente sea el campo semántico que más singulariza a la lengua y pertenece por igual a registros cultos y populares. En cambio, en catalán, pese a la documentada afición taurina que hemos compartido hasta mediados del siglo pasado, ese río torrencial se convierte en escualidísimo arroyo. Existe apenas un puñado de términos y casi ninguna expresión, y en su gran mayoría prestamos más o menos indisimulados del español, que se hayan incorporado al acervo del idioma. Es difícil saber a qué achacarlo. Quizás haya que considerar el hecho que el esplendor de la tauromaquia llegue entre finales del s.XVIII y finales del XIX, precisamente cuando el catalán no está para muchas proezas creativas, que los señores noucentistes que fijan el catalán moderno no sintieran exactamente deleite por tal espectáculo y aplicaran un fino cedazo o que, como defienden tantos hoy por hoy, realmente los toros sean una importación hecha sobre mimbres “coloniales” y de la que se importa, por tanto, el lote completo, incluido su vocabulario. En todo caso, estaremos pendientes de nuevos datos que alumbren la cuestión.
Respecto a la simpatía por los quehaceres ingleses –esos católicos que se ahorraron la contrarreforma- y al menosprecio por los purismos rabiosos ya sabes que jugamos en el mismo equipo. Pero me ha seducido esa máxima paleográfica de Judith. Sobre todo porque yo la conocía elevada a categoría filosófica global por un colega suyo de la Sorbona, Gilles Deleuze, que afirmaba que “solo se ve lo que ya se ha hecho visible”. ¿O nunca os ha sorprendido que ese grupo de música en el que nunca habíamos reparado hasta la semana pasada parezca de repente ubicuo en nuestro entorno? Pues eso, que apelando a las castizas enseñanzas de mi suegro, “el que no sabe es como el que no ve”. Y ya sea en mecánicas librescas o amatorias, que a fin de cuentas es de lo que hemos empezado y acabado hablando tu y yo.
marzo 3, 2010 at 7:13 pm
Estoy completamente de acuerdo y hasta fascinada con esto: “Al fin y al cabo, la mística es desasimiento pero no olvido del mundo sino risa en el mundo.”. Espero con ansias el post sobre H. Por ahora leo tu post romano. Un abrazo.
marzo 4, 2010 at 12:26 pm
Joan-Carles: Vaja, doncs gràcies, que m’afigure que és un compliment d’estil borgesià. Quant a l’altra cosa, la perversió, al meu parer, no depén de la llengua de publicació sinó del grau de barroeria del missatge. Perversions, n’hi han moltes: mira que jo conec qui encara llig El País.
Alexandre: Si ya decía yo que habría que haberte inventado si al Gran Taumaturgo le hubiera dado por olvidarse de ti en el registro de las ánimas (benditas). Lo de que te vayas a los atlas (¿será atlas un shibbólet mexica? ¿Serían los aztecas los descendientes legítimos de los atlantes?) de Akal a ver cómo cuadra el personal sus deberes sociales con sus apetencias rijosas te cuadra muy bien: y a mí también, si me diera por ahí.
Tanto la Biblia como el Talmud, y ya me meto con los come-borscht judiegos, tienen sus papeles, pero la Biblia es, desde luego, la superestructura en todo tiempo y lugar donde los judíos hayan montado un chiringuito para el talmud torá. El Talmud es más complejo (tout court) y nunca ha sido, en realidad, una «cosa de andar por casa» (en pantuflas y kippá). La Biblia lo mismo puede servir para la mística que para el sionismo (un suponer); el Talmud, no. Sobre las deslecturas del Talmud, véase p. ej. Forms of rabbinic literature and thought de Alex Samely (mi principal maître à penser mancuniano), especialmente los caps. 3, 8 y 9 (y sobre el uso de la Biblia «citable» como método de organización del pensamiento y del conocimiento, véase ahí mismo el cap. 4).
Advierto, eso sí, que esta lectura no es de pasar el rato. Más vale estar cómodo y coger papel y lápiz.
En cualquier caso, mejor que a este notario que subscribe, podrías preguntarle lo de la presencia de la Biblia a la hebrea de cabecera de estos Perurim, que anda aquí mismo, infra & supra, que además es la que sabe de Biblia y moderneces, mucho más que este humilde escribidor. Ojo, eso sí, cuando vayas a preguntarle, que lo mismo le sale el ramalazo monotemático y te endilga un circunloquio sobre el problema de la violencia o una ensalada de nopalitos frescos con aguacate. En cualquier caso, y sobre eso de Biblia y modernez sistemática, permanezcan atentos a sus pantallas ultramarinas.
No puedo pronunciarme sobre lo del léxico catalán de la tauromaquia, salvo expresar la sospecha de que la cosa de la creatividad del catalán moderno y contemporáneo debiera medirse con la facundia de tu abuela, p. ej., ¿no? Digo, por dejar las cosas en su sitio, no vayan a escurrírsenos a un prejuicio ideológico más que a una constatación reproducible, así como quien no quiere la cosa.
Ah, y gracias por la referencia de Deleuze: se la diré a Judith (y lo mismo me calza una hostia del revés, que ya sabes cómo son las polacas cuando se enojan. Lo del anti-intelectualismo de Judith es a veces de un entrañable desarmante, de tan reflejo como es). Colega de la Sorbona, no es exactamente, que los de la EPHE no estamos más que de realquilados en la Sorbona, pero son pláticas de familia de las que conviene no hacer nunca mucho caso.
Y sí, nos pierde siempre lo mismo: la celebración del libre comercio de los cuerpos y las almas que albergan. No tenemos remedio… («¿y para qué coño habríamos de buscarlo?», que diría mi heterónimo baturro).
Miriam: Chica, qué entusiasmo. Gracia es que me hacéis que no merezco. Y no te llames a engaño: el primer post romano es un coñazo. Te lo digo yo, que lo he escrito.
marzo 5, 2010 at 4:57 pm
Salvo en algún sarampión babélico postadolescente –de leer el Babelia, se entiende, no de seguir a Vidal Quadras- la mayoría de veces que pasé por caja para conseguir El País fueron por el gusto de leer la crónica taurina del inolvidable Joaquín Vidal. El tomo de Aguilar con una antología de sus mejores piezas , una de las muestras de amor que me ha ofrendado mi queridísima tía y madrina, que pasó indecible vergüenza al ir a comprarlo, sigue pareciéndome una de las cumbres del humor español. ¡Qué jartá de reir!
Por suerte o por desgracia, nunca he conseguido aficionarme al espectáculo en sí. Pero el gusto por el amplísimo repertorio léxico taurino no me ha abandonado, y lamento que no tenga correlato catalán. Como decía, he husmeado un poco en el asunto, pero no he sacado nada en claro. Quién sabe si ese podría ser o ha sido ya uno de los temas que la inteligentsia migjornista tratase en sus aquelarres…
Mas cuando expresaba mi sospecha de que el momento magmático de la creación de ese vocabulario en castellano pilló al catalán un poco alicaído no me expresé con fortuna. No pretendía en modo alguno que los catalanes del XIX no fueran capaces de filigranas e invenciones con la arcilla de su lengua propia y que solo estuvieran a su alcance tristes remedos. Quería decir que la encontró con carestía de herramientas para que eso nos quedase bien reflejado y fijado: hay que tener en cuenta que hasta 1879 no existe ningún periódico diario escrito en catalán (y solo durante un lapso de dos años), que las inquietudes literarias vernáculas de la época siguen otros derroteros, que una cantidad importante de las comunicaciones públicas y oficiales –sin ir más lejos los bandos que anuncian corridas- se confeccionan en castellano y etc. Y cuando eso cambia con el giro de siglo parece que se ha producido ya un desapego hacia la práctica taurómaca por parte de los impulsores de esas nuevas iniciativas, de modo que se rescatan y hacen circular léxicos y expresiones taurinas que hasta entonces se hubiesen limitado al terreno de la oralidad. Aunque siempre huela mal que ese legado, de haber existido, no se transmitiera por vía hablada y popular sin necesidad de descuidados taquígrafos
De todos modos, ya te digo que la hipótesis está en pañales, y que convendría sondear un poco más a fondo el asunto y escudriñar fuentes que puedan confirmarla o, ojalá así fuese, “darle la puntilla”. Pero no hay cuidado: si en “trec l’entrellat”, habrá noticias gozoso post vestigial mediante.
marzo 5, 2010 at 5:03 pm
La frase, evidentemente, era “…de modo que NO se rescatan y hacen circular léxicos…”
Y hay por ahí algún otro problema de concordancia que me permito acahacar al frío de Madrid. Es decir, al insomnio que me han producido los tirones de manta sufridos en el tálamo conyugal la pasada noche.
Y a la caraja que llevo hoy encima, claro está. ¿Hacen siesta los realquilados de la Sorbona?
marzo 5, 2010 at 8:09 pm
Alexandre, sólo un comentario, leí le juif du savoir de Milner y me pareció aterrador, tal cual. Esa manera de reducir a caricaturas para oponer su visión política conservadora o neocon – él que antes era trotskista pero como todos los reaccionarios franceses se echaron pa trás o mejor dicho, viraron a la derecha. En fin, que aquí va una crítica buenísima: http://revuedeslivres.net/articles.php?idArt=480
Saludos a todos los eruditos que torean por aquí, yo como el toro, o trato de huír o me cortan las oreas o me clavan inseguridades como dagas o no sé…
marzo 5, 2010 at 8:49 pm
Miriam: Es que a Alexandre le gusta bordear el riesgo y tener peligrosos compañeros de cama (y no me refiero, Dios me libre, a la que le tira de la manta conyugal). Y le agradan las amistades peligrosas: es amigo mío. Con eso está dicho todo.
Y, Alexandre, ya vuelvo mañana por aquí para darte un par de quites, que es que la primera es la primera, usted ya me entiende, compadre.
marzo 5, 2010 at 9:16 pm
Miriam, te agradezco la advertencia y te agradezco también que rompas el hielo en algo que siempre echo de menos, que es el diálogo interno entre los contertulios de un blog ¡La emancipación de su autor! (como los buenos personajes de una novela)
Yo no he leído el libro, lo he hojeado, y Millner, como todos estos nuevos conservadores franceses, que aunque no te lo creas han generado un spin-off especialmente silvestre y fachoso en España, me produce alergia. Pero se me antoja que la denominación “juifs de savoir” ha tenido cierta prédica y la usaba solo por economía de la explicación, que ya sabrá usted que los catalanes tenemos fama de ser amigos del ahorro.
marzo 6, 2010 at 12:40 pm
En realidad no me va a dar tiempo (Farnèse oblige) más que a señalar un par de referencias culturales y políticas para quienes vengan por aquí indocumentados de la política y cultura ibéricas de los últimos treinta años. Lo primero, don Joaquín Vidal era este señor que escribía (como los ángeles) de toros (y de otras cosas) en El País, a saber:
Lo del juego de palabras “babélico” tiene su aquel: Babelia, por supuesto, es la biblia de andar por casa (también conocido por “suplemento cultural”) de El País de los sábados pero Alexandre también se refería a un apaño ideológico de los primeros años 80 en Cataluña, el Foro Babel, y del conservadurismo neocon avant la lettre que encabezó durante un cierto tiempo un reprobable político del Partido Popular catalán, el tal Alejo/Aleix Vidal-Quadras. El Foro Babel promovía la “igualdad lingüística” y luchaba contra la “marginación del castellano”. Servidor siempre ha sido de la idea que tenían, los del Foro Babel, el mismo valor moral que los salen a manifestarse “por la vida” y contra las leyes de despenalización del aborto o “por la familia” y contra las leyes de equiparación de derechos civiles de gays y lesbianas. Pongo los ejemplos porque la cosa quede más clara.
La tía y madrina de Alexandre, como supongo que es catalana (y que él me corrija si no) y debe de vivir en Cataluña, debió de pasar un mal trago cuando fue a comprarle el libro de crónicas taurinas de Joaquín Vidal porque en Cataluña es de buen tono público 1) abominar de todo lo “español” y 2) porque no hay nada más “español” ni más incivilizado que los toros. De nuevo, digo esto por resumir y porque quede todo groseramente más claro.
Lo de la intelligentsia migjornista se refiere a una lista de discusión sobre temas de lengua catalana, Migjorn (“Mediodía”: porque fue fundada por valencianos, que ocupan el territorio más meridional de los que tienen por lengua patrimonial el catalán), lista de la que yo he sacado notables hallazgos y algún fiel lector, cuya lealtad no dejo de agradecer, pero en la que se tiende con más insistencia de lo que al lingüista accidental le gustaría a la consecuencia inevitable del aquelarre: la quema de brujas. Y a las brujas se las puede quemar casi por cualquier cosa: por prejuicios lingüísticos, políticos, sexuales o gastronómicos, sabiendo como ha de saberse que las brujas suelen no ser otra cosa que los fantasmas propios con los que conviven los inquisidores.
Y yo creo que, para situarse y no perderse demasiado, con esto vale y yo me vuelvo a chambiar. ¡Órale!
marzo 6, 2010 at 10:20 pm
Halaga la vanidad de los que somos un poco provincianos descubrir que lo suyo son involuntarios comentarios à clef que suscitan tan gratas hermenéuticas por parte de nuestros eruditos en el extranjero.
Cuando vuelvas por aquí ya nos juntaremos en taurina taberna y nos tomaremos un finito a la salud de Vidal, acaso amenizada con la lectura de piezas tan impagables como la de Jack el Destripador.
Mientras, convencido de que en algún momento del presente fin de semana estarás disfrutando de mejor compañía que la mía, te ruego que presentes mis respetos a nuestra señora y le transmitas mi gran envidia por vuestras serate romanas.
marzo 9, 2010 at 5:45 pm
Esto de ser catalanoparlante del mediodía más fronterizo da algo más de sí.
Al fin y al cabo son 50 km hasta Murcia capità y 3o hasta Orihuelica del Señor: dicho con deje transicional murciano.
Un tio abuelo de mi madre, según contaba mi madre, era torero de renombre aunque su resobrino nieto no haya ido jamás de los jamases a los toros y los requetesobrinos nietos menos por mucho que Canal Nou transmita más corrías que Canal Sur.
En lo que se refiere a las paremias heredadas -del mundo taurino- tengo especial predilección por la que nombra a alguién en catalán local elchano: “sembla el manso de la torà” que oigo todavía a menudo en mi entorno familiar en vías de extinción.
Creo que debe ser muy adecuado en esta página web tan bella y tan ilustrada porqué el manso no siempre es manso y la torà no se refiere a lo que acabo de leer -aprendiz hebreo gracias a los perurim que tan solaz me dan: aquello de “acometer”, “dar un tiro” o “dirigir el tiro” oséase: “guía para dar en el blanco”, “enseñanza”, “instrucción” o “ley”.
Pos no damicas y cabelleretes: la “torà” en mi catalán és la torada que pasa su vida “de prado” donde hacen su vida la maná (otro toranismo), el conjunto de toros, hasta que les llega la hora de llegar a la plaza y morir por la grandeza de su raza.
Así y todo (així i tot) esta página es impagable y no fui yo quien dijo que recordare o recordase el pequeño pecado de soberbia cuando apareciese. Mañana me voy a Berlin y todo seguido me voy a París. Estaré 15 días fuera del trozo de peninsula que algunos llaman España y otros llamamos simplemente “hogar dulce hogar” aunque le demos otro nombre y hablemos la lengua europea más importante sin Estado. A las pruebas me remito.
Como siempre la música espléndida y la letra bella e inquietante.
marzo 10, 2010 at 7:32 am
No crea, don Alexandre, que uno lo hace por todo y con todo el mundo: pero es que uno, de acreditada debilidad moral, tiene también sus consentidas.
Y para la vuelta, ¡venga esa ronda!
Respetos presentados y aceptados en un domingo de indudables cualidades.
¿Ve, ve, don Alexandre, como siempre puede uno contar con el Vermell d’Elx para que nos avece y nos aleccione? Gracias, Vermell, por la información. Y buen viaje y mejor vuelta, que yo no digo mi canción sino a quien conmigo va…
marzo 12, 2010 at 7:22 pm
Des de Berlin on neva i fa tres dies que no entrava a la Internet.
Un poc tonto si que soc pero ja coneixeu la meva adreca personal si alguna cosa necessiteu o si us ofereix res.
Pel que fa a l´intercanvi avesador i alliconador a mi m´ha estat molt util i no hi ha sarcasme ni ironia alguna en les meves paraules.
No tornara a passar mai mes i soc home de paraula.
marzo 12, 2010 at 7:40 pm
Home, Joan-Carles, no ens deixes així, que em fa l’efecte que sembla que t’haguera pres a burla els teus avesaments i lliçons i res més lluny de la meua intenció. Potser sí que és de veres que hi han vegades que l’escrit no s’explica com u voldria. Massa sovint i tot, ai. No caldria dir que no n’hi ha cap sarcasme ni ironia en el que dic. Prou sabia, a més, que eres home de paraula.
Bé, torne a expressar el millor desig per als viatges.