noviembre 2009


Je te l’ai dit pour les nuages
Je te l’ai dit pour l’arbre de la mer
Pour chaque vague pour les oiseaux dans les feuilles
Pour les cailloux du bruit
Pour les mains familières
Pour l’œil qui devient visage ou paysage
Et le sommeil lui rend le ciel de sa couleur
Pour toute la nuit bue
Pour la grille des routes
Pour la fenêtre ouverte pour un front découvert
Je te l’ai dit pour tes pensées pour tes paroles
Toute caresse toute confiance se survivent.

Te lo digo por las nubes
Te lo digo por el árbol del mar
Por cada ola por los pájaros en las hojas
Por las piedrecitas del ruido
Por las manos conocidas
Por el ojo que se hace rostro o paisaje
Y el cielo le devuelve el sol de su color
Por la noche bebida
Por la verja de caminos
Por la ventana abierta por la frente despejada
Te lo digo por lo que piensas
Por tus palabras
Toda caricia y confianza perviven.

Paul Éluard

Alguna (rara) vez, hasta se trabaja (con estampitas y todo).

(Coda: Se solicita colaboración para traducir, dizque hacer comprensibles, en italiano –o siciliano– las letras de los Antònia Font. Mi osadía no conoce límites, pardiez).

C’est étrange d’entendre parler français.[...]
J’ai beau me le répéter, je ne sais pourquoi cette nuit j’ai échoué tout seul, dans cette ville indifférente où il ne reste plus rien de nous.

Es raro oír hablar francés. […]
Pese a repetírmelo, no sé por qué esta noche he fracasado a solas, en esta ciudad indiferente donde nada queda ya de nosotros.

Patrick Modiano, Quartier perdu (1984)

Teniendo en cuenta lo que me espera para el tiempo que voy a estar, más me vale que me dedique a bailar y me olvide de angustias…

(«… Y cómo huir / cuando no quedan / islas para naufragar / al país / donde los sabios se retiran / del agravio de buscar / labios que sacan de quicio, / mentiras que ganan juicios / tan sumarios que envilecen / el cristal de los acuarios / de los peces de ciudad…»)

Nos vemos por aquí a mediados de diciembre. Disfruten, como siempre, con nuestro servicio de bar y nuestras especialidades típicas.

Let’s dance little stranger / Show me secret sins / Love can be like bondage / Seduce me once again
Burning like an angel / Who has heaven in reprieve / Burning like the voodoo man / With devils on his sleeve
Won’t you dance with me / In my world of fantasy / Won’t you dance with me / Ritual fertility
Like an apparition / You don’t seem real at all / Like a premonition / Of curses on my soul
The way I want to love you / Well it could be against the law / I’ve seen you in a thousand minds / You’ve made the angels fall
Won’t you dance with me / In my world of fantasy / Won’t you dance with me / Ritual fertility
Come on little stranger / There’s only one last dance / Soon the music’s over / Let’s give it one more chance
Won’t you dance with me / In my world of fantasy / Won’t you dance with me /Ritual fertility
Take a chance with me / In my world of fantasy / Won’t you dance with me / Ritual fertility

Vamos a bailar, forasterito / Enséñame a pecar en secreto / El amor puede ser darle al bondage / Sedúceme otra vez
Ardiendo como un ángel / Que tiene el cielo por indulto / Ardiendo como el hombre del vudú / Que anda con ideas de diablos
No vas a bailar conmigo / En mi mundo onírico / No vas a bailar conmigo / Fertilidad ritual
Como una aparición / No pareces de verdad para nada / Como una premonición / De maldiciones en el alma
La forma en que quiero amarte / Bien podría ser del todo ilegal / Te he visto en miles de mentes / Has provocado que cayeran los ángeles
No vas a bailar conmigo / En mi mundo onírico / No vas a bailar conmigo / Fertilidad ritual
Vamos, forasterito / Solo queda un último baile / En poco se acaba la música / Vamos a ver si ahora lo hacemos
No vas a bailar conmigo / En mi mundo onírico / No vas a bailar conmigo / Fertilidad ritual
Mira a ver si lo hacemos / En mi mundo onírico / No vas a bailar conmigo / Fertilidad ritual

Escena de Bande à part de Jean-Luc Godard (1964) con música de Nouvelle Vague, «Dance with me», del disco Nouvelle Vague – Bande à part (2) (2006), versión de la canción del mismo título del disco homónimo de The Lords of the New Church (1983).

C’est étrange d’entendre parler français.[...]

J’ai beau me le répéter, je ne sais pourquoi cette nuit j’ai échoué tout seul, dans cette ville indifférent où il ne reste plus rien de nous.

Es raro oír hablar francés. […]

Pese a repetírmelo, no sé por qué esa noche he fracasado a solas, en esta ciudad indiferente donde nada queda ya de nosotros.

Patrick Modiano, Quartier perdu (1984)

MSS Gasteiz detalle

Manuscrito de Vitoria-Gasteiz, autógrafo de Alfonso de Zamora, antes de 1538.

Esta idea de la lengua vulgar como degeneración de la culta es absurda, dado que es ésta la que se fundamenta en aquella y no al revés. Aunque los hablantes tengan como modelo más o menos consciente la lengua culta, tal como ha sido inducido por la educación, e intenten atenerse a los modelos oficiales considerados como correctos (y por más que esos intentos tengan sin duda alguna influencia, aunque superficial, en la actividad lingüística de la población), la competencia lingüística automática (la que se utiliza en la mayor parte de las situaciones de la vida cotidiana) se fundamenta en unos hábitos lingüísticos constituidos y adquiridos en la etapa infantil pre-educativa de adquisición de la lengua, que no se pueden modificar de modo sustancial en la vida adulta. Esto nada tiene que ver con el descuido o la indolencia de los hablantes, que hablan a su aire sin preocuparse de la gramática y del diccionario. El habla característica de una comunidad se atiene a una serie de reglas (no coincidentes con las reconocidas oficialmente para la correspondiente lengua culta) tanto fonéticas como morfológicas, sintácticas y semánticas, que permiten un espacio de variación específico en todos los ámbitos y que hacen que un extranjero que no domine todas esas reglas con el conjunto de sus variedades y realizaciones variables, sea inmediatamente reconocido como tal al hablar nuestra lengua. Si la lengua oral espontánea de una determinada comunidad lingüística no se rigiera por ningún conjunto de reglas implícitamente asumidas por todos los miembros de esa comunidad y cada uno hablara a su aire, sin seguir ningún conjunto de normas lingüísticas, no se podría entender esta característica que acabamos de señalar de la detección del habla del extranjero. La idea de que la lengua vulgar supone una relajación o abandono total o parcial de las reglas lingüísticas es, pues, radicalmente falsa. El habla espontánea tiene su propia gramática que normalmente no coincide con la reconocida oficialmente como correcta y que caracteriza una determinada lengua estándar. Por tanto, la lengua oral espontánea (o las diversas variedades de ella) no presenta la misma gramática que la lengua culta pero más relajada, laxa o descuidada sino una gramática diferente, que, por desgracia, los lingüistas apenas conocen, dado que durante la mayor parte del tiempo y siguiendo las concepciones filológicas de la gramática de origen clásico, se han dedicado a describir las lenguas cultas escritas y no las lenguas tal como se hablan espontáneamente.

Juan Carlos Moreno Cabrera, «Gramáticas y academias. Para una sociología del conocimiento de las lenguas», Arbor (Madrid), vol. clxxxiv, n.º 731 (2008), pág. 526 (págs. 519-528).

¿Se me entiende?

A veces yo también me dejo llevar:

Me imaginé abriendo el armario misterioso de don Mosseh Raphael Aguilar. Dentro, en la oscuridad, me pareció ver a Mauricio Molho haciéndome señas.

Me dirigí entonces a la ventana. En el cielo había unas extrañas, grandes y desoladas islas así como nubes de barro (disformes manchones) entre la hierba verde. Parecía exactamente un cuadro de Salvatore Rosa.

Juan Perucho, Los laberintos bizantinos: un viaje con espectros, 1984.

Traía Maria aquí el otro día una frase de Italo Calvino: Il luogo ideale per me è quello in cui è più naturale vivere da straniero («Mi lugar ideal es aquel donde más natural sea vivir como extranjero»). Dejaba también recuerdo Joan-Carles de un verso de Jordi de Sant Jordi que cantó Raimon (probablemente desafinando, como casi siempre) pero que yo me he encontrado en alguna ocasión murmurando entre dientes, posiblemente con la mirada perdida:

Deserts d’amichs, de bens e de senyor,
en estrany loch y en stranya contrada,
luny de tot be, fart d’enuig e tristor,
ma voluntat e pensa caytivada,
me trop del tot en mal poder sotsmes;
no vey algu que de me s’aja cura,
e soy guardats, enclos, ferrats e pres,
de que·n fau grat a ma trista ventura. […]

Dejado de amigos, bienes y señor,
en sitio extraño y en extraña comarca,
lejos de todo bien, sobrado de quebrantos,
mi voluntad y juicio cautivados,
del todo hállome preso de poder malo;
nadie veo que cuita de mí tenga,
y aherrojado estoy, prisionero y guardado,
de quien dio placer a mi triste ventura.

Animalicos

BNF, ms. Français 218, fol. 325.

Vaya usted a saber por qué, Jordi de Sant Jordi me llevó a Amijay:

זֶכֶר אָבִי עָטוּף בִנְיָר לָבָן
כִפרוּסוֹת ליוֹם עֲבוֹדָה

כְקוֹסֵם הַמוֹצִיא מִכוֹבָעוֹ אַרְנָבוֹת וּמִגְדָלִים
הוֹצִיא מתוֹך גוּפוֹ הַקָטָן – אַהֲבָה

נַהֲרוֹת יָדָיו
נִשְפְכוּ לְתוֹך מַעֲשָיו הַטוֹבִים

El recuerdo de mi padre está envuelto en papel blanco
como bocadillos para un día de trabajo

Como un mago, que saca del sombrero conejos y torres,
sacó de su pequeño cuerpo – amor

Los ríos de sus manos
se derramaron en sus buenas obras.

(Incluido en el poemario Ahora y en otros días [עכשיו ובימים האחרים] de 1955; traducción al español de Raquel García Lozano).

Será que estamos volviendo a hacer las maletas. Mira que hemos corrido tierras… Y hemos visto maravillas…Y a la orillita del mar.

(Carles Dénia y La Nova Rimaire, «Malaguenya de Barxeta», Tan alta com va la lluna, 2008).

manuel-orero-fotografia-1El historiador, al tratar con el pasado, deberá utilizar las categorías de presencia y ausencia de un modo diferente al científico natural. En su caso no se podrá pasar de la presencia inmediata a la mediata, puesto que el pasado ni existe ni es observable. Y el utilizar al documento como instrumento para pasar de la presencia inmediata a la mediata es una falacia, ya que el documento ni hace presente al acontecimiento ni hace presentes a las personas del pasado, únicamente nos permite imaginar esas acciones y las sombras de esas personas, de acuerdo con las reglas que nuestra imaginación nos dicta. […]

La Historia es el saber de la ausencia, de una ausencia, además, que es irrecuperable; porque si examinamos las tres categorías de modalidad veremos que, al contrario que en las ciencias naturales, en historia [sic] la categoría de necesidad no posee aplicación, puesto que el devenir de los acontecimientos no está regido por leyes. En la Historia asistimos al dominio de la categoría de efectividad, unida, claro está, a la de posibilidad. […]

Si la Historia es el dominio de lo contingente, de lo que de posible ha llegado a ser efectivo y también es el dominio de la ausencia, de una ausencia que nunca podrá convertirse en una presencia efectiva e inmediata, entonces los historiadores actúan de la forma más opuesta a la de los científicos naturales. Estos últimos se negaban a reconocer rotundamente la presencia no efectiva, el historiador, por el contrario, no solo ha de partir de ella, sino, lo que es más problemático, quedarse precisamente ahí. El historiador sería como un mago, que pretende conjurar un pasado al que ya no puede volver gracias a la ayuda de un lenguaje en el que los enunciados realizativos funcionarían al revés, ya que no crean el futuro, como los imperativos, sino el pasado. El historiador lanza su discurso ante el pasado y la ausencia, pero no lo hace por razones sentimentales ni tampoco está solo. Su discurso es un discurso compartido, es ante todo un hecho social. Con él, aún siendo en el fondo consciente de la futilidad de su empeño, intenta, más que actualizar un pasado ausente reafirmar la existencia del presente, de un presente que, sobre todo a partir del siglo xix europeo, ha necesitado colonizar el pasado, colonizar lo que ya no es con el fin de poder controlar lo que será.

No tiene sentido, pues, como se suele decir, liberar el pasado, o descolonizarlo, pues, dada su falta de densidad ontológica, sería lo mismo que colonizar la nada. Los pasados básicamente se imaginan. Una corriente historiográfica es, ante todo, un conjunto de metáforas compartidas por los historiadores y su público, que pretenden describir lo que ya no es y otorgarle un sentido diferente al que tuvo y que no puede tener. Lo malo de las metáforas es que pueden colisionar entre sí, trayendo consigo víctimas, a veces mortales. Si la Historia no quiere conformarse con ese papel de suministradora de metáforas listas para la lucha deberá volverse hacia sí misma, pasar del objeto que cree describir al sujeto que lo construye y fundar sobre el análisis de las reglas que permiten esa construcción una disciplina que establezca sus límites, su legitimidad y que permita liberarse de su papel de instrumento de colonización de lo que ya no es para establecer el control de lo que será. Es a ese saber crítico de la historia que se puede contribuir, como en este caso, con el análisis de dos de las categorías del entendimiento histórico, cuyo buen uso era necesario establecer.

José Carlos Bermejo Barrera, ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2004, págs. 84 y 85.

«El hombre que perdió su nombre…», foto de Manuel Orero («Perolo Orero»), 2 de diciembre de 2008 (Coda: no se me pierdan la descripción de la fotografía a la que se llega clicando en su título).

Por seguir con lo que decíamos:

Sin embargo, este carácter fáctico y necesario del pasado, que parece estar tan claramente enunciado, se encuentra ante una dificultad fundamental, y es que, en contrapartida también podríamos decir, que [sic] lo que caracteriza al pasado, y sobre todo al pasado histórico, es precisamente el no estar presente, el no estar entre nosotros. En este sentido el pasado, por el contrario, vendría a resultar inaprensible y el conocimiento histórico, lejos de marchar por el seguro camino de la ciencia, vendría a adquirir un carácter problemático.

Para resolver este dilema, que quizás sólo sea aparente, convendrá, pues, que iniciemos un análisis de dos categorías del entendimiento histórico, ausencia y presencia, que estarían en directa relación con las categorías de modalidad, posibilidad, efectividad y necesidad, al ser quizá dos aspectos de la segunda de esas categorías, la de efectividad. Estas dos nuevas categorías, como esperamos mostrar, poseen una indudable importancia dentro del ámbito del conocimiento histórico. Su análisis deberá llevarse a cabo desde una triple perspectiva, epistemológica, antropológica y sociológica, impuesta por las características específicas de este tipo de conocimiento.

I

Las categorías de ausencia y presencia no son exclusivas del pensamiento histórico, como todas las categorías del entendimiento son utilizadas sistemáticamente en nuestra vida cotidiana, y, por supuesto, son fundamentales para el desarrollo del conocimiento científico. […]

La existencia de una ley científica, como la de la gravitación, no sólo permite describir el universo en su estado presente, sino, lo que es más interesante, predecir el futuro y, consecuentemente, describir el pasado. La ley es el instrumento básico de articulación del tiempo –o más bien el conjunto de leyes–. Los acontecimientos no son más que casos que ejemplifican el cumplimiento de dicha ley bajo un conjunto de condiciones dadas. La ley, que se formula en presente y, por supuesto, bajo la categoría de la necesidad, da también cuenta de las categorías de posibilidad y efectividad, pues es en función de ella como un acontecimiento se hace posible y llega a ser efectivo. Sin leyes el conocimiento científico no sería posible, sin leyes no puede utilizarse la categoría de necesidad, sino únicamente las de posibilidad y efectividad. Deberemos por ello plantearnos que ocurre en el caso de la historia, un saber sin leyes que privilegia lo fáctico del pasado hasta el punto de excluirlo –es un modo de hablar– de la competencia de Dios.

Ausencia presente

II

A la hora de analizar las categorías de ausencia y presencia en el ámbito del pensamiento histórico deberemos distinguir dos niveles, que por otra parte se hallan estrechamente relacionados: el antropológico y el sociológico. Es sabido que cada sociedad crea un determinado tipo de seres humanos, por lo que el determinismo sociológico siempre tiene parte de razón. Pero también lo es el que la especie humana posee unas características básicas en común que muchas veces pueden sobrepasar las barreras sociales y culturales, por estar quizás entroncadas en los mecanismos biológicos y psicológicos básicos de la condición humana. […]

Si en el pensamiento científico no podía hablarse de una presencia absolutamente no efectiva, en el caso del pasado humano, por el contrario, sí que tiene sentido hablar de una ausencia absoluta, la de todos aquellos que quedan más allá de la memoria de los vivos, de aquellos que ningún artificio puede hacer presentes, y que, sin embargo y paradójicamente, constituyen precisamente el objeto de estudio la historia que intente abarcar algo más que el tiempo presente. Muchas veces los seres humanos prefieren perder la razón antes que la esperanza. En el caso de la muerte, los ritos y las representaciones funerarias, la antropología y la historia son una buena prueba de ello. La humanidad parece que ha querido negar el carácter ineluctable de la muerte y al igual que el pensamiento científico parece no querer admitir la ausencia radical de algunos, o quizás la mayoría –si tenemos en cuenta el tiempo histórico transcurrido– de sus miembros. Lo que los esfuerzos individuales y colectivos han intentado hacer para lograr la presencia de los difuntos lo ha venido haciendo a nivel colectivo, tanto en cuanto género literario como en cuanto saber supuestamente científico. Por ello será necesario pasar ahora del nivel individual y afectivo al nivel colectivo y de las representaciones sociales, que es en donde la historia halla su lugar.

José Carlos Bermejo Barrera, «La modalidad en la Historia: Ausencia y presencia: dos categorías del entendimiento histórico», ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2004, págs. 71, 72, 76, 78 y 79.

(Coda: Mira que había leído veces a Bermejo Barrera y solo ahora me dio cuenta del uso tan atroz que le da a las comas.)

«Ausencia presente» (última), foto de Álvaro Pérez Mulas, 23 de agosto de 2008.

Un sueño de poder estar juntos / Vuelto un lío más brillante / Un signo desvaído es lo que mejor digo / Ahora, ahora. / Deja sitio a lo más sencillo: / No encontrar las horas es lo nuestro / Un destino o un anhelo, / Ya lo sé. / Pues yo tuve suerte / Por leer letras y no escribirlas, / Sacándole fotos a cualquiera, / Ya lo sé. / Deja a los rayos de sol / Deja a los rayos de sol / Deja a los rayos de sol, déjalos entrar / Para que nos enseñen que mañana puede no ser: / Cuando el día se acaba es cuando lo sabemos.

Au Revoir Simone, «The Lucky One», del álbum The Bird of Music, 2006.

παρακέκλησθε οὖν μετ᾿ εὐνοίας καὶ προσοχῆς τὴν ἀνάγνωσιν ποιεῖσθαι καὶ συγγνώμην ἔχειν ἐφ᾿ οἷς ἂν δοκῶμεν τῶν κατὰ τὴν ἑρμηνείαν πεφιλοπονημένων τισὶ τῶν λέξεων ἀδυναμεῖν·

Se os invita, por tanto, a que lo leáis con benevolencia y atención y que nos excuséis los pasajes en que podemos dar la impresión de traducir mal algunas expresiones, a pesar de nuestros esfuerzos de interpretación.

Eclesiástico («Sabiduría de Jesús, hijo de Sira [o Sirácida]»), prólogo, v. 15 (¿traducción de Natalio Fernández Marcos? BAC, Madrid, 1974).

One of my fundamental assumptions has been that ancient texts are not windows into the past but artifacts of it. As such, they are never transparent and cannot speak for themselves. To be sure, they may provide gross information, and so it is not completely illegitimate to mine positivistically, provided only that one does so cautiously and skeptically. Such positivism has served as the foundation of all we know about antiquity, and though every inch of this foundation merits scrutiny and debate, sometimes these issue in affirmations of historicity. That having been said, though, the project of producing detailed social or cultural histories of Judaea in the Achaemenid and Hellenistic periods or of the ”world of the New Testament” or that of the Mishnah and Talmud has rarely yielded convincing results. The authors of such works, unless they adopt criticism or skeptical aporia as their goals, always underestimate the amount of information required to produce a convincing history. The scraps we have at our disposal are simply not enough.

La facultad VIIIUna de mis ideas fundamentales es la de que los textos antiguos no son ventanas abiertas al pasado sino sus artefactos. De tal manera, no son nunca transparentes ni pueden hablar por sí mismos. Qué duda cabe de que pueden proporcionar información en bruto, por lo que no resulta completamente ilegítimo sacarles partido con métodos positivistas, con la salvedad de que tal cosa se haga con escepticismo y cautela. Tal positivismo ha servido de base para todo lo que sabemos sobre la antigüedad y, aunque merece en todas y cada una de sus partes escrutinio y debate, a veces generan afirmaciones de historicidad. Dicho esto, sin embargo, el proyecto de producir detalladas historias sociales o culturales de Judea en los periodos aqueménida y helenístico, o del «mundo del Nuevo Testamento», o de la Misná y el Talmud, pocas veces han dado frutos convincentes. Los autores de tales obras, salvo que adopten como óbjetivos la crítica o la aporía escéptica, siempre minusvaloran el grado de información que se necesita para producir una historiografía convincente. Sin más, los pecios de que disponemos son insuficientes

But since they are artifacts, texts can still be used; they just have to be treated differently. Some historians, including myself, may be slightly uncomfortable with the idea, but we have to figure out ways of reading them, with minute attention to detail, as expressions of sets of concerns or interests, because that is way they are. […]

Pero, ya que se trata de artefactos, los textos aún pueden ser de algún uso: solo hace falta tratarlos de otra manera. Esta idea puede provocar a algunos historiadores, incluido yo mismo, cierta incomodidad, pero tenemos que discurrir formas nuevas de leerlos, con meticulosa atención al detalle, como formas de expresión de determinadas preocupaciones o intereses, porque eso es lo que son. [...]

The historicity of the tale is debatable, the fact that someone told it, fixed its form, and eventually wrote it down is not: it is true by definition, and so constitutes a much firmer foundation for the production of a historical account than either positivistic investment in the story’s truth or blanket skepticism about it. […]

La verosimilitud histórica del cuento puede debatirse pero no el hecho de que alguien lo contó, fijó la forma y, andando el tiempo, lo puso por escrito: es verdad por definición, lo que constituye una base para la producción de un relato histórico mucho más firme que centrarse con ambición positivista en lo veraz de la anécdota o en negarla sin más movido por el escepticismo. [...]

I have spent many of the foregoing pages exemplifying my model’s utility as an exegetical tool as well. It has constituted an effective way of resisting the ”Hallmark card” school of Ben Sira interpretation, whose point is precisely to deprive the sage’s apophthegms of all their social and cultural specificity and transform them into bland religious-ethical sentences. […]

En buena parte de las páginas precedentes, he dado asimismo ejemplos de la utilidad de mi modelo como herramienta exegética. Me ha servido como eficaz medio de resistirme a la escuela de «tarjeta de felicitación» que se ha aplicado a la interpretación del Sirácida, cuyo argumento busca precisamente privar a los apotegmas del sabio de su especificidad social y cultural y transformarlos en insípidas máximas ético-religiosas.

Del último libro de Seth Schwartz, Were the Jews a Mediterranean society: Reciprocity and solidarity in Ancient Judaism («¿Conformaron los judíos una sociedad mediterránea? Mutualismo y solidaridad en el judaísmo antiguo»), Princeton NJ, Princeton University Press, 2009, págs. 175 y 176.

Estaremos al tanto de las reseñas que deberán llegar de este volumen, por gente provista de más ciencia que nosotros que deberían iluminarnos (para eso deberían hacerse las reseñas), pero parece una obra pertinente y relevante. Lo de que los textos antiguos no son ventanas del pasado, aunque la tesis contraria se repita con insistencia también en cenáculos filológicos, me suena a Samely, pero la búsqueda de Google Books me dice que mi alemán de Mánchester no comparece en el libro de Schwartz. Una idea quizás muy simple, hasta simplista: como tantas otras de su género, asombra que el fundamento metodológico de nuestras disciplinas humanísticas parezca ser alejarse todo lo posible de estas muy simples, simplistas, inmediatas bases del método. Como si la diferencia (aristotélica) entre las categorías de ausencia y presencia, tan acuciante para el pensar «históricamente», fuera una banalidad filosófica más que un análisis primero y fundamental. Tendremos que hablar más detenidamente de la ausencia y la presencia históricas.

Parece que hay toda una escuela «historicista» que se va asentando poco a poco para el estudio del Talmud. Hay alguna concomitancia con lo que deberían ser las bases epistemológicas de la codicología: tomar el texto (y en el caso de los codicólogos, su soporte) como argumento histórico principal. Pero tengo la impresión, provisional, de que la codicología tal como yo la entiendo (que tal vez no sea tal como la entienden la mayoría de quienes la practican) es algo más escéptica de lo que parece indicar un cierto entusiasmo historicista de estos nuevos talmudistas. Habrá que seguir a la espera de lo ajeno y en la obra de lo propio. Veremos si nos encontramos en algún sitio.

«La facultad VIII», foto de Domingo556, 10 de septiembre de 2009.

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