Khalid Mohtaseb, Jonathan Bregel, y Georges Yazbek, «Egypt / Lebanon Montage», 2009 (vía el blog Pensamientos morunos de Laila Hasan Familiar).
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דבר אחר כשנגלה הקדוש ברוך הוא ליתן תורה לישראל לא בלשון אחד אמר להם אלא בארבעה לשונות שנאמר ויאמר ה’ מסיני בא זה לשון עברי וזרח משעיר למו זה לשון רומי הופיע מהר פארן זה לשון ערבי ואתה מרבבות קדש זה לשון ארמי.
ספרי דברים פרשת וזאת הברכה פיסקא שמג
Otrosí: cuando se reveló el Santo, bendito sea, para dar la Torá a Israel no se lo dijo en una lengua sino en cuatro, pues queda dicho: «Y dijo: El Señor vino del Sinaí» (esto es lengua hebrea); «y los fulguró desde Seir» (esto es lengua latina); «se manifestó desde el Monte Fāran» (esto es lengua árabe); «y aplegó ta los pueyos del Santo» (esto es lengua aramea).
Sifré (comentario jurisprudencial versículo a versículo) de Deuteronomio, cap. xxxiii, versículo 2 (¿finales del s. iii EC?), edición de Louis Finkelstein, Siphre ad Deuteronomium (H.S. Horovitzii schedis usus cum variis lectionibus et adnotationibus edidit…; Berlín, 1939; reedición Nueva York, Corpus Tannaiticum, pars 3, sectio 3; edición digital del Responsa Project).
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(¿Qué habrá sido de la ‘escuelita’ de tarde de las bābāsēt de Sebkhet Séjoumi?)
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[377] Centre i perifèria
El nou model d’aprenentatge que es va estenent imparablement a la universitat i arreu requereix dos desplaçaments traumàtics: un desplaçament de la perifèria al centre i un desplaçament del centre a la perifèria. L’aprenent (també el de llengües) es trobava instal·lat fins ara amb molta freqüència en una zona suburbial sense recursos propis, sense serveis, depauperada, improductiva, esperant almoina. La nova conjuntura li exigeix, ara, un desplaçament cap al centre de la ciutat. I el centre de la ciutat és ell mateix: una àrea plena de recursos, de botigues, de serveis, d’oportunitats. Anar de la perifèria al centre d’un mateix, descobrir-se com a autoaprenent, digerir l’opulència possible no és, però, un viatge fàcil: hi ha qui sempre preferirà continuar remenant els contenidors del suburbi. El nou aprenentatge exigeix també un altre moviment: un desplaçament del centre a la perifèria. Un desplaçament molt més difícil, perquè mentre que tots els camins porten al centre, la perifèria és un topant indefinit, perdedor, sense un punt d’arribada unívoc i sense cap atractiu conegut. Aquest és el trajecte que ha iniciat el formador (també el de llengües). Si abans vociferava magistralment instal·lat a la plaça més cèntrica de la ciutat, ara li toca abaixar la veu i batre’s en retirada. ¿Quants formadors sabran trobar el seu lloc a la perifèria, un sentit a un nou paisatge humil? ¿Quants formadors sabran canviar el megàfon, la paraula altiva i segura, pel consell discret a cau d’orella en un ínfim corraló de l’extraradi? ¿Quants formadors sabran entendre que a les informes perifèries el gruix de la professió que els queda és conduir els passants fins a les portes de l’autobús que, amb sort, els pot fer arribar al centre de si mateixos?
[377] Centro y periferia
El nuevo modelo de aprendizaje que se va extendiendo imparablemente en la universidad y en todas partes requiere dos desplazamientos traumáticos: un desplazamiento de la periferia al centro y un desplazamiento del centro a la periferia. El discente (también de lenguas) se hallaba instalado hasta ahora con mucha frecuencia en una zona suburbial sin recursos propios, sin servicios, depauperada, improductiva, esperando limosna. La nueva coyuntura le exige, ahora, un desplazamiento hacia el centro de la ciudad. Y el centro de la ciudad es él mismo: un área llena de recursos, de tiendas, de servicios, de oportunidades. Ir de la periferia al centro de uno mismo, descubrirse como autodiscente, digerir la opulencia posible no es, empero, un viaje fácil: hay quien siempre preferirá seguir revolviendo los contenedores del suburbio. El nuevo autoaprendizaje exige también otro movimiento: un desplazamiento del centro a la periferia. Un desplazamiento mucho mucho más difícil porque, mientras que todos los caminos llevan al centro, la periferia es un contorno indefinido, perdedor, sin un punto de llegada unívoco y sin ningún atractivo conocido. Este es el trayecto que ha iniciado el formador (también el de lenguas). Si antes vociferaba magistralmente instalado en la plaza más céntrica de la ciudad, ahora le toca bajar la voz y batirse en retirada. ¿Cuántos formadores sabran encontrar su lugar en la periferia, un sentido a un nuevo paisaje humilde? ¿Cuántos formadores sabrán cambiar el megáfono, la palabra altiva y segura, por el consejo discreto dicho a ras de suelo en una ínfima calleja del extraradio? ¿Cuántos formadores sabrán entender que en las informes periferias el grueso de la profesión que les queda es conducir a los transeúntes hasta las puertas del autobús que, con suerte, los podrá hacer llegar al centro de ellos mismos?
Enric Serra i Casals, Aprendre llengües, 16 de octubre de 2009.

octubre 17, 2009 at 5:32 pm
El símil es un poco hermético, pero es sin duda estimulante también para quienes justo ahora tratamos de abrirnos paso en el aprendizaje de lenguas, especialmente de aquelas que apenas ahora empiezan a estar un poco regladas o estandarizadas y cuyos hablantes naturales precisamente viven en la periferia de la periferia.
octubre 17, 2009 at 5:51 pm
¡Academia del sansero ya!
octubre 18, 2009 at 1:15 am
¿No se referirá Vd. a las “babbasat” (بتشديد الباء الثانية) de Montfleury? Que yo sepa, allí siguen.
De una de ellas, por cierto, es la única sugerencia de tesis doctoral interesante que he recibido en mi vida: los verbos cuadrilíteros en tunecino. Mis favoritos son يتبولد y يتبزنس. ¿Y los suyos?
octubre 18, 2009 at 1:12 pm
¿Reduplica vd. la segunda باء? Vaya, dígame al menos que me hace una إمالة de primer grado más grande que el alminar de la Aceituna en el plural. Si fuera por mi oído, ya medio sordo entonces, y por mi memoria, ya camino del alzheimer ahora, diría que yo oía باباسات, sin تشديد, pero vamos, como para hacerme caso, ni a mí, ni a mi oído ni a mi memoria. No, no, no son las de la rue Raspail: me dieron clase. Como para olvidárseme. De la cuesta arriba desde la plaza con una puerta a un fondo y un mercado (¿con muchas carnicerías?) al otro (¿era باب الجزيرة?) y de اِسمهان (¿ o era اِبتسام, acaso? ¿O es que una hipotética اِسمهان tenía un اِبتسام tan remarcable que he asociado rasgo y nombre?). Fuera como fuera, la tal lectora de las ببّاسات de la rue Raspail (al lado de la rue Victor Hugo, eso sí, que de eso me acuerdo) tenía tal donaire, gracia y salero, aparte de mucha raza en sus carnes morenas, que puedo haberme olvidado de su nombre y hasta de las conjugaciones del tunecino, pero como olvidárseme su sonrisa. Por cierto, que el regalo de fin de curso (¿era 2002?) fue una fotocopia del Dictionnaire arabe-français de Alfred Nicolas, que aún ronda por aquí.
Y por allí cerca (de la rue Raspail) vivía la que comúnmente llamábamos «la Pantoja» (los hispanófonos de entonces, alumnos de la Bourguiba School, donde ella ejercía de profesora) cuyo nombre se me escapa (¡agh! ¿نجاة? Eso sí: divorciada), el ejemplo más impresionante de mantenimiento de todas y cada una de las vocales del اِعراب que yo haya oído jamás en mi vida y que jamás oiré. Si le empiezo a contar detalles de esta que ahora que pienso más creo que no se llamaba نجاة (pero, entonces, ¿cómo? ¿أمل?) no creo que tengamos días en lo que queda del año…
¡Los cuadrilíteros! Vaya, eran aún más agudas de lo mucho que ya me parecían estas monjitas. Qué razón. ¿Y don Federico, qué le ha dicho de esto, si es que alguna vez se lo ha dicho? Preferidos, no sabría decirle (aunque hacía años que no oía يتبولد), pero recuerdo perfectamente cuando aprendí يفركس (y su régimen verbal). Que por cierto, es el mismo que el de يتبزنس, ¿verdad? ¿Y ha oído vd. el مصدر de يتبزنس? Recuerdo que durante un tiempo, entre que me iba y no me iba, tuve un verbo cuadrilítero fetiche con partícula verbal y todo: عاد نستانس (aunque, ahora que lo pienso, algo me falla, porque lo que yo quería decir era «ya me he acostumbrado»…). Bueno, sí, preferido, uno que, si ha oído alguna vez, me dejaría algo touché, porque supondría que hemos frecuentado los mismos معارضين. El verbo en cuestión era يتبنعل, con la variante يتبنعلي. Ya le digo: de estricto uso doméstico. Como para hacerlo de otra manera. De la misma familia era يطربلس. Mientras el primero me lo solían conjugar en tercera persona masculina singular, el segundo me lo hacían en plural indeterminado familiar.
Me acaba de venir a las mientes un verbo que recuerdo que me hacía mucha gracia: يبربش Y su مصدر, también.
Remato: mis babbasāt ejercían en las orillas de la laguna Sejumi en un casita de cemento y pladur como las demás de aquella gourbiville que había bajando de un terraplén que empezaba en la parte de atrás de la entrada de la «9 d’Avril» que, siete años después, voy y me entero que se llama simplemente جامعة تونس. Una animosa amiga mía a quien tanto debo –no haber desertado de Semíticas, por ejemplo, ni haberme abierto las venas en la Complutense– y que vivía conmigo en Túnez, se enteró de que unas monjitas (ergo, ببّاسات) tenían una escuelita de tarde para chicos del barrio (marginal; ¿tenía que añadirlo?) y allá que fue. Porque no fuera sola (aunque se bastaba y se sobraba ella sola), allá que fui yo también. El caso es que acabamos dando los dos clases de apoyo a las niñas (porque eran sobre todo niñas) del barrio. Español (mais oui) pero también matemáticas (pásmese, visto mi conocimiento matemático), francés, inglés y… árabe (repásmese). Para cantar conjugaciones, valíamos casi cualquiera. Mi amiga se marchó, hasta los عظم del macherío ambiente de la Régence de Tunisie, pero yo me quedé (más tarde, yo me fui –para siempre– y sin embargo mi amiga volvió, por un tiempo más). Y después de que se fuera, me quedé solo yo un tiempo más con las animosas monjitas (había una vasca, recuerdo, dos francesas, creo, y alguna más). Esa es mi historia de mis babbāsāt. Puede vd. corregirme todos los detalles geográficos que estime oportunos.
De aquel par de años, o año y medio (casi ni me acuerdo), me quedó, afortunadamente, un obstinado amor, no por la lengua de los árabes, sino por los árabes que hablaban lenguas, incluidas las suyas propias. Quede tal cosa en mérito de los توانسة (grosso modo) y en demérito de tanto arabista que más ha parecido impartir docencia por obligación que por contento y de los que unos cuantos me tocaron en suerte de docentes. Y así me fue (hasta llegar a Túnez).
Menuda postal de «no es país para viejos» me acaba vd. de inducir, estimado colega y sin embargo arabista.
PD: No me extraña que lleve vd. casi veinte años subiéndose por las paredes. Como bien sabe, yo nunca he visto los toros maurólogos más que desde la barrera y con ese parco conocimiento ya me parece que son como para echarlos de comer aparte. No sé si es que me estoy volviendo un poco reaccionario (como la rematada comunista que frecuenta por aquí y que ahora sale en manifestación en apoyo de la constitución –italiana–) pero diría que más vale empezar por el corralito que nos ha tocado para luego, si Dios da salud y suerte, seguir haciendo obra y tapial. Y el que llegue, bien, y el que no, pan con tomate.
octubre 18, 2009 at 4:59 pm
Bueno, no es que la reduplique, tense o tensione yo; es que lo hacen los tunecinos. Yo en estas cosas, como quien dice, soy un mandado. A don Alfred Nicolas, por cierto, también debió traicionarle el oído, porque tampoco reduplica. La palabra, por cierto, existe igualmente en marroquí, donde según Colin significa “haut dignataire, personnage important et riche, richard, gros bonnet, prélat; grand dignataire religieux (des chrétiens et des juifs)”.
El verbo no lo conocía, pero si esos opositores que Vd. frecuentaba lo eran de verdad (بالرسمي), no de boquilla, es probable que conozca a alguno, porque no son muchos y todos se conocen entre sí (de hecho yo diría que en Túnez todo el mundo se conoce de uno u otro modo). En cuanto a expresiones tristemente graciosas, mi favorita era مُستفلك (dícese del sitio lleno de flics).
Me parece que el gourbiville al que Vd. se refiere es El Mellasine, porque si mal no recuerdo una conocida mía, “hija del barrio”, ayudaba a unas monjas que daban allí clases. Es el único detalle geográfico que le puedo añadir, no corregir.
Eh ben oui, les bon vieux temps…
PD: El destartalado corralito donde a mí me tocó retozar no se distinguía mucho de otros, pero era el que estaba más cerca y, por descontado, menos daba una piedra. Desde entonces, al echar la vista atrás siempre he preferido aquel corralito a la piedra, por más que el pienso que nos dieran fuera artificial. A mí, personalmente, me da igual que tiren el corralito o le hagan unas reformas, siempre que dejen uno mejor donde meterse; pero lo que se nos viene encima, me temo, es más bien puro y simple “mobbing” inmobiliario.
octubre 19, 2009 at 3:11 pm
Vd. corrija, enmiende o censure todo lo que tenga que corregir, enmendar o censurar. No creo que se lo tuviera que decir, pero quede dicho no vaya a ser que sí.
Esto que me dice del Colin, ¿se refiere a un masculino *بابة o es que una forma *بباسه es también masculina? ¿O hay un *بباس? (todas con la segunda باء مشددة).
De los tales opositores, de todo había, pero recuerdo un familiar más o menos directo de حمة الهمامي del que hoy tales verbos. Reconozco que yo me moví entre los de boquilla que entre los certificados.
Sí, era الملاسين, sin duda. Lo he confirmado con mi inductora primera y coincide con lo que recuerda de su conocida. Por alguna razón, se me quedó el nombre del إقليم السيجومي. Ya le hablaba de que el Sr. Alzheimer y el que subscribe mantenemos relaciones distantes pero corteses.
Permítame señalarle, para su colección de الأفعال الرباعية de linaje tunicenco, unos cuantos ejemplos más de la considerable creatividad del vulgo وممكن نكومك
يشوفر، يدوبل، يفورم، يكورج،يريفز، يغريس، يجنقل، يبروط، يبسكل، يدسكر،
&c., &c.
Tema en verdad fascinante, mucho más que los propios y correspondientes corralitos.
octubre 19, 2009 at 5:21 pm
Ya le decía yo que era la sugerencia de tesis doctoral más interesante que me habían hecho…
Muchas gracias por el artículo de Bevacqua. Me ha traído también muy buenos recuerdos, como su “postal”. Ay, con la de veces que he tenido yo que escuchar que en Túnez, Marruecos, etc., no se habla árabe…
Ahora que para verbos “policonsonánticos”, éste.
Tanto باباص como باباصة tienen el mismo plural, “sano” y femenino: باباصات (Colin lo transcribe con صاد, y así me parece a mí haberlo escuchado en Túnez). Es decir, que lo mismo se dice ‘frailes’ que ‘monjas’.
Ese familiar “más o menos directo”, ¿no sería el hermano poeta que da clases en La Mannouba? Sería curioso, porque éste también me hizo otra interesante sugerencia de tesis: ¡su propia obra! (que le recomiendo, por cierto). Y para que no se vaya de balde, aquí le dejo uno de sus poemas, del libro «تأبط ناراً»:
شيّش شيّش
هذا زمن الشيشة
والزطلة والتحشيشة
كرش لا حول ولا قوة
رأس ريشة!
octubre 19, 2009 at 11:43 pm
Daba, me temo (y tiene su aquel que el hombre se nos viniera a morir a Madrid). No he podido por menos que indicárselo por البديل, claro. Ahora, me ha dejado tocado el trocito de poema que me manda y el que reproduce el obituario. Me ha parecido hasta ver una palmera vagabunda y pensativa por mi ventana de Móstoles, que ya es querer ver. Esto no es Elche, precisamente.
Con esto de أرى النخل يمشي في الشوارع me ha parecido que he encontrado un detalle que quería hacerle desde hace un tiempo a un amigo tan virtual como vd., si me permite la libertad del calificativo.
En fin: يستدفع الشر والبلوى بحبهم / ويسترب به الاحسان والنعم (y perdone la scriptio defectiva, pero ando de mudanza informática y esto está escrito con Yamli).
En cualquier caso, con mucha vergüenza por un censurabilísimo machismo: el familiar no era del señor, sino de la señora. Lo he consultado, como lo de الملاسين. No acabamos de hacer memoria de qué relación familiar tenía, así que de momento hemos llegado a un consenso: ¿cuñado? Ya sabe vd. que los cuñados sirven lo mismo para un rato que para un descosido.
octubre 20, 2009 at 1:18 pm
Vaya, no lo sabía. En mayo es cuando lo conocí yo, según veo ahora en una obrita suya que me regaló (una serie de textos a modo de manifiesto del movimiento «غير العمودي والحر»). Creo que una hija suya había hecho Hispánicas (tal vez de ahí lo de Madrid).
Usted sí que me ha dejado tocado a mí.
إنا لله وإنا إليه راجعون
El título del poema, por cierto, no es el comienzo de éste (que sí que da título al libro donde aparece), sino النخل يغني.
En fin, “la palmera no llora / la palmera canta”.
octubre 20, 2009 at 1:52 pm
Algunos de los trabajos de Alhammami: رجل في رأسه عقل: ابن المقفع، دراسة؛ الأعمى الذي أبصر بعقله: أبو العلاء، دراسة؛ الشعر على الشعر: بحث في الشعرية العربية من منظور شعر الشعراء على شعرهم إلى القرن 5 هـ/11 م؛
me recuerdan mucho la trayectoria de un poeta israelí, Dan Pagis, especialista de la poesía medieval en sus horas de oficina y poeta contemporáneo (con cierta tendencia a ocuparse del Holocausto, al que había sobrevivido) en sus ratos libres. Un espejismo, sin duda…
octubre 20, 2009 at 7:18 pm
Tiene también الهمامي una recopilación de artículos muy interesante, sobre episodios y anécdotas de la historia de Túnez, titulada ذاكرة شعب.
(Por si le sirve para disipar o no el espejismo.)
enero 29, 2010 at 1:49 am
[...] las situaciones y contradicciones de las comunidades judías de la diáspora de todo el mundo. Lo religioso frente a lo cultural, lo social frente a lo individual, lo público y lo privado. Y todo en [...]
julio 14, 2010 at 4:52 pm
[...] entre el Viaje a Oriente de Flaubert y una remesa fresca de libros desconocidos de Taher Hammami [الطاهر الهمامي]; labor sin éxito) lo acertado de esa definición de saudade que corre por ahí: «saudade é [...]
octubre 9, 2010 at 1:26 pm
[...] de señalar la feliz constatación de que es posible ver caminar a las palmeras, como describe Attáhir Alhammami (الطاهر الهمامي) en árabe al principio de este entradilla: Veo a la palmera, andando [...]
mayo 3, 2011 at 11:45 pm
[...] El recuerdo dista, por lo menos, once años del presente. Nunca se me habría ocurrido que podría aliarse en la memoria con otro recuerdo que ya tiene nueve años y medio. Este segundo recuerdo se fundamenta en una vivencia de septiembre de 2001, concretamente del día 11 de ese mes y de ese año, en la carretera que lleva de Susa (سوسة) a Hammam Susa (حمّام سوسة). T. y O. aún deben acordarse: único trujamán de aquella expedición, salí del taxi que nos llevó al hotel convencido de que la historia que nos había contado el taxista con su francés de apaño y con mi árabe de risa era el trasunto de Mars attacks!, que por alguna razón (lo mismo era que la habían echado hacía poco por la tele) nuestro taxista tunecino tenía fresca en la memoria. Aviones (¡cabum!), torres (¡patapum!), bombas (¡parracatapum!). Luego llegamos al hotel. El personal y los huéspedes estaban congregados frente a la tele en el bar, con botellas de Celtia (سلتيا). Vinieron a continuación las llamadas, casi siempre histéricas, el cierre del espacio aéreo, la sensación de entrar en la Cuarta Guerra Mundial sin pasar por la Tercera, la tranquilidad de las calles de Túnez, la salida en avión según teníamos previsto y sin mayor contratiempo y la vuelta a ese país que quizá nos acogió o al que nosotros cogimos sin saber muy bien lo que hacíamos en octubre (¿o noviembre?) de ese mismo año. Pero eso ya es otra historia, sin mucho interés y aún menos para contarla aquí. [...]