It was in the month of January, the hills were clad in snow.
It was over hills and valleys, my true love he did go.
It was there he met a pretty young gal, with a salt tear in her eye.
She had a baby in her arms, and bitter she did cry.
“Oh, cruel was my father to bar the door on me
And cruel was my mother, that dreadful crime to see!
Cruel was my own true love that he changed his mind for gold!
And cruel was that winter’s night that pierced my heart with cold”
Oh, the taller that the palm tree grows, the sweeter is the bark
And the fairer that a young man speaks, the falser is his heart.
He will kiss you and embrace you, ’till he thinks he has you won,
Then he’ll go away and leave you all for some other one
So come all you pretty fair maids, a warning take by me
And never try and build your nest on the top of a high tree.
All the green leaves, they will all wither, and the branches all decay
And the beautiy of a young man, it’s soon fade away.
Fue en el mes de enero, con los riscos de nieve cubiertos.
Por riscos y quebradas, mi amor verdadero había marchado.
Allí avistó una joven doncella que de sal tenía las lágrimas
y teniendo un niño en brazos, amargo llanto lloraba.
«¡Cruel! Mi padre ha sido que de su casa me ha echado.
¡Cruel! Mi madre, que crimen tan horrendo ha contemplado.
¡Cruel! Mi amor más verdadero, vendido por cuatro cuartos,
y cruel la noche de invierno que el corazón me ha helado.»
Mas cuanta más alta alto se hace la el palmera, más dulce es el ladridola corteza su piel,
y con mayor justicia un mozo joven habla, que es de corazón falaz.
Vendrá a daros su abrazo y llenaros de besos, hasta que suyas os sepa
para marchar luego y dejaros por otra cualquiera.
Venid pues todas, gentiles doncellas, a oír de mi boca consejo tan fiel:
no tratéis de hacer vuestro nido en lo alto de un árbol
pues lo verde de sus hojas todas y las ramas, todas caerán
y la donosura de un mozo falsario, pronto habrá de volar también.
June Tabor, «The Month of January», Abyssinians (1983).
…
Pues no ha estado tan mal. Vamos a ver qué tal se da el segundo.
Alçarà a poc a poc el meu dolor
la bona casa en els dies de l’erm?
Un petit foc que m’allunyi remences,
un llum mirat per la cansada nit.
Ulls des del fred esguarden amb fixesa,
prims llavis diuen tots els noms de la mort
i m’empresonen en una lenta cançó.
Com obriré camins al meu retorn?
Passos i temps em guien a la pau,
i crido amb antic mot el meu desig.
Però sentir només, sense comprendre,
no em salvarà del vell furor del vent.
Escrito a la manera de Salom: ¿Alzará poco a poco mi dolor / la buena casa de los días del yermo? / Un débil fuego que me aleje temores, / un candil mirado por la noche cansada. / Con fijeza los ojos miran desde el frío, / delgados labios dicen los nombres de la muerte / y me aprisionan en una canción lenta. / ¿Cómo abriré caminos para regreso? / Pasos y tiempos me guían a la paz, / y con palabra antigua grito mi deseo. / Pero sólo sentir, sin comprender, / no me salvará del viejo furor del viento.
Salvador Espriu i Castelló, del libro El caminant i el mur, 1954 (traducción de Andrés Sánchez Robayna y Ramon Pinyol Balasch).
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«Surcos» es una parte del documental Perfiles, dirigido por Véred Kurlender, sobre distintas mujeres de las comunidades judías de Madrid,
una de las comunidades más pequeñas de Europa. Tiene algo de Kibutz, en el sentido en que todo el mundo se conoce. Pero al mismo tiempo, en Madrid están presentes todas y cada una de las situaciones y contradicciones de las comunidades judías de la diáspora de todo el mundo. Lo religioso frente a lo cultural, lo social frente a lo individual, lo público y lo privado. Y todo en acción.
Ocupar, del Latino occupare, como ocupar algún lugar. Significa tambien embaraçar, y dar en que trabajar, a lo qual llamamos ocupacion.
Sebastián de Covarrubias Orozco, Tesoro de la lengua castellana o española (1611), edición de 1674, f. 124v (b).
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Ave, color vini clari. / Ave, sapor sine pari. / Tu a nos inebriari / Digneris potencia. / O, quam felix creatura / Quam perduxit vitis pura, / Omnis mensa sit secura / In tua presencia. / O, quam placens in colore, / O, quam fragrans in odore, / O, quam sapidum in ore, / Dulce linguis vinculum! / Felix, venter quem intrabis; / Felix, gutur quod rigabis; / O felix os, quod lababis. / O, beata labia! / Ergo, vinum colaudemus, / Potatores exaltemus, / Non potantes confundemus. / In aeterna saecula, amen!
¡Ave, color del vino claro! / ¡Ave, sabor sin igual! / Tú, que por tu poder / te dignas embriagarnos. / ¡Oh, qué feliz criatura, / qué pura te crió la viña! / Toda mesa sea segura / si se te halla en ella. / ¡Oh, de tu color qué placeres! / ¡Oh, qué fragante de olores! / ¡Oh, qué sabor en la boca, / de las lenguas dulce cárcel! / Feliz vientre en que tú entrares; / feliz, la garganta que bañas. / ¡Oh, feliz boca, que riegas! / ¡Oh, beatos labios! / Así pues, alabemos el vino, / a los bebedores exaltemos, / confundamos a los abstemios. / Por los siglos eternos, amén.
El Coro de Ladinamo (que hace estas cosas) interpreta «Ave, color vini clari», motete paródico con letra del siglo xiv y música de Juan Ponce (c. 1476-c. 1520) según el manuscrito Madrid, Real Biblioteca, n.º II-1335, conocido como «Cancionero de Palacio».
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Compra-Venta «La Comercial», en la calle del Noviciado, n.º 12, Madrid (1930)
Era un refugio y quedaba muy cerca de otro. El otro es la principal casa de Alfonso de Zamora, la Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» de la Universidad Complutense, que queda en la esquina de las calles de San Bernardo y del Noviciado de Madrid. Esta otra casa es rara. En primer lugar, porque el edificio fue legado y generosidad de un filántropo aficionado a la cultura, Ramón Pelayo de la Torriente, primer marqués de Valdecilla. Busquen en su biografía: seguro que hay más de un punto oscuro. No conozco rico que haya hecho, ni ahora ni nunca, su fortuna sin dar un par o más de pisotones o un par o más de cuchilladas. Ocurre tan solo que tampoco conozco muchos ricos de mi país y menos aún de mi ciudad (que es Madrid, por si alguien no lo supiera) que se hayan destacado por su labor filantrópica y por su generosidad sin contrapartidas aparentes en el gastar. Pero parece que este primer Marqués de Valdecilla sí, miren por donde. El caso es que en el caserón quedó instalado el Paraninfo de la Universidad (que acoge sus grandes actos y que albergó muchos años la Asamblea autonómica de la Comunidad de Madrid) y mucho, mucho más tarde, la Biblioteca que conserva, con mimo tan profesional como no menos raro, el fabuloso azar que supone todo lo que ha llegado del patrimonio librario de la Complutense (primero alcalaína; luego «Central» en Madrid; luego, de nuevo, Complutense ni que sea en el gentilicio heráldico). Y todo conservado en el insólito regalo de un filántropo español a una universidad española. Flipante.
Ya les decía que no es lo único raro. A punto de cumplir el primer quinquenio de feliz dedicación a estas cosas de los manuscritos, he tenido oportunidad de zascandilear, más quizás de lo que debiera, por un par o tres de bibliotecas de fondo antiguo, de esas que guardan «libros secretos cuyo aroma no han borrado los años». La casuística es variada, que quieren que les diga, pero, en general, tengo para mí lo acertado de la máxima que me soltó no hace mucho Saverio en París: «Soy un amante de los libros, lo que no me lleva por fuerza a ser un amante de las bibliotecas». Salvo, quizá, por ese raro refugio de la «Marqués de Valdecilla», inaudita por tantas cosas: por el amor no menor a los libros que a sus lectores, por el cuidado de los detalles (tan nimios como la temperatura ambiente o las cajas estancas y opacas o la abundancia de luz natural en la sala de lectura), por la preocupación felizmente obsesiva por hacer compatibles docencia con discencia, medios con personal, conservación con consulta, consulta con preservación y, llegado el caso, restauración. Pero, con mucho y mal está que yo lo diga, lo más sorprendente es que todo este esfuerzo se haya llevado a cabo en el marco de la Universidad Complutense. Vaya, no me miren así: a punto estoy de cumplir quince años de relación prácticamente ininterrumpida con esta universidad. Sé de lo que hablo, me parece. Y Quevedo también:
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.
Taberna en Madrid (1927)
Madrid, conveníamos hace poco Francisco y yo, se caracteriza en esta nuestra edad quizá de hierro por dos hechos urbanísticos: la desmesura de que todo lo que pasa se concentre en un centro urbano de extensión mínima respecto de la hipertrofia de la metrópoli, a la vista insuficiente para albergar todo y a todos los que tiene que albergar, y lo irremediablemente anodino de muchos, si no todos, sus barrios fuera del centro, incluidos no pocos de los considerados señoriales: casi todo el barrio de Salamanca, Moncloa sin remisión (salvo la esquina de Gaztambide con Alberto Aguilera que nos recuerda la residencia de un gran bebedor de whisky), calles y calles entorno a la Castellana. No es que el Palacio de Linares, donde ahora tiene sede el neoimperialismo institucional español de ambición americana, hubiera podido estar lleno de fantasmas (y hay no pocos fantasmasque se han lucrado con esos fantasmas): toda la Castellana, antes «Avenida del 14 de Abril», es un fantasma. De los palacetes nobiliarios que la jalonaban hasta donde se acababa Madrid, la Colina de los Chopos, y que se llevó por delante el desarrollismo franquista de los años 60 solo quedan espectrales pasadizos del tiempo que pudo haber sido pero no fue. Eso fueron las casas: polvo que fueron, mas polvo enamorado. Pero aunque hay algunos amigos de esta casa que se inquietan más por las casas que por la gente, servidor de ustedes se suele inquietar más por la gente que por las casas. No hay de qué escandalizarse, ni por una inclinación ni por la otra: son formas distintas del mismo amor.
Igual que conveníamos en lo anodino del desastre urbanístico de nuestra ciudad natal, Francisco y yo acordábamos que algo debe de fallar en esta ciudad de Madrid por lo falta que nos parece de movimiento, artístico y cívico. Nos parece – huelga decir que sin excluir que estemos errados – que aquí se hacen en realidad pocas cosas; que las pocas que se hacen, se subvencionan mucho; que las que se subvencionan, se momifican asaz; que las que se momifican, de nada sirven para quitarle el marasmo y el pasmo indolente a las gentes de nuestra ciudad. Permítanme que se lo resuma: esta es la ciudad en que el Albert Boadella de Els Joglars ha encontrado prohijamiento presupuestario con Esperanza Aguirre, la del «tamayazo». Esta y no otra es la triste condición de nuestro agujero negro institucional.
Por eso se hacen necesarios los refugios: el Patio Maravillas era uno. Bien entendido, exento de derivaciones irreflexivamente estéticas, dirigido como un acto de socialización de cultura y de aculturamiento de la libertad, el fenómeno de la okupación (que «significa también embarazar, y dar en que trabajar», como señalaba Covarrubias en el siglo xvii) es sobre todo, en esta ciudad de Madrid, reclamar que, puesto que comunes son el sol y el viento, común ha de ser la tierra, como eran las dehesas boyales de mi pueblo de Segovia, en las faldas de la Sierra de Guadarrama, antes de que las expropiaciones criminales del primer franquismo vencedor las distribuyera con liberalidad delincuente entre los potentados de la provincia. La tierra de este Madrid, convertido en lúbrico objeto de codicia de generaciones y generaciones de especuladores paniaguados y bien relacionados, es su delicada trama urbana, siempre a punto de la caída. Proyectos como el del Patio Maravillas son vitales para la supervivencia del decoro en este epítome de la necedad franquista que fue durante 40 años mi ciudad de Madrid, sordidez que siguen perpetuando las estructuras de poder del régimen actual (la corrupción, la primera), en la Universidad, en los ayuntamiento, en el gobierno regional, en los reflejos condicionados de no pocos de sus habitantes: «hijo mío, tú no te signifiques».
Si comunes son el sol y el viento, común ha de ser la tierra. Que vuelva común al pueblo, lo que del pueblo saliera. Y la primera comunidad, más básica que ninguna, es la que conforman educación y cultura.
La cultura, cuando lo es, simplemente libera a sus felices criaturas.
Hoy ha sido tan hoy como mañana será mañana. Lo pertinente, quizá, sea preguntarse cómo es que ayer, aunque sepamos que es hoy, no acabemos de adivinar si será mañana. O si no será. Quizá es que ayer nunca haya podido ser mañana.
Historiadores y arqueólogos construyen el efecto literario de lo real […]. Lo que ocurre es que confunden ese efecto retórico con una idea científica, y por ello tratan de justificarse apelando a la existencia de un método científico como conocedores de la totalidad de su extensión espacial y en su desarrollo temporal. Si asumiesen sus supuestos metafísicos, como Hegel, serían más coherentes. Hegel culminaba su monumental «Ciencia de la lógica» diciendo que lo que se había expuesto allí – nada más ni nada menos que el despliegue de la estructura del Espíritu – era lo que había pensado Dios antes de crear el mundo. Si pensamos que el Dios de Hegel, como señaló Feuerbach, es al fin y al cabo el ser humano, y que la lógica es la propedéutica para conocer el mundo, incluso podríamos admitir su afirmación.
Los historiadores y aqueólogos no piensan el mundo antes de crearlo, como Dios o como Hegel, pero tampoco reflexionan mucho antes de sentarse a sintetizar sus conocimientos, ya que caen en lo que podríamos llamar la paradoja fundamental del conocimiento histórico-arqueológico: ¿cómo es posible el conocimiento de la totalidad del proceso histórico partiendo de unos documentos no sólo fragmentarios, sino también absolutamente arbitrarios en su proceso de transmisión?
— José Carlos Bermejo Barrera y María del Mar Llinares García, «El sarcófago vacío: ensayo sobre los límites del conocimiento arqueológico», en ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2004, págs. 133-155 [137].
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Rodrigo Jiménez de Rada (c. 1170-1247), Breviarium historiae catholicae, s. xiii («El Arca de Noé»); BUC-FOA, ms 138. Mutilado durante la Guerra Civil española.
How can we know the dancer from the dance? ¿Cómo distinguir a quien baila de lo que baila? ¿Cómo conocer a quien baila por lo que baila?
W. B. Yeats, «Among school children» (‘Entre niños de una escuela’), 1926
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El primer amor, creo, debe ser el de la gente: etimológicamente, la «filantropía». Un puro juego de orígenes, esto de la etimología. Es lo más honrado que uno puede hacer con los orígenes: jugar con ellos. El segundo amor es, creo, el de la gente que, a veces, «habla» las palabras. Pero a veces no. A veces, «baila» las palabras. La variedad de amor en las palabras de los seres humanos no deja de fascinarme.
Hace unos días, leyendo el último post que escribió la Llenguaddicta sobre la lengua de signos (en que enlazaba una explicación breve pero bien jugosa que se da en este video) me di cuenta de una cosa. En el video de una canción que me había gustado particularmente del último disco de Idan Raichel, הכל עובר («Todo pasa»; es decir, ¿«πάντα ῥεῖ»?), lo que me había parecido al principio simplemente la coreografía que baila Meirav Cohen, ¿no sería acaso la canción interpretada en lengua de signos? Así que, movido por la curiosidad, indagué un poco. En realidad, no tuve que hurgar mucho: sí, la bailarina «baila» la letra de la canción «hablándola» en lengua de signos israelí. Según parece, la idea del videoclip fue del propio Idan Raichel y lo rodó el director Lior Moljo en la misma habitación de una casa de Kfar Saba que sale en la portada del disco, que fue el dormitorio de los abuelos de Raichel, ya fallecidos. Tuvieron que «construir» un árbol (!) en mitad de la habitación. Meirav Cohen preparó la coreografía con Maxim Cohen, un bailarín sordo con quien ella había participado en un conjunto de danza, formado por sordos, llamado «Bat Qol» (que, literalmente, significa «Hija de una Voz» y, principalmente, «Inspiración divina»).
Se mire por donde se mire, yo veo todas estas palabras francamente fascinantes. No sé ustedes. Todas y cada una de las palabras: las de las voces y las de las manos.
וכבר הייתי די רחוק ממך/ ולא נותרו לנו מילים לדבר
ורוח סחפה מפרש בודד/ בסוף הפכה אותו בודד יותר/ מכל חלום ורחש מתעורר
הכול עובר.
כל מה שפעם היה ונשכח/ היום הוא לא חוזר/ זה רק כל קמט שבעור נחרט
שהיום הוא כבר בוער יותר/ מתוך שאין דרך חזרה
והכול עובר.
כל עוד יום רודף לו יום ולילה לילה/ וכל עוד אין חדש על פני האדמה
טוב שרק נשארנו יחד/ וטוב שיש לנו למי לספר/ למרות הכול אין דרך חזרה
והכול עובר.
כל פצע שהגליד ושוב נפתח/ היום צורב יותר/ הוא מתאחה ומתחדש מעצמו
ושוב פורץ הכול ומתגבר/ כבר לא נשבר והופך למשבר
והכול עובר.
ואת זוכרת איך פעם היינו/ מול הרוח וכוחה הגובר/ ואחרי כל השנים הרעות
חזרו שנים טובות רבות יותר/ הזמן שלנו רץ קדימה תמיד
ולא עוצר.
Y ya estaba lo bastante lejos de ti / y no nos quedaban palabras con que hablar /
y un viento barría un velero solitario / que al final volvió más solitario / que cualquier sueño o murmullo que se despierte. / Todo pasa.
Todo lo que existió una vez y está olvidado / hoy ya no vuelve. / Es nomás una arruga que se ha grabado en la piel / que hoy quema todavía más / porque no hay vuelta atrás / y todo pasa.
Mientras le siga a un día otro día y una noche a otra noche / y mientras siga sin haber nada nuevo en este mundo / me alegro de haber estado juntos / y de que tengamos con quien platicar: / a pesar de todo no hay vuelta atrás / y todo pasa.
Toda herida cicatrizada y vuelta a abrir / provoca hoy un dolor más vivo. / Se cierra y se renueva ella sola / y todo irrumpe y todo se enseñorea. / Sin haberse roto, ya está por romperse / y todo pasa.
¿Te acuerdas, mi niña, de cómo estábamos una vez / frente al viento y a su fuerza irresistible / y después de todos los años malos / volvieron muchos años buenos. / El tiempo que tenemos corre siempre hacia adelante / y no se para.
Quien quiera ponerse al día sobre las cosas de las lenguas de signos, puede empezar por aquí, en catalán. En catalán, como podría ser en otro idioma, porque conviene recordar que hay tantas lenguas prescindibles como seres humanos: ninguna.
Num tu fluentem divitiis Tagum,
num prata gyris uvida roscidis
mutare me insanum putabas,
dulcibus immemoremque amicis?
¿Acaso pensabas tú que yo, demente y olvidadizo,
iba a preferir el Tajo, que arrastra riquezas,
y los prados regados por ruedas empapadas,
a mis dulces amigos?
Garcilaso de la Vega, Ad Thylesium, traducción de Juan Bastardas Parera
Ya que hay gente docta en la materia, viendo escrito Scó por Ascó, ¿en catalán medieval se encuentran palabras que empiezan por sc- o sp-? Porque una de les correcciones que siempre se me hace en mi francés hablado es el vicio de poner una /e-/ delante de palabras como sport o spectacle, lo que en valenciano ni nos planteamos, pero tal vez un día no era asín.
en el blog de Vicent, a la que el propio Vicent dio una primera respuesta:
Dani, efectivamente, en la lengua medieval puedes encontrar «spasa», «sperar» o «sperança», aunque también «espasa», «esperar» o «esperança». La cuestión es que no había ‘norma’ como tal y de ahí las variedades en función de quien escribía. En todo caso, en esos casos concretos, el origen etimológico latino está claro (spatha, sperare, sperantia) y, efectivamente, era sin >s<.
y, a continuación, un ocioso juntaletras se marcó una contestación a la pregunta de Dani, sabiendo como se sabe que cuando el diablo no tiene qué hacer, mata moscas con el rabo y escribe de lingüística con las manos (sobre todo en Valencia):
Que yo sepa, parece que el catalán no ha conocido nunca una ese líquida (/s-/ + consonante) como segmento fónico constitutivo. Es decir, «spasa», «sperança» o «sperar» serían formas etimologizantes pero sin correlato real en la pronunciación (y por eso precisamente podían coexistir con formas con e de refuerzo (/es-/ + consonante), llamada también «protética» o «epentética». El catalán no hace respecto de todo eso nada que no hagan todas las demás lenguas ibéricas (incluido el árabe andalusí, pese a que en este caso lo fuera por árabe, no por ibérico). Lo que le pasa a Dani en francés es un error típico de hablante ibérico que hacemos más o menos todos y que tiende a quedar fosilizado porque una «ese líquida» es prácticamente imperceptible para un oído ibérico. Es una cosa parecida a lo que nos pasa a los castellanos en catalán con las vocales abiertas y cerradas. En resumen, las es epentéticas y los toros son una cosa que había unido desde siempre a castellanohablantes, catalanohablantes, galaico-lusófonos y euskaldunes. Como habría que ir empezando a preocuparse de los toros, lo mismo tendríamos que ir cuidando las vocales epentéticas. Y Dani siempre puede soltarles a los franceses: «¡Oye, que vosotros seréis líquidos, pero yo soy epentético!»
Burla burlando, lo mismo (pensaba yo) la respuesta del juntaletras daba para un par de renglones por aquí, aprovechando que el bueno de Erasmo de Rotterdam (¿1466-1469?-1536) metió su bátava nariz en casi todo lo divino y lo humano, incluyendo… las vocales epentéticas de los hispanos. Además, por una vez y sin que sirva de precedente, tocaríamos de lleno por aquí algo que tenga que ver con Alfonso de Zamora (recordemos: ¿1474?-¿1545?), o sea, casi contemporáneo del humanista nordista y empleado casi tres décadas en la Universidad de Alcalá de Henares, institución mazo de erasmista (aunque, curiosamente, uno de los colegas más cercanos de Alfonso fuera el darocense Pedro Ciruelo, ¿1470?-1548, feroz baturro antierasmista).
El caso es que Erasmo, en septiembre de 1521, tuvo que cascarse una apología en defensa de todos los sapos y culebras filológicos que, contra su edición griega del Nuevo Testamento de 1516, le había soltado Diego López de Zúñiga (m. ¿1530?) en sus Annotationes Iacobi Lopidis Stunicae contra Erasmum Roterodamum in defensionem tralationis Novi Testamenti, publicadas en Alcalá en 1520 por un impresor (¡oh paradoja!) hipererasmista, Miguel de Eguía (de tan erasmista que era tuvo tratos de esos que uno no querría tener con la Inquisición, cuando ser erasmista ya no molaba tanto como antes porque «erasmista» empezaba a rimar con «luterano» en la imaginación inquisitorial y «luterano», casi de toda la vida, había olido a «churrasco» con leña verde). Como la mejor defensa es un buen ataque, don Erasmo no dejaba lugar a dudas de la intención de su opúsculo desde el mismo título: Apologia respondens ad ea quae Iacobus Lopis Stunica taxauerat in prima duntaxat Novi Testamenti aeditione. O sea, en román paladino: «Defensa que contesta a lo que había reprochado Diego López Zúñiga en la hasta ahora primera edición del Nuevo Testamento».
El Tío Desiderio (de Rotterdam) comenta de pasada en uno de los pasajes de su apología:
Quis autem nescit singulis pene regionibus esse quaedam in pronunciando peculiaria vulgo, veluti Gallis elidere s, Anglis e sonare i, Florentinis chorpus pro corpus, nonnullis laldo pro laudo? Quorum tamen nihil pertineat ad eruditos, et tamen hinc clamitat Stunica me totam gentem Hispanorum inscitiae damnare, quod quidam sonent espero pro spero. Sed Stunicae verba subscribam, vt magis perspicua sit hominis impudentia. «Nam quod obiter», inquit, «Hispanos taxat imperitiae, quum espero pro spero, especto pro specto illos scribere dictat, haud mirum videri debet, si erga Hispanos viros ingeniosissimos, vtpote a Graecis et Romanis originem ducentes, inuidia laboret homo Batauus […]»
vamos, como si dijéramos:
¿Quien no sabe en cambio que casi no hay un solo país en que no se den en la pronunciación [del latín] ciertas peculiaridades de su pueblo llano, así por ejemplo los franceses que eliminan las eses, los ingleses que pronuncian la /e/ como /i/, los florentinos [que dicen] «chorpus» por «corpus», otros [que dicen] «laldo» por «laudo»? De lo que sin embargo nada compete a los eruditos y, con todo, por esto clama Zúñiga que a la entera nación de los españoles considero culpables de ignorancia, porque haya quienes pronuncien ‘espero’ por ‘spero’. Pero podría subscribir las palabras de Zúñiga a condición de que quedara más diáfana la desvergüenza del hombre. «Pues porque de paso», afirma, «reprocha a los españoles su falta de pericia, al prescribir que escriben ‘espero’ por ‘spero’, ‘especto’ por ‘specto’, no ha de asombrar si, respecto de españoles de agudísima inteligencia, pues hallan su origen en griegos y romanos, sea por envidia que el bátavo se afana» […].
A lo que replica Erasmo:
Primum vanus est Stunica, cum ait me taxasse Hispanos, quod «scribant espero pro spero», sed quod sonent. Atque ita sonant fortasse non omnes etiam vulgo, sed aliqui certe, nec Hispani solum, sed Galli etiam Hispanis finitimi. An ideo damno totam Hispaniam «imperitiae»? An omnes Hispani docti sunt? […]
Lo primero es que Zúñiga resulta falaz al afirmar que haya yo censurado a los españoles porque «escribían ‘espero’ en lugar de ‘spero’», pues [decía que] lo pronunciaban. Así es probable que no todos pronuncien aún como el pueblo llano, pero algunos sí, y tampoco son los españoles solamente sino también los franceses vecinos de los españoles. ¿Y por esto hallo culpable a España entera de «falta de pericia»? ¿Acaso son doctos todos los españoles?
Esta incursioncita de Erasmo en la lingüística histórica del latín del Quinientos acaba aquí, pero, como uno es muy universitario, es decir, muy maruja, no me resisto a añadir un par de puyitas más que le dedica el Tío Desiderio a Dieguito Zúñiga «El Bronco»:
Tot habet Gallia summa doctrina praeditos, tot habet Germania, tot hec regio, tot Britannia, quos vel cum priscis illis possis conferre. Nusquam non florent ac regnant bonae literae, et ait «vix» esse duos aut tres, «qui studio litterarum teneantur». Vt en quid dicam de aliis, in vna schola Louaniensi sunt supra mille qui non solum studeant bonis litteris, sed in his feliciter progressi sint, et in his non pauci tales, vt clarum nomen apud posteros sint habituri. Et tamen apud hos nulla principum liberalitas inuitat ad hec studia. Studiorum veterum proceres manibus ac pedibus obnituntur. Quo sane nomine felicior est academia Complutensis, quae nihilo esset infortunatior, si Stunicam hominem tam maledicum non haberet.
Tantos posee Francia dotados de mucha doctrina, tantos Alemania, tantos este país, tantos Inglaterra, con los que si se quiere puedes comparar con aquellos de otrora. En ningún sitio florecen ni reinan las buenas letras, y se dice que «apenas» sean dos o tres «los que mantienen el estudio de las letras». Y mira que por no hablar de otros, en una sola escuela de Lovaina son más de mil que, no solo se afanan en las buenas letras, sino que en ellas felizmente hacen progresos y no serán por ellas pocos los que de estos lograrán justa fama en la posteridad. Mas no es por la generosidad de los príncipes que nada los invita a dedicarse a estos estudios. Los próceres de los estudios antiguos se oponen con uñas y dientes. ¡Cuán más feliz sería sin duda de fama la Universidad de Alcalá, que por nada es tan desdichada, si no tuviera a este Zúñiga maledicente!
Atque interim obiicit mihi, quod «quodam in loco» per occasiones laudem aliquot eruditione celebres, quos per contemptum appellat «Eluetios nescio quos». Sed hoc nomine vinco Stunicae candorem, qui non modo Batauos meos aliquot, sed Germanos, sed Eluetios, sed Gallos, sed Britannos laudibus veham, quocumque orbe nati sunt, modo promereantur. Quin et Hispanos praedicaui scriptis meis, praedicaturus et Iuuernos, si quis illinc extiterit laude dignus. Sed encomio decantato, sic perorat Stunica: «quae cum ita sint, non est quur Hispani tamquam indoctis ac plane barbaris Erasmus insultet». Hanc linguae petulantiam tam effrenem non dubito quin omnes execrentur Hispani, si modo tales sunt, quales eso videri vult Stunica. Ego certe plurimos esse credo.
Y a la vez me echa en cara que «en un cierto lugar» que haya alabado en buena hora algunos famosos por su erudición, a los que con desdén llama «suizos que no conozco». Mas con tal apelativo derroto la brillantez de Zúñiga, que no doy mi alabanza a algunos de mis bátavos tan solo sino que, donde sea que hayan nacido en el mundo, la doy tanto cuanto la merezcan, sean alemanes, suizos, franceses o ingleses. ¿Por qué no ensalzaría a los irlandeses, igual que he ensalzado a los españoles en lo que he escrito, si de por allí surgiera alguien digno de alabanza? Pero, hecho el encomio, así concluye Zúñiga: «porque ni que así fueran, no es razón para que Erasmo insulte a los españoles de tan indoctos y llanamente bárbaros». Con semejante petulancia lenguaraz desenfrenada, no dudo de que se haya imprecado a todos los españoles, siéndolo del modo en que quiere Zúñiga que parezca comido. Yo ciertamente creo ser de los más que lo ha hecho.
Nunca a disparidad abre las puertas
mi corto ingenio, y hállalas contino
de par en par la consonancia abiertas.
¿Cómo pueda agradar un desatino,
si no es que de propósito se haze,
mostrándole el donaire su camino?
Que entonces la mentira satisfaze,
quando verdad parece, y está escrita
con gracia, que al discreto y simple aplaze.
Miguel de Cervantes, Viage al Parnaso, capítulo vi (1614)
…
Ni Haití ni ninguna otra geografía de los desastres de la historia está nunca demasiado lejos: quizá sea eso lo que provoca que los apresurados mercaderes de la novedad vuelvan obsceno cualquier intento de narrarlo sin más. No estoy seguro de la posibilidad de la memoria: más bien lo estoy de su contrario. Ni me parece que la genealogía, ni la biológica ni la sentimental, sean inapelables. Pero quizá convenga estremecerse, ni que sólo sea eso, con la sospecha de un tiempo en que quienes nos antecedieron, y aún están ahí, fueron haitianos. Quizá en eso consista la memoria de las piedras. La más poderosa, tal vez: la memoria de las piedras derruidas.
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¿Será verdad que en el paraíso hay una tablilla, conservada incólume desde antes de que existiera el tiempo? ¿Existirá después de que el tiempo se acabe? Y cuando ya no haya vida que inscribir en las tablillas de los vivos, ¿adónde irá el libro de la vida?
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Desde el 13 de enero al 18 de abril estará abierta en la Fundación Cartier-Bresson de París la exposición «Robert Doisneau, du métier à l’œuvre» (‘R. D., del oficio a lo hecho’). Las fotografías «Le nez au carreau» (‘Curiosa por la ventana’; 1953), «Bidonville à Ivry» (‘Chabolas en Ivry’; 1946), «Jeux africains» (‘Juegos africanos’; 1945), «La voiture fondue» (‘El carro fundido’; 1944) y «La Courneuve, 1945» forman parte del catálogo de esa exposición.
A partir de esta hipótesis de trabajo cabe preguntarse si no sería necesario extender el modelo de Gardner para dar cuenta de un tipo distinto de motivación, en la que el objeto de los ‘positive feelings’ no son los hablantes, que pueden llegar a serlo de todo lo contrario, sino más bien la imagen que se tiene de su cultura, idealizada y reforzada por un ánimo de ir a contracorriente; o si por el contrario, y a tenor sobre todo de los resultados generales, no estaríamos ante un ejemplo de motivación irrelevante y sin efecto positivo sobre el proceso de aprendizaje, puesto que no sólo no favorece la disposición a comunicarse sino que llega a coartarla, por cuanto desmerece a los hablantes nativos, percibidos a menudo como herederos pródigos y casi ilegítimos de dicho acervo. En este sentido llega a darse el caso, p[or] ej[emplo], de que el uso del árabe nativo (dialectal) se contempla con irritación e incomprensión, como si el arabófono estuviera obligado a respetar invariablemente una norma lingüística que el estudiante ha asumido como universal, sin serlo. Y como éste, tantos otros ejemplos que van más allá del «لماذا تأخر المسلمون ولماذا تقدم غيرهم» de Chekib Arslan (شكيب أرسلان), el malheur arabe de Samir Kassir (سمير قصير) y cualquier otra reflexión émica sobre la decadencia de los árabes, y tienen su origen en un legado distinto, el del orientalismo. [...]
Lo cual puede interpretarse, a mi modo de ver, en el sentido de que lo relevante no es si el individuo desea o no integrarse en la otra sociedad, sino la relación que establece, de identificación personal, con la lengua de ésta o lo que la rodea. Eso explicaría que a veces se observen [...] actitudes en apariencia contradictorias, entre la sublimación de una cultura árabe ad hoc y el desapego, cuando no desafecto, hacia los árabes de carne y hueso. Pero además, y lo que es más importante, esa motivación más identificativa que integrativa, que sugieren Czisér y Dörnyei, daría cuenta también de los casos en los que sí hay disposición a comunicarse y buenos resultados en términos de competencia. El siguiente paso, por tanto, sería determinar qué tipo de identificación (y con qué exactamente) conduce a una verdadera motivación, positiva, y cuál puede resultar, por el contrario, en una amotivación como la que sufren muchos estudiantes de árabe, con independencia de los obstáculos a los que se enfrentan todos.
«Que no hablan idiomas, sino dialectos.»
Eduardo Galeano, «Los nadies», Libro de los abrazos (1989).
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«language variety on cadbury's choc», foto de Nofrills, 26 de abril de 2005.
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Dos extremos, entrambos reprehensibles, noto en nuestros Españoles en orden a las cosas nacionales. Unos las engrandecen hasta el Cielo: otros las abaten hasta el abismo. Aquellos, que ni con el trato de los extranjeros, ni con la lectura de los libros, espaciaron su espíritu fuera del recinto de su patria, juzgan que cuanto hay de bueno en el mundo está encerrado en ella. De aquí aquel bárbaro desdén con que miran a las demás Naciones, asquean su idioma, abominan sus costumbres, no quieren escuchar, o escuchan con irrisión sus adelantamientos en artes, y ciencias. Bástales ver a otro Español con un libro Italiano, o Francés en la mano, para condenarle por genio extravagante, y ridículo. Dicen que cuanto hay bueno, y digno de ser leído, se halla escrito en los dos idiomas Latino, y Castellano. Que los libros extranjeros, especialmente Franceses, no traen de nuevo sino bagatelas, y futilidades; pero del error que padecen en esto, diremos algo abajo.
Por el contrario los que han peregrinado por varias tierras, o sin salir de la suya comerciado con extranjeros, si son picados tanto cuanto de la vanidad de espíritus amenos, inclinados a lenguas, y noticias, todas las cosas de otras Naciones miran con admiración; las de la nuestra con desdén. Sólo en Francia, pongo por ejemplo, reinan, según su dictamen, la delicadeza, la policía, el buen gusto. Acá todo es rudez, y barbarie. Es cosa graciosa ver a algunos de estos Nacionalistas (que tomo por lo mismo que Antinacionales) hacer violencia a todos sus miembros, para imitar a los extranjeros en gestos, movimientos, y acciones, poniendo especial estudio en andar como ellos andan, sentarse como se sientan, reírse como se ríen, hacer la cortesía como ellos la hacen, y así de todo lo demás. Hacen todo lo posible por desnaturalizarse; y yo me holgaría que lo lograsen enteramente, porque nuestra Nación descartase tales figuras.
Entre éstos, y aun fuera de éstos, sobresalen algunos apasionados amantes de la lengua Francesa, que prefiriéndola con grandes ventajas a la Castellana, ponderan sus hechizos, exaltan sus primores; y no pudiendo sufrir ni una breve ausencia de su adorado idioma, con algunas voces que usurpan de él, salpican la conversación, aun cuando hablan en Castellano. Esto en parte puede decirse que ya se hizo moda; pues los que hablan Castellano puro, casi son mirados como hombres del tiempo de los Godos. [...]
Mas no por eso concederemos, ni es razón, alguna ventaja a la lengua Francesa sobre la Castellana. Los excesos de una lengua respecto de otra, pueden reducirse a tres capítulos, Propiedad, Armonía, y Copia. Y en ninguna de estas calidades cede la lengua Castellana a la Francesa.
En la propiedad juzgo, contra el común dictamen, que todas las lenguas son iguales en cuanto a todas aquellas voces, que específicamente significan determinados objetos. La razón es clara, porque la propiedad de una voz no es otra cosa, que su específica determinación a significar tal objeto; y como ésta es arbitraria, o dependiente dela libre voluntad de los hombres, supuesto que en una Región esté tal voz determinada a significar tal objeto, tan propia es como otra cualquiera que le signifique en idioma diferente. Así no se puede decir, pongo por ejemplo, que el verbo Francés tromper sea más, ni menos propio que el Castellano engañar; la voz rien, que la voz nada. Puede haber entre dos lenguas la desigualdad de que una abunde más de voces particulares, o específicas. Mas esto en rigor será ser más copiosa, que es capítulo distinto, quedando iguales en la propiedad en orden a todas las voces específicas que haya en una, y otra.
He dicho que por lo común hay este vicio en nuestra Nación, pero no sin excepciones, pues no faltan Españoles que hablan, y escriben con suma naturalidad, y propiedad el idioma nacional. [...] No nacen, pues, del idioma Español la impropiedad, o afectación de algunos de nuestros compatriotas, sí de falta de conocimiento del mismo idioma, o defecto de genio, o corrupción de gusto.
En cuanto a la armonía, o grato sonido del idioma, no sé cuál de dos cosas diga: o que no hay exceso de unos idiomas a otros en esta parte; o que no hay Juez capaz de decidir la ventaja. A todos suena bien el idioma nativo, y mal el forastero, hasta que el largo uso le hace propio. Tenemos hecho concepto de que el Alemán es áspero […]
Dentro de España parece a Castellanos, y Andaluces humilde, y plebeya la articulación de la Jota, y la G de Portugueses, y Gallegos. Pero los Franceses, que pronuncian del mismo modo, no sólo las dos letras dichas, mas también la Ch, escuchan con horror la articulación Castellana, que resultó en estos Reinos del hospedaje de los Africanos. No hay Nación, que pueda sufrir hoy el lenguaje, que en ella misma se hablaba doscientos años ha. Los que vivían en aquel tiempo gustaban de aquel lenguaje, sin tener el órgano del oído diferente en nada de los que viven ahora; y si resucitasen, tendrían por bárbaros a sus propios compatriotas. […]
De modo, que puede asegurarse que los idiomas no son ásperos, o apacibles, sino a proporción que son, o familiares, o extraños. La desigualdad verdadera está en los que los hablan, según su mayor, o menor genio, y habilidad. Así entre los mismos Escritores Españoles (lo mismo digo de las demás Naciones) en unos vemos un estilo dulce, en otros áspero: en unos enérgico, en otros lánguido: en unos majestuoso, en otros abatido. No ignoro que en opinión de muchos Críticos hay unos idiomas más oportunos que otros, para exprimir determinados afectos. Así se dice, que para representaciones trágicas no hay lengua como la Inglesa. Pero yo creo que el mayor estudio que los Ingleses, llevados de su genio feroz, pusieron en las piezas dramáticas de este carácter, por la complacencia que logran de ver imágenes sangrientas en el teatro, los hizo más copiosos en expresiones representativas de un coraje bárbaro, sin tener parte en esto la índole del idioma. Del mismo modo la propiedad que algunos encuentran en las composiciones Portuguesas, ya Oratorias, ya Poéticas, para asuntos amatorios, se debe atribuir, no al genio del lenguaje, sino al de la Nación. Pocas veces se explica mal lo que se siente bien; porque la pasión que manda en el pecho, logra casi igual obediencia en la lengua, y en la pluma.
Una ventaja podrá pretender la lengua Francesa sobre la Castellana, deducida de su más fácil articulación. Es cierto que los Franceses pronuncian más blando, los Españoles más fuerte. La lengua Francesa (digámoslo así) se desliza: la Española golpea. Pero lo primero, esta diferencia no está en la substancia del idioma, sino en el accidente de la pronunciación: siendo cierto que una misma dicción, y una misma letra puede pronunciarse, o fuerte, o blanda, según la varia aplicación del órgano, que por la mayor parte es voluntaria. Y así no faltan Españoles que articulen con mucha suavidad: y aun creo que casi todos los hombres de alguna policía hoy lo hacen así. Lo segundo digo, que aun cuando se admitiese esta diferencia entre los dos idiomas, más razón habría de conceder el exceso al Castellano: siendo prenda más noble del idioma una valentía varonil, que una blandura afeminada.
Sin embargo, esta razón tiene más apariencia que solidez. Lo primero, porque la corrupción, de que se habla, no es propia, sino metafóricamente tal. Lo segundo, porque aunque pueda llamarse corrupción aquel perezoso tránsito, conque la lengua original va declinando al dialecto; pero después que éste, logrando su entera formación, está fijado, ya no hay corrupción, ni aun metafórica. Esto se ve en las cosas físicas, donde, aunque se llama corrupción, o se asienta que la hay en aquel estado vial conque la materia pasa de una forma a otra; pero cuando la nueva forma se considera en estado permanente, o in facto esse, como se explican los Filósofos de la Escuela, nadie dice que hay entonces corrupción: ni el nuevo compuesto se puede llamar en alguna manera corrompido. Y así, como a veces sucede, que no obstante la corrupción que precedió en la introducción de la nueva forma, el nuevo compuesto es más perfecto que el antecedente, podría también suceder, que mediante la corrupción del primer idioma, se engendrase otro más copioso, y más elegante que aquel de donde trae su origen.
— Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Teatro crítico universal, tomo primero (1726). Texto tomado de la edición de Madrid 1778 (por D. Joaquín Ibarra, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo primero (nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), discurso xv, páginas 309-325.
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«Parrhesia – Through Language in Vienna» (‘Kultur’), foto de Parrhesia civil Language, 4 de diciembre de 2007; «Lecturas» (‘Associació de veïns afectats pel riva’), foto de Jorge Dragón, 7 de marzo de 2008; «First page of Genesis – in Arabic in Hebrew letters», foto de Dlisbona, 27 de enero de 2008; «Lecturas» (‘Tesouro’), foto de Jorge Dragón, 8 de abril de 2009.
Us llego amics, senzillament,
els tres quefers humils de sempre:
viure (i menjar) amb decòrum cada dia;
si podeu, endegar cobejança i luxúria.
Os lego, amigos, sencillamente,
los tres quehaceres humildes de siempre:
vivir (y comer) con decoro cada día;
si podéis, componer la codicia y la lujuria.
Joan Oliver («Pere Quart»), «Codicil d’un poeta» (‘Codicilio de un poeta’), Vacances pagades (‘Vacaciones pagadas), Valencia, 1960
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Busca buscando otra cosa (cosas de encuadernadores y de libros judíos en la Cataluña del siglo xv que ya saldrán por aquí) me doy de bruces en un pasadizo espectral con esas cosas que tiene el prejuicio y que tanto éxito dieron en su tiempo, por ejemplo, a don Claudio Sánchez Albornoz, patricio filípico y jupiterino:
És clar que ens estimem les coses que hem escrit. Si més no, sempre ens recorden hores de treball i temes d’estudi que mai no han deixat de fer-nos companyia. Aquests temes vivien com una nebulosa dins de nosaltres, i tot anant-los posant per escrit va semblar-nos que els seus contorns se’ns precisaven. Vèiem alhora amb major claredat els punts febles que calia ampliar amb major recerca. El dia que hi posàvem punt final, sabíem que ho fèiem a un estudi que, en el millor dels casos, només tenia una valor provisional. ¿Val la pena d’intentar que cobri nova vida, republicant-lo? No ho sé pas. […]
D’acord amb les normes d’aquesta edició, els textos del Dr. Rubió són reproduïts tal com ell els va publicar, sense canvis ni afegits, llevat de la correcció d’algunes errades mecàniques o d’alguns lapsus lingüístics evidents. [...]
Era pel novembre de 1432. La ciutat de Barcelona era farcida d’usurers, flagell antic que mirava d’amagar-se sota mil expedients, banals en aparença per terribles per als qui havien de caure a les urpes dels explotadors de la misèria. Jueus i cristians nous eren sempre tinguts per sospitosos de practicar el préstec usurari, i a llur darrera es parapetaven molts i molts que, sense ésser germans dels jueus per la sang, ho eren per la cobejança.
Qué duda cabe que sentimos cariño por lo que hemos escrito. Cuanto menos, siempre nos recuerdan horas de trabajo y temas de estudio que nunca han dejado de hacernos compañía. Estos temas vivían como en una nebulosa dentro de nosotros y, al ir poníendolos por escrito, nos pareció que sus contornos se nos precisaban. A la vez, veíamos con mayor claridad los puntos débiles que había que ampliar con más investigación. El día que les poníamos punto final, sabíamos que hacíamos tal cosa a un estudio que, en el mejor de los casos, solo tenía un valor provisional. ¿Vale la pena tratar de que cobre nueva vida, republicándolo? No lo sé. […]
De acuerdo con las normas de esta edición, los textos del Dr. Rubió aparecen reproducidos tal como él los publicó, sin cambios ni añadidos, salvo la corrección de algunos errores mecánicos o de algunos lapsus lingüísticos evidentes. […]
Era por noviembre de 1432. La ciudad de Barcelona estaba repleta de usureros, antiguo azote que buscaba esconderse bajo mil expedientes, en apariencia banales por [sic: ¿«pero»?] terribles para quienes iban a caer en las garras de los explotadores de la miseria. A judíos y cristianos nuevos se los tenía siempre por sospechosos de practicar el préstamo con usura y, detras suyo, se parapetaban un gran número que, sin ser hermanos de sangre de los judíos, lo eran por la codicia.
—Jordi Rubió i Balaguer, La cultura catalana del Renaixement a la Decadència, en Humanisme i Renaixement, «Obres completes», Barcelona, Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya y Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1990 (primera edición de 1962), tomo viii, «Pròleg» (‘Prólogo’), pág. 25, «Nota editorial» (pág. 21) y pág. 77.
Qué duda cabe de que sentimos cariño por lo que hemos escrito y de que la cosa no debió de ser un lapsus lingüístico o, al menos, no era uno evidente. En Barcelona (vean la ilustración de la foto) invitan a la reflexión bajo el nombre de Rubió i Balaguer. Pues eso: reflexionemos.
De los comentarios en el último artículo de uno de los blogs que sigo:
We cannot apply our modern standards to the ancients. We are not in a position to measure their sensitivity to certain expressions and their definition of rudeness of style. We really find no consistency in the use of euphemisms even in later rabbinic literature. We are in no position to judge the ancients for their seeming inconsistency; they were guided by their own standards and reasons. We must also take the individuals, times and places into consideration.
No podemos aplicar nuestros criterios modernos a los antiguos. No nos hallamos en posición de evaluar lo sensibles que les resultaban ciertas expresiones y cómo definieran en qué consistía un estilo grosero. No nos hallamos en posición de juzgar a los antiguos por lo que parezcan contradicciones suyas. Se guiaban por sus propios criterios y razonamientos. Asimismo, hemos de tener en cuenta a los invididuos, las épocas y los lugares.
Saul Lieberman, Hellenism in Jewish Palestine: Studies in the literary transmission, beliefs, and manner of Palestine in the I Century B.C.E.–IV Century B.C.E., Nueva York, The Jewish Theological Seminary, 1950, pág. 34.
(A pesar de los pesares, reconozco mi debilidad por Saul Lieberman – que tuvo incluso derecho a acrónimo rabínico, גר”ש, dada su estatura intelectual –, un rabino del movimiento conservador que se preocupó de «liberar» a las mujeres «aherrojadas» por un marido hijueputa que se niega a repudiarlas – en sentido estricto, las esposas judías casadas en el judaísmo no se divorcian: las repudia su marido, porque el judaísmo tiene estas contradicciones inherentes a las formas de organizarse de los seres humanos – y que dejo escrito un «suplemento» a una de sus obras mayores que consiste exclusivamente, al parecer, en notas de este estilo:
Erratas y errores míos. […] Esto es un lapsus calami. […] Esto [que decía] es innecesario. […] Esto es una traducción [literal] del yiddish. […] No me expresé con corrección. […] Habría que borrar toda esta breve nota. […] Me doy ahora cuenta de que se trata de una hipótesis excesiva. […] Según esto cometí un grave error explicándolo [así] aunque fuera en este breve comentario.
Para acabar rematando la pieza con esto:
Acabo con una plegaria [en que pido] que se me conceda el privilegio de quitar toda esta basura de [mi] Tosefta kifšuṭa, órdenes Zera’im yMo’ed, y corregir todo el final de[l orden] Našim.
En resumen, lo mismito que dejó dicho en ripio Piet Hein:
LOSING FACE
The noble art of losing face
may one day save the human race
and turn into eternal merit
what weaker minds would call disgrace.
EN RIDÍCULO
El noble arte de dejarse en ridículo
pudiera un día tal vez salvar la humana raza
y convertir en inmarcesible mérito
lo que más cortas mentes llamarían patíbulo.
y que tan extraordinario resulta entre rabinos, universitarios, políticos y niños de tres años. Más o menos lo mismo).
I am uncertain about what Risa’s main gift to me is. There are many. She was my teacher and she became a cordial source of inspiration ever after – that sort of unfailing inspiration it is agreed upon to call “a friend”.
If I were to choose one gift only from her; for instance, if I were to write a memory of her for an assembly of every good friend she had (and she did have so many good friends!), then I would say she was the first person who ever told me a tale about a Hebrew scribe, a most peculiar branch of holy trade whose study has become my own trade and passion. It was back in 2000 when I was about to leave Cambridge after a vividly rewarding year for which Risa largely contributed. It was The Tale of the Scribe by Agnon. That may be Risa’s main gift – that every time I see a Hebrew letter on a manuscript (and I see so many every day!) is an instant of joyful infatuation, a rare privilege so few teachers know how to hand over to their students.
Far from sorrow, it is my pride and my honour to say how much life I always see in Hebrew words thanks to Risa Domb. Yehi zikhronah livrakha.
No estoy seguro de cuál sea el regalo más importante que me hizo Risa: son muchos. Fue mi profesora y luego se convirtió para siempre en una entrañable fuente de inspiración, la especie de inspiración sin falla a la que convenimos denominar «amigo».
Si tuviera que elegir uno solo de sus regalos; si tuviera, por ejemplo, que escribir la memoria que de ella guardo para una reunión de todos y cada uno de los buenos amigos que tuvo (¡y tuvo tantos buenos amigos!), quizá diría que fue la primera persona que me contó una historia sobre un escriba hebreo, una peculiarísima rama de los oficios sacros cuyo estudio he convertido en mi propio oficio y mi propia pasión. Fue allá por el año 2000, cuando estaba a punto de abandonar Cambridge tras un año pleno de tantas vivencias enriquecedoras, a las que tanto había contribuido Risa. Fue con La leyenda del escriba de Agnón. Tal vez sea ese el mejor regalo de Risa: que siempre que veo una letra hebrea en un manuscrito (¡y veo tantas al cabo del día!) se convierte en un momento de dichoso fervor, un privilegio escaso que solo unos pocos profesores saben transmitir a sus alumnos.
Lejos de sentir pena, me enorgullezco y me honro en afirmar cuanta vida percibo siempre en las palabras del hebreo gracias a Risa Domb. Yehí zijroná livrajá.
Leído en el homenaje público, organizado en Girton College de Cambridge el 20 de mayo de 2007, en honor de Risa Domb (16 de marzo de 1937-11 de enero de 2007).
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Por encima de todas las bendiciones
y los himnos, las alabanzas y los consuelos
que en el mundo se recitan
J’ai voulu vivre pendant des années selon la morale des tous. Je me suis forcé à vivre comme tout le monde, à ressembler à tout le monde. J’ai dit ce qu’il fallait pour réunir, même quand je me sentais séparé. Et au bout de tout cela ce fut la catastrophe. Maintenant j’erre parmis des débris, je suis sans loi, écartelé, seul et acceptant de l’être, résigné à ma singularité et à mes infirmités. Et je dois reconstruire une vérité – après avoir vécu toute ma vie dans une sorte de mensonge.
Durante años quise vivir según la moral de todos. Me forcé a vivir como todo el mundo, a parecerme a todo el mundo. Dije lo que hacía falta para reunir, hasta cuando me sentía separado. Y al final resultó que todo acabó en catástrofe. Ahora ando errante entre escombros, falto de toda ley, despedazado, solo y aceptando estarlo, resignado a mi singularidad y a mis incapacitaciones. Y tengo que reconstruir una verdad, luego de haber vivido toda mi vida una especie de mentira.
Albert Camus, Carnets: mars 1951-décembre 1959, vol. iii, París, Gallimard, 1959, pág. 2666.
No, yo no: Alfonso de Zamora. Ando cavilando con cosas de sus silenciosi que cada vez, quizá paradójicamente, me parecen más clamorosos y menos silenciosos. Nada más era eso.
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«13 Museo Provincial de Zamora Sala Central 21035», foto de Javier (javier1949), 5 de julio de 2009.
i¿Queda, sin embargo, un interrogante de difícil explicación: ¿cómo puede interpretarse la actitud pasiva – externamente pasiva – del judeoconverso afectado por una situación que no tenía relación alguna con las actividades académicas? La historia del Renacimiento español está plagada de silencios, largos y elocuentes silencios, que se imponían los «cristianos nuevos». Y Alonso de Zamora, quien en ningún momento de su vida fue denunciado al Santo Oficio de la Inquisición por cualquier sospecha de heterodoxia, guardó, también en esta ocasión, una actitud silenciosa, prudente, contemplando – y sintiendo en profundidad – a un grupo social hostil, poderoso, al que tenía que aceptar, pero con quien no podía compartir sus proyectos esencialmente humanistas. […] Alfonso de Zamora, buen conocedor del Talmud, acaso recordara que «el hombre no deberá ir nunca contra las costumbres establecidas. Parad mientas en esto: cuando Moisés subió a la montaña no comió [Éxodo, xxxiv, 28], y, asimismo, cuando los ángeles oficialmente bajaron a la tierra se alimentaroon [Génesis, xviii, 8]» y que «si la palabra vale una moneda, el silencio vale dos». […] Los sensatos proyectos humanos a veces acaban precisamente por obra del mismo hombre. Intereses personales no siempre claros, pretensiones innovadoras de bajos vuelos y carencia de visión creadora, todas estas negativas cualidades se reunieron de manera eficaz para impedir, por vez primera, que los estudios de filología hebrea adquirieran en Salamanca la dimensión y esplendor que con alguna facilidad y sobrado mérito hubieran podido obtener.
— Carlos Carrente Parrondo, Hebraístas judeoconversos en la Universidad de Salamanca (Siglos XV-XVII), Salamanca, Universidad Pontificia, 1983, págs. 18 y 20.
He may have shared in another characteristic of converso mentality which has been emphasized in a very different context by A[mérico] Castro. One of this author’s observations on the Quijote is to the effect that Cervantes depicts a character’s attitude to ham as related to his condition of converso. In other words, eating ham is a ”salvoconducto”, a social weapon against being a victim of disdain. The need for such ”social weapons” seems to be a characteristic of converso mentality traceable to the early xvith century [sic].
It may be submitted that this feature can explain a peculiarity of the colophon. One might maintain (though not without a degree of naivete, it would seem) that it is pure coincidence that the work was finished precisely on the Jewish Sabbath in which, as was known to the Inquisition, writing is forbidden. But it would be harder to explain that Alfonso was acutely aware of his condition of converso and that this awareness explains the insecurity over the reader’s opinion of his orthodoxy. The case might be akin to that of another converso, Luis Coronel, of the family of the Chief Rabbi Abraham Seneor, and member of Charles’V [sic] court in Flanders, of whom it is reported that he ”used to say that he never preached a sermon whithout having had it written first, so that they should not acuse him of anything, as he was one of those ”recently converted”. Of the same family was Pablo Coronel, collaborator of Alfonso in the Hebrew part of the Complutensian Bible and holder of the Chair for Scripture at Salamanca.
Puede [Alfonso de Zamora] que compartiera otra característica de la mentalidad conversa, que Américo Castro puso de relieve en un contexto muy diferente. Este autor se refiere, en uno de sus observaciones sobre el Quijote, que Cervantes describe una actitud de su personaje respecto del jamón ligada a su condición de converso. En otras palabras, comer jamón es un salvoconducto, un arma social contra el desprecio del que pudiera ser víctima. La necesidad para tales «armas sociales» parece ser una característica de la mentalidad conversa que puede rastrearse a los primeros años del siglo xvi.
Puede plantearse que este rasgo daría explicación a una particularidad del colofón. Podemos sostener (aunque no sin que se diera cierto grado de ingenuidad) que es pura coincidencia que la fecha de finalización del trabajo sea precisamente el sábado judío en el que, como era bien conocido para la Inquisición, está prohibido escribir. Pero más difícil sería explicar que Alfonso era perfectamente consciente de su condición de converso y que tal conciencia explique la inseguridad respecto de la opinión que de su ortodoxia tenga el lector. Este caso podría asemejarse al de otro converso, Luis Coronel, de la família del rav de la corte Abraham Seneor, miembro de la corte de Carlos V en Flandes, de quien se cuenta que «decía que nunca predicaba un sermón sin haberlo escrito primero, de forma que no le pudieran acusar de nada, puesto que era uno de esos ”recién convertidos”». De la misma familia era Pablo Coronel, colaborador de Alfonso en la parte hebrea de la Biblia Complutense y titular de la cátedra de Sagrada Escritura en Salamanca.
— Eleazar Gutwirth, «Alfonso de Zamora and Edward Lee», Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (Granada), Sección de Hebreo, vol. xxxvii-xxxviii, 2 (1988-1989), págs. 295-297 [296].
En realidad, es una pura metáfora: con el ruso me pasa como con el neerlandés (y casi con el alemán): decir que lo entiendo es un puro brindis al sol. Pero, ¿quién dijo miedo? Así que la cosa, metafóricamente, empezaría así:
«Estaba yo leyendo el último número de la revista cultural de la Federación de Comunidades Judías de Rusia (Федерация еврейских общин России) cuando me encontré esto»:
Cártel de las Brigadas de Defensa de la Lengua Hebrea, 1927: «La cátedra de jerga es la destrucción de la Universidad Hebrea».
Тогда же, в 1927 году, советом директоров Еврейского университета в Иерусалиме был одобрен план создания в университете кафедры идиша. Но в то время реализовать этот проект оказалось невозможным. Против открытия кафедры выступили влиятельные сионисты (в том числе Менахем Усышкин), а также радикальная организация Мегиней а-Сафа а-Иврит («Бригада защитников языка иврит»), состоявшая в основном из учащихся гимназии «Герцлия», организовавших травлю Хаима Житловского во время его визита в Палестину еще в 1914 году. «Бригада», основанная в 1923 году, активно действовала до 1936 года, особенно активно в Тель-Авиве и Иерусалиме. В общественном мнении она связывалась с правыми сионистами-ревизионистами. Ее деятельность была направлена главным образом именно против использования идиша (показательно, что английский язык не вызывал у членов «бригады» какой-либо негативной реакции). В связи с предполагаемым открытием кафедры были выпущены плакаты в траурных рамках: «Кафедра жаргона – уничтожение Ивритского университета» и «Кафедра жаргона – идол в Ивритском Храме» (Еврейский университет во многих тогдашних публикациях и выступлениях сравнивался с Храмом). Как видим, юные светские ревнители иврита писали об идише как о целем ба-хейхал – языческом идоле в Храме, – то есть использовали раввинистические источники, чтобы сравнить намерение основать кафедру идиша с осквернением Храма греко-сирийскими завоевателями и римскими императорами в I веке н. э. Идиш, язык тысячелетней культуры, демонизировался как чужой незаконный «жаргон», угрожающий единству, представляющий опасность для формирования новой ивритской нации, символом которой был университет – ее «храм».
A la vez, en 1927, el Comité de Dirección de la Universidad Hebrea de Jerusalén aprobó un plan para crear una cátedra universitaria de yiddish. Pero el proyecto resultó imposible de realizar en aquel momento. Contra la apertura de este departamento se movilizaron sionistas influyentes (Menachem Ussishkin, entre otros) así como la organización radical מגיני השפה העברית ([Brigada de los] «Defensores de la Lengua Hebrea»), compuesta principalmente por estudiantes del gymnasium (=instituto de secundaria) «Herzliya», que organizaron el acoso a Chaim Zhitlowsky cuando visitó Palestina en 1914. La «Brigada», fundada en 1923, estuvo activa hasta 1936, principalmente en Tel Aviv y Jerusalén. Entre la opinión pública estaba ligada a los sionistas revisionistas de derechas. Sus actividades se dirigían fundamentalmente contra el uso del yiddish (lo que muestra que el inglés no provocaba ninguna reacción negativa en los miembros de la «Brigada»). Ligada a la propuesta apertura de la cátedra, se distribuyeron carteles en forma de anuncios de defunción [con la leyenda]: «[La] Cátedra de Jerga [es] la destrucción de la Universidad Hebrea» y «[La] Cátedra de Jerga [es] un ídolo [pagano] en el Templo del Hebreo (Ivrit)» (en muchas publicaciones y discursos de la época, a la Universidad Hebrea se la comparaba con un templo). Como se ve, los jóvenes entusiastas laicos del hebreo pintaban el yiddish como una «anomalía idólatra» (JdPP: literalmente, צלם בהיכל: «un ídolo en el Templo»; para el tropo, véase Misná, tratado Ta’anit, capítulo iv, párrafo 6), es decir, se sirvieron de fuentes rabínicas para comparar la intención de de establecer una cátedra de yiddish con la profanación del Templo [de Jerusalén], obra de los conquistadores greco-sirios y los emperadores romanos del siglo i de nuestra era. El yiddish, lengua de una cultura milenaria, fue demonizado como una «jerga» ilícita y forastera que ponía en riesgo la unidad, que suponía un peligro en la formación de la nueva nación de la lengua hebrea (ivrit), cuyo símbolo era la Universidad: su «templo».
Y corríjanme todo lo que ustedes quieran (incluidos los tejemanejes de mi español con el ruso). Para eso están los comentarios y la vocación de esta rebotica de no ser otra cosa que una «scolástica universidad, o académica república, o escuela de letras, en imitaçión de la república çevil [=civil] que debujó Platón.»
תדבק לשוני לחכי אם לא אזכרכי אם לא אעלה את ירושלם על ראש שמחתי
Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no ensalzare a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría
Salmo cxxxvii, 6 (traducción de la «Biblia del Oso» de Casiodoro de Reina, Basilea, 1569).
…
בזמן ההוא התהפכה לשוני, ועם שהגיע ראש חודש תמוז נתקע לי בפה, עמוק עמוק בגרון, עמוק מן הגרון, המבטא הערבי. כך, כשהייתי באמצע הליכת רחוב, חזר אלי המבטא הערבי של סבא אנואר עליו השלום, וכמה ניסיתי להוציא אותו מתוכי ולהשליכו באחד הפחים הציבוריים ככה לא הצלחתי. ניסיתי ניסיתי לרכך את העי”ן לרכך את העי”ן כמו אמא, שעשתה זאת בילדותה נוכח המורים ושאר התלמידים, אבל זרים עוברים רק קיבעו אותי במקומי; ניסיתי לרכך את החי”ת ולעשות אותה כ”ף, ניסיתי להרחיק את הצד”י מן הסמ”ך, ניסיתי לצאת מן הק”ע העיראקית הזאת, ולא צלח המאמץ. ושוטרים התחילו לעבור מולי ברחובות ירושלים תקיפים, התחילו להצביע עלי ועל זקני השחור באצבעות מאיימות, התחילו להתלחש ביניהם בניידות, התחילו לעצור אותי ולדרוש בשמי ובזהותי. ואני מול כל שוטר עובר ברחוב הייתי מבקש לעמוד מהליכתי ולשלוף את תעודת הזהות שלי ולהצביע על סעיף הלאום ולומר להם, כאילו אני מסגיר סוד שיפטור אותי מאשמה גדולה: “אנא מן אל-יהוד, אנא מן אל-יהוד”.
Biblia hebrea transcrita en caracteres árabes, datable entre los siglos x al xiii.
في تلك الفترة انقلب لساني، وبحلول شهر تموز التصق بسقف حلقي، ثم بدأ يتزحلق بعيدا على صفحة الحلق حتى وصل إلى النطق العربي. وبينما كنت أسير في الشارع، ارتد إلي النطق العربي الذي كان يتلفظ به جدي أنور، عليه السلام، وكم حاولت أن أنتزعه من داخلي، وألقي به في واحدة من سلال القمامة العامة لكن دون جدوى. حاولت مخلصا أن أنطق حرف العين، همزة خفيفة مثل أمي، التي فعلت ذلك، في صباها، تفاديا لغضب المدرسين ونظرات التلاميذ الساخرة، لكن الغرباء الذين يمرون في الطريق ثبتوني في مكاني، حاولت أن أخفف حرف الحاء، وأنطقه خاء، حاولت أن أتصنع مسافة بين السين والصاد. جربت الهروب من هذه القاف العراقية. لكن لم تنجح محاولاتي. وبدأ رجال شرطة يكسو الحزم ملامحهم يمرون أمامي في شوارع “أورشليم”، أشاروا إليَ، وإلى لحيتي السوداء بأصابع متوعدة، تهامسوا فيما بينهم داخل “سيارات الدورية”، وبدءوا في إلقاء القبض علي، وسؤالي عن اسمي، وهويتي. أما أنا فكنت أريد أن أستوقف كل شرطي يمر أمامي، وأُشهر في وجهه بطاقة الهوية، مشيرا إلى خانة “القومية”، وأقول لهم، وكأنني أبوح بسر سينقذني من ذنب عظيم: “أنا من اليهود، أنا من اليهود”.
At that time, my tongue twisted around and with the arrival of the month of Tammuz the Arabic accent got stuck in my mouth, deep down in my throat. Just like that, as I was walking down the street, the Arabic accent of Grandfather Anwar of blessed memory came back to me and no matter how hard I tried to extricate it from myself and throw it away in one of the public trash cans I could not do it. I tried and tried to soften the glottal `ayyin, the way my mother had in her childhood, because of the teacher and the looks from the other children, but strangers passing by just rooted me to the spot; I tried to soften the pharyngeal fricative het and pronounce it gutturally, I tried to make the tsaddi sound less like an “s” and I tried to get rid of that glottal Iraqi quf and pronounce it like “k,” but the effort failed. And policemen started to head assertively towards me on the streets of Jerusalem, pointing at me and my black beard with a threatening finger, whispering among themselves in their vehicles, stopping me and inquiring as to my name and my identity. And for every passing policeman on the street I would want to stop walking and pull out my identity card and point out the nationality line and tell them, as if I were revealing a secret that would absolve me of tremendous guilt: “Ana min al yahoud, I’m a Jew.”
Por aquel entonces la lengua se me dio la vuelta y, al llegar el primer día del mes de tammuz, se me quedó pegada en la boca, al fondo fondo de la garganta, más hondo que la garganta, la pronunciación árabe. Ocurrió que, a mitad de atravesar una calle, me volvió la pronunciación del abuelo Anwar, que en gloria esté, y, por mucho que intenté sacármela de dentro y tirarla a una papelera, no lo conseguí. Intenté intenté suavizar la letra ‘ayn suavizar la letra ‘ayn como hacía mamá, cuando lo hacía de pequeña en presencia de sus profesores y los demás alumnos, pero los desconocidos que pasaban me dejaron quieto en mi sitio. Intenté suavizar la letra het y hacerla como una jota, intenté dejar lejos la letra sade de la ese, intenté salir de esta qaf iraquí, pero mi esfuerzo fue baldío. Y unos policías empezaron a pasar delante mí en las calles de Jerusalén con ánimo severo. Empezaron a señalarme con el dedo, a mí y a mi barba negra, con dedos amenazantes, empezaron a cuchichearse dentro de sus coches patrulla, empezaron a arrestarme pararme, a pedirme mi nombre y mi identificación. Y yo, delante de todos los policías que pasaban por la calle, pedía que se quitaran de mi camino y que me dejaran extraer mi cédula de identidad y señalar la línea de «nacionalidad» y decirles, como si expusiese un secreto que me fuera a librar de una enorme vergüenza: «Ana min alyahud, ana min alyahud». «Soy un judío, soy un judío».
…
El cuento breve de Almog Behar (אלמוג בֶּהַר) de título אנא מן אל-יהוד(Ana min alyahud: «Soy un judío»; dicho en árabe), del que solo he traducido el principio, ganó uno de los premios de relatos breves que convocó el diario israelí Haaretz en 2005. Lo tradujo al árabe el egipcio Muhammad ‘Abud (que diría yo que llevaba este blog, pero no me hagan mucho caso) y la traducción fue publicada en la revista cultural egipcia Alhilal. El cuento se ha publicado recientemente en un libro de relatos de Behar que ha publicado la editorial Babel en Tel Aviv. Bueno es que ustedes se me enteren de todo esto, aunque este apunte no sea en realidad más que un reconocimiento de la obra de Behar y de mi incapacidad para pergeñar con algún fundamento una traducción española de su poema חוט מושך מן הלשון («Un hilo que tira de la lengua») del libro de poemas homónimo publicado por la editorial Am Oved en 2009. Bueno, por eso y porque no sabe uno nunca con qué tejemanejes poéticos va a acabar uno en un pecio imprevisto de Canarias.
Actualización: Hurgando un poco para responder mejor a Joan-Carles en los comentarios, he encontrado una traducción al inglés del cuento completo, obra de Vivian Eden que no puede ser anterior a 2005 ni posterior a 2007. No sé si se ha llegado a publicar comercialmente. Para que sirva de complemento, incluyo la traducción inglesa del fragmento que yo he traducido al español. Por otra parte, a base de hurgar, veo que los guardianes de la tribu siguen trabajando a pleno a rendimiento en diversas encarnaciones.
Reactualización: Corregido un error de la traducción española.
La encina, que conserva más un rayo
de sol que todo un mes de primavera,
no siente lo espontáneo de su sombra,
la sencillez del crecimiento; apenas
si conoce el terreno en que ha brotado.
Con ese viento que en sus ramas deja
lo que no tiene música, imagina
para sus sueños una gran meseta.
Y con qué rapidez se identifica
con el paisaje, con el alma entera
de su frondosidad y de mí mismo.
Llegaría hasta el cielo si no fuera
porque aún su sazón es la del árbol.
Días habrá en que llegue. Escucha mientras
el ruido de los vuelos de las aves:
el tenue del pardillo, el de ala plena
de la avutarda, vigilante y claro.
Así estoy yo. Qué encina, de madera
más oscura quizá que la del roble,
levanta mi alegría, tan intensa
unos momentos antes del crepúsculo
y tan doblada ahora. Como avena
que se siembra a voleo y que no importa
que caiga aquí o allí si cae en tierra,
va el contenido ardor del pensamiento
filtrándose en las cosas, entreabriéndolas,
para dejar su resplandor y luego
darle una nueva claridad en ellas.
Y es cierto, pues la encina ¿qué sabría
de la muerte sin mí? ¿Y acaso es cierta
su intimidad, su instinto, lo espontáneo
de su sombra más fiel que nadie? ¿Es cierta
mi vida así, en sus persistentes hojas
a medio descifrar la primavera?
Claudio Rodríguez (poeta de Zamora), Don de la ebriedad, poema tercero del libro primero, 1953.
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«Y llamó» (principio del libro del Levítico); Biblia de Lisboa que acabó en la región italiana de la Umbria, producida en el siglo xvi. Manuscrito hebreo n.º 15 de la Nacional de Francia en París, f. 67r.
Guenizá de notas, informaciones, datos, sorpresas y serendipias sobre el maestro Alfonso de Zamora (ca. 1474-ca. 1545), primer regente de la cátedra de Hebreo de la Universidad Complutense cisneriana y sobre las circunstancias de la tesis doctoral que le dedico.